Esquizofrenia, trastornos de la personalidad y enfoques psicoterapéuticos integradores
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Esquizofrenia
Esquizofrenia: Trastorno multidimensional de gran impacto en la persona (conducta, percepción, cognición, emoción y funcionamiento psicosocial) que afecta aproximadamente al 1% de la población mundial. Es multifactorial porque involucra factores genéticos y ambientales. Presenta sintomatología positiva (alteraciones en el curso del pensamiento, lenguaje, percepción y conducta) y negativa (abulia, aplanamiento afectivo, aislamiento social), lo que afecta distintas áreas de funcionamiento: social, laboral, familiar, entre otras.
Según el DSM, la duración mínima de los síntomas es de al menos 6 meses. El trastorno suele eclosionar en la adolescencia o en los primeros años de la vida adulta y suele describirse en tres fases: prodrómica (sintomatología no específica), activa (sintomatología positiva) y crítica (estabilidad, remisión o cronicidad).
Existe una pérdida progresiva de las capacidades cognitivas, las habilidades sociales y laborales y de la independencia. Por ello, las intervenciones deben ser tempranas y considerar una mirada bio-psico-social, además del tratamiento farmacológico y de rehabilitación psicosocial.
Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), y en relación con el conocimiento del procesamiento de la información, se plantea que, ante el deterioro cognitivo característico de la esquizofrenia, la persona puede alucinar y delirar como un modo de organizar y construir su mundo de significados; esto explica, en parte, la dificultad del tratamiento en ocasiones.
El modelo ABC de Ellis enfatiza que no se reacciona directamente de manera emocional o conductual ante los estímulos, sino que las personas causan sus propias reacciones en función de cómo interpretan los acontecimientos. Debilitar las creencias asociadas permite reducir el malestar. Es importante comprender que el delirio es una creencia, no un hecho; cambiando la creencia, podría ceder parte del malestar, con más ventajas que desventajas. El objetivo final es que la persona logre manejar sus síntomas y sobreponerse a ellos para llevar una vida socialmente integrada.
Trastornos de la personalidad
Personalidad: Los trastornos de la personalidad (TP) son patrones graves y persistentes de experiencia interior y conducta que son rígidos e inflexibles —no solo con respecto a uno mismo sino también en relación con el ambiente social—, por lo que producen un malestar clínicamente significativo y un evidente deterioro del funcionamiento social, laboral y familiar. Se manifiestan en el ámbito interpersonal y en la relación con uno mismo.
Por lo general, las personas con un TP tienen dificultad para adquirir nuevas habilidades sociales; con el tiempo pueden volverse más frágiles y vulnerables ante diversas situaciones. Los TP constituyen, básicamente, modos de ser desadaptativos. Suelen aparecer hacia el final de la adolescencia, una vez alcanzado un mayor nivel de organización simbólica, y tienden a ser complejos y crónicos.
Una particularidad es la egosintonía: los rasgos problemáticos son percibidos como coherentes con el yo, por lo que la demanda de tratamiento no siempre es explícita. Como terapeutas, debemos ayudar progresivamente a los pacientes a tomar conciencia de su condición.
Entre los enfoques terapéuticos útiles se encuentran:
- Terapia dialéctico-conductual (TDC): destinada a aumentar las capacidades sociales, regular emociones y tolerarlas mediante técnicas de aceptación, mindfulness y habilidades interpersonales.
- Terapia de grupo: útil para practicar habilidades sociales y recibir retroalimentación.
- Enfoque integrativo: que enfatice la relación paciente-terapeuta y la flexibilidad para adecuar metas realistas, dividiendo el tratamiento en fases.
Es fundamental cultivar una buena alianza terapéutica, ya que los tratamientos suelen encontrar complicaciones por estilos de relación problemáticos (paranoide, obsesivo, esquizoide, antisocial, narcisista, histriónico, límite, etc.).
Modelo de cambio (Prochaska)
Cambio — Prochaska y DiClemente: Las personas no cambian por varias razones: no pueden (solo se puede cambiar lo que es consciente y controlable), no quieren (los pros percibidos superan a los contras y existen beneficios inmediatos en la conducta actual), no saben cómo, no saben qué cambiar, o por una combinación de estas causas.
La integración transteórica describe seis estadios del cambio:
- Precontemplación: falta de conciencia del problema.
- Contemplación: intención de cambiar en un plazo aproximado de seis meses, pero no se produce la modificación inmediata.
