El Esplendor de la Pintura Española en el Siglo de Oro: Maestros y Legado Artístico

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El Siglo de Oro de la Pintura Española

La alta calidad de las realizaciones pictóricas y literarias en la España del siglo XVII conformó el llamado Siglo de Oro español.

Entre el Manierismo y el Naturalismo

Destacaron los retratistas de Felipe II, como Juan Pantoja de la Cruz y Alonso Sánchez Coello, cuya tradición fue continuada por Jerónimo Jacinto Espinosa y Esteban March. En este período destacó la escuela toledana, seguida por el estilo de El Greco. En Toledo, Juan Sánchez Cotán inició la temática de bodegones. En Sevilla destacaron Juan de las Roelas, Francisco de Herrera el Viejo y Francisco Pacheco. En el taller de este último entró el joven Velázquez, quien recibió no tanto una formación artística como una sólida enseñanza cultural.

Ribera: Un Español Napolitano

El pintor José de Ribera nació en Valencia, pero desarrolló su obra en Nápoles. Su estilo evolucionó hacia las formas barrocas, creando composiciones de intenso dramatismo y complejas estructuras. Ribera pintó composiciones religiosas y destacó en temas tan diversos como el paisaje, la mitología, el retrato —como La barbuda de los Abruzos— y la historia —como Combate de mujeres—.

Naturalismo y Clasicismo: Velázquez, Zurbarán y Cano

En el segundo cuarto de siglo, Velázquez, junto a Zurbarán y Alonso Cano, formaron el núcleo central de la pintura del Siglo de Oro.

Velázquez: El Maestro de la Corte

Velázquez comenzó pintando cuadros costumbristas y de género. De este período destacan obras de carácter popular —como La vieja friendo huevos—, junto a otras que combinan temas religiosos y de género —como La mulata o Cristo en Emaús—, y obras puramente religiosas como La Epifanía. Ayudado por el Conde-Duque de Olivares, marchó a la corte de Madrid, donde entró al servicio de Felipe IV y se convirtió en retratista de toda la familia real.

En la capital, Velázquez se inició en la temática mitológica. Su cuadro Los borrachos fue el primero de una serie de obras entre las que destaca La Venus del espejo. En 1629 realizó su primer viaje a Italia, donde pintó La túnica de José.

Al volver de Italia, proyectó, por encargo del Conde-Duque de Olivares, el programa del Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro. Zurbarán realizó Los trabajos de Hércules, y el propio Velázquez pintó los retratos de Felipe III, Margarita de Austria y el Príncipe Baltasar Carlos, quien sería el futuro rey, aunque falleció antes de reinar. También en esta época pintó la serie de bufones de corte y tres obras religiosas, entre ellas Cristo crucificado.

En 1649, Velázquez regresó a Italia, y en Roma realizó el retrato de su criado Juan de Pareja. También pintó sus dos únicos paisajes: Vista de los jardines de la Villa Medici y La Venus del espejo.

Reclamado por el rey, regresó a la corte y creó sus obras maestras: Las Meninas y Las Hilanderas. A su muerte, a los 61 años, dejó para la posteridad un legado artístico poco continuado por los pintores retratistas de la época.

Zurbarán y Cano: Otros Pilares del Siglo de Oro

Los otros grandes pintores de este período fueron Francisco de Zurbarán y Alonso Cano. Zurbarán refleja a la perfección el silencio y la quietud de la vida monástica, destacando obras como San Serapio y sus retratos "a lo divino". Alonso Cano trabajó en Sevilla, Madrid y Granada. Sus composiciones oscilan entre el clasicismo y un incipiente barroquismo.

El Triunfo del Barroco

La tendencia barroca se centró en dos escuelas principales: la sevillana y la de la corte madrileña. En la primera, destacaron Bartolomé Esteban Murillo y Juan de Valdés Leal. Murillo, conocido como el pintor de la Inmaculada, abordó temas religiosos y escenas de género protagonizadas por niños y pícaros. Por su parte, Valdés Leal contrapuso obras de gran fuerza expresiva, más cercanas al feísmo y al dramatismo.

La escuela madrileña, por su parte, asimiló mejor las lecciones de los pintores venecianos y de Rubens. Claudio Coello y Juan Carreño de Miranda, junto a Antonio de Pereda, fueron los principales representantes de la pintura barroca en su vertiente formal y conceptual. Con ellos culminó la gran escuela española del Barroco, que no sería superada hasta la llegada de Goya a finales del siglo XVIII.

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