Esplendor del Barroco en los Países Bajos: Rubens, Rembrandt y Vermeer

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La Pintura en Flandes y Holanda

La pintura barroca alcanza un amplio desarrollo en los Países Bajos y se fragmenta en dos estados: Flandes al sur y las provincias holandesas al norte. Las luchas religiosas y las fronteras económicas determinan la separación que se verá reflejada en el arte.

En Flandes, la temática es primordialmente religiosa, enfocada en la vida de santos y el aspecto sacramental. En Holanda, se cultivan asuntos bíblicos, pero tratados en la intimidad del dormitorio. Existe una marcada diferencia en la decoración doméstica: Flandes conserva el género mitológico, mientras que Holanda lo sustituye por escenas cotidianas de carácter puritano que retratan la pereza, la avaricia y la infidelidad.

El retrato y el bodegón se conciben de forma desigual:

  • En Flandes, el retrato es individual para mostrar los rangos sociales del personaje; sus bodegones presentan cocinas flamencas con una gran variedad de producción agrícola y mesas ordenadas.
  • En Holanda, el retrato tiene un carácter corporativo, ofreciendo galerías de grupos.

Peter Paul Rubens

Nace en Alemania y se traslada a vivir a Amberes. Su vida brillaba con vitalidad y sin freno; su labor como diplomático por España e Italia otorga a su pincel un tono clasicista. Su estilo se resume en tres exaltaciones fundamentales: el color, el movimiento y la forma gruesa.

Sus colores, la soltura en la pincelada y el uso de la paleta adquieren una gran intensidad. Sus composiciones son dinámicas, con músculos en tensión y estructuras diagonales. Sus figuras de mujeres gruesas muestran su inclinación hacia la forma redonda. En sus escenas religiosas, enlaza las columnatas de mármoles, las telas y las vírgenes bien alimentadas, donde destaca La adoración de los Reyes.

En las obras mitológicas, interpreta la fábula pagana con una concepción miguelangelesca del desnudo masculino y una profunda admiración a Tiziano en el desnudo femenino, destacando Las tres Gracias. En sus obras históricas, como los retratos de María de Médici, representa estructuras de líneas que rompen el marco. Finalmente, en los paisajes, demuestra sus ansias de movimiento y juego de luces, destacando Meleagro y Atalanta.

Rembrandt van Rijn

Con Rembrandt, la pintura holandesa adquiere su máxima altura y aporta al arte universal sus principales figuras. Fue un hombre sedentario, consagrado enteramente como pintor. Casado con Saskia, al quedar viudo inició una relación con una joven humilde con la que no pudo contraer matrimonio por las trabas del testamento de su primera mujer, lo que aumentó su rechazo a la sociedad puritana.

La muerte de su compañera incrementó su soledad y su pobreza, llevándolo a una profunda reflexión sobre la vejez y el destino del hombre, alcanzando en su obra perfiles más personales. Rembrandt asombra por su abundancia; el retrato es su género preferido, donde sus seres próximos son representados solos, en escenas familiares o a través de autorretratos. En este ámbito destacan La ronda de noche y Los síndicos de los pañeros.

Le atraen los temas religiosos de profunda emoción, donde la luz ilumina teatralmente las escenas de forma dramática, como se observa en el Descendimiento. Por el contrario, la mitología no impresionó su sensibilidad. En los paisajes, prefiere las escenas de otoño e invierno por su tristeza, abandonando los paisajes reales para plasmar visiones en las que los puentes y ríos se difuminan. En sus grabados, muestra con rayas y tintas los mismos efectos de luces o de expresiones pensativas, como en La Pasión de Jesús.

Características del estilo de Rembrandt

Es el maestro de la luz y del color. En cuanto a la luz, no le interesan los valores ópticos sino los poéticos, obtenidos por focos que se difunden sin seguir estrictamente las leyes de la física. En sus últimos tiempos, evoluciona hacia paisajes surrealistas. En sus obras se repiten temas recurrentes como la noche, la sombra y la vejez; frecuentemente, en sus cuadros, unos ojos buscan al espectador.

Johannes Vermeer de Delft

En sus composiciones, la luz alcanza una sutileza extrema. Vermeer capta la suavidad de la iluminación dentro de las habitaciones, bañando figuras silenciosas. Los objetos de la vida cotidiana están retratados con la misma unción y detalle que los rostros. Entre su producción destacan obras maestras como La lechera y El pintor en su taller.

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