España en el Siglo XVII: Crisis, Cultura y el Arte del Barroco

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Marco histórico

Durante el siglo XVII reinaron en España Felipe III, Felipe IV y Carlos II. A medida que avanzaba el siglo, se acentuó la decadencia española. Los reyes gobernaban por medio de validos o primeros ministros. Continuaron las costosas guerras en los Países Bajos, y se tuvo que reconocer la independencia de Holanda y la entrega a Francia del Rosellón, la Cerdaña y Artois. Se sublevaron Cataluña y Portugal, que alcanzó su independencia. Carlos II, de salud frágil, murió sin descendencia, lo que preparó la Guerra de Sucesión, con la que se abre el siglo XVIII.

Marco social y cultural

Las epidemias, las guerras y la crisis económica diezmaron la población española. El centro peninsular perdió su poder económico, que pasó a la periferia. La introducción de nuevos cultivos no alivió la agricultura y el comercio con América declinó. La crisis recayó sobre las clases medias, los campesinos y los artesanos, con un aumento progresivo de la delincuencia.

Sin embargo, esta centuria es el Segundo Siglo de Oro de la cultura española, que transcurre entre la muerte de Cervantes (1616) y la de Calderón de la Barca (1681). En España triunfa el Barroco, que, aparte de la literatura, cuenta con pintores excelsos como José de Ribera, Zurbarán, Murillo o Velázquez. En la arquitectura, el Barroco se manifiesta en las obras de Gómez de Mora o los hermanos Churriguera. Entre los escultores, podemos destacar a Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro de Mena.

El Barroco español

El Barroco supone, en muchos aspectos, una vuelta a actitudes medievales: lo natural y lo sobrenatural vuelven a confundirse. La Inquisición vigilaba toda explicación de la naturaleza o del hombre que no tuviera en cuenta la directa acción divina. La religiosidad era, muchas veces, suplantada por la superstición, y florecían los supuestos milagros. En lo social, hay una mayor presencia del pueblo, lo cual tiene consecuencias literarias: reaparece el gusto por los romances y cobra auge el teatro, que atiende a satisfacer sus gustos.

Tendencias estilísticas

En las épocas en que los escritores gozaban de menos libertad de expresión, aumentaban los artificios de estilo. Nuestros autores, utilizando las modalidades de la lengua literaria que para cada género había creado el Renacimiento, prolongaron y aumentaron la tendencia a exhibir la forma que ya había empezado a manifestarse. Ello dio origen a dos grandes movimientos estilísticos: el culteranismo y el conceptismo. Se manifestaron tanto en prosa como en verso. Góngora es el más eminente escritor culterano, y Quevedo, el maestro de los conceptistas. El conceptismo y el culteranismo rompen el equilibrio clásico entre forma y contenido, pero lo hacen de modo diferente:

  • Culteranismo o gongorismo: Altera aquel equilibrio haciendo que la expresión se desarrolle a expensas del contenido. Este suele ser mínimo, pero se expone con un estilo suntuoso, abundante en metáforas, latinismos, voces sonoras, retorcimientos gramaticales y alarde de saber mitológico. El resultado es de gran belleza formal.
  • Conceptismo: Al contrario, hace que el contenido sea muy denso y complicado, y que la forma resulte condensada. Procura que las palabras signifiquen dos o más cosas a la vez. El resultado suele admirar por su ingenio.

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