- Preparación: la persona está lista para la acción y realiza pequeños pasos.
- Acción: modificación de la conducta.
- Mantenimiento: trabajo en la consolidación del nuevo estilo de vida.
- Recaída: retrocesos que pueden ocurrir y requieren reavaluación del plan.
Asimismo, se plantean cinco niveles de cambio: síntoma, creencias inadecuadas, conflictos interpersonales, relaciones con la familia de origen e intrapersonales. Este modelo ayuda a los terapeutas a identificar qué cambiar y cuándo es el momento adecuado para intervenir.
Integración en psicoterapia
Integración: Como en el cuento hindú del elefante —donde es necesario quitarse la venda para ver el elefante entero—, la integración en psicoterapia propone combinar recursos teóricos y técnicos para adaptarse mejor a cada paciente. Existen aproximadamente cinco grandes modelos de psicoterapia y cerca de 150 submodelos; si ninguna terapia sirve para todos los casos, quizá convenga integrar teorías y técnicas en vez de crear un modelo adicional.
Un fundamento de la integración es identificar los factores comunes entre modelos (por ejemplo, la alianza terapéutica: encaje y colaboración, acuerdo de objetivos, tareas y vínculo positivo), que son determinantes para el cambio.
La integración procura disminuir el conflicto entre escuelas y articularlas en función de las necesidades de los pacientes. Muchos terapeutas ya usan, en su práctica cotidiana, procedimientos provenientes de distintos marcos teóricos; por ello, tomar bases de cada modelo amplía las herramientas disponibles.
Dos enfoques principales son:
- Eclecticismo técnico: selección de técnicas de distintas escuelas según la problemática.
- Integración teórica: combinación de dos o más modelos en un marco conceptual supraordenado.
Ejemplo: Modelo de Fernández Álvarez. Es un enfoque bio-psico-social que integra aspectos fundamentales de los cuatro grandes modelos. A partir de la TCC, los conocimientos sobre procesamiento de la información y el constructivismo, se decide si intervenir sobre el pasado, el presente o el futuro según la problemática individual de cada consultante; es decir, se trabaja por niveles.
Mindfulness
Mindfulness (conciencia plena): ha evolucionado a través de la primera, segunda y tercera ola en psicoterapia. Según Kabat-Zinn, la conciencia plena es prestar atención de un modo particular: con intención, en el momento presente y sin juzgar la experiencia. Mindfulness propone centrar la atención en el presente de modo activo, procurando no interferir ni valorar lo que se siente o percibe en cada momento, con el objetivo terapéutico de que la persona deje de intentar controlar aspectos emocionales y procesos no verbales, y aprenda a aceptarlos.
El desplazamiento hacia la tercera ola implica la defusión del pensamiento mediante la aceptación, para permitir la autorregulación del organismo: no se trata de cambiar la distorsión cognitiva sino de aprender una relación diferente con los pensamientos.
Las técnicas habituales incluyen:
- Relajación y ejercicios de respiración.
- Meditación formal e informal.
- Body scan (exploración corporal).
- Biofeedback y prácticas de atención focalizada.
Mindfulness se utiliza en terapias como la Terapia Dialéctico-Conductual (TDC) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), entre otras.
Crisis vitales
Crisis vitales: Se puede entender una crisis vital como el momento en que una persona pierde, por así decirlo, la homeostasis o el equilibrio, debido a crisis evolutivas, accidentes o acontecimientos vitales, y por ende pierde estabilidad. Para sobreponerse, la persona debe transformarse a través del sufrimiento subjetivo provocado por el desmoronamiento de su estructura vital.
Quienes atraviesan una crisis vital —a menudo enfrentando cuestiones existenciales planteadas por Yalom: muerte, libertad, sentido y soledad— suelen necesitar atravesar un proceso de duelo para transformarse. Las fases clásicas del duelo se describen como: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Las intervenciones útiles pueden incluir enfoques humanista-existenciales, psicoanálisis y TCC —donde el uso de mindfulness resulta apropiado—, abordando tanto las dimensiones del ser como del hacer para enfrentar la mente rumiativa.
Vejez
Vejez: Evaluación clínica centrada en recursos, autonomía, apoyo social y enfermedades comórbidas. Es fundamental valorar capacidades funcionales, red social y factores de riesgo para diseñar intervenciones adecuadas y promover la calidad de vida en el envejecimiento.