España en el siglo XIX: Transformaciones sociales, económicas y el conflicto de 1898
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Las Guerras de Cuba, el conflicto bélico contra EEUU y la crisis de 1898
1. Introducción
- Durante la regencia de María Cristina (1885-1902) estallaron guerras coloniales en Cuba y Filipinas frente al dominio español, con el desenlace de la pérdida de las posesiones ultramarinas.
- Tras la independencia de la mayoría de territorios de la América española en el reinado de Fernando VII, a finales del siglo XIX, España conservaba Cuba, Puerto Rico y pequeñas islas en Asia.
- El desastre del 98 provocó un proceso de reflexión en el país denominado Regeneracionismo.
- Se producirá en Europa la Paz Armada, que desembocará en la Primera Guerra Mundial.
2. La guerra en Cuba
La crisis del 98 se inserta en un trasfondo general de creciente cuestionamiento político, agravado tras el asesinato de Cánovas del Castillo en 1897.
2.1 Antecedentes de la insurrección cubana
- Al inicio del Sexenio Democrático, comenzaba la Guerra de los Diez Años (1868-1878).
- Una vez Alfonso XII accedió al trono, Martínez Campos fue nombrado jefe general en Cuba, obteniendo éxitos militares ante los rebeldes cubanos, concluyendo la guerra con la firma de la Paz de Zanjón en 1878. Martínez Campos se comprometía a conceder cierta autonomía a Cuba, no obstante, no se dio nada al respecto.
- En el último cuarto del siglo XIX, se configuró una pujante industria del azúcar, determinada por la penetración del capital norteamericano.
- Aunque la mayoría de la producción azucarera era vendida a EEUU (por la burguesía criolla que apareció en dicha época), estaban obligados a comprar productos españoles debido a la política proteccionista implantada por Cánovas (Ley de Aranceles 1891). De este modo, privaban a la industria norteamericana de un vasto mercado de venta de manufacturas.
- Además, el imperialismo norteamericano supone otro factor importante para analizar la crisis del 98.
- EEUU empezaría su expansionismo fuera de sus fronteras: Washington compró Alaska a Rusia e igualmente intentaría comprar Cuba a España.
- Igualmente pasaban por controlar la ruta comercial hacia Asia a través del Caribe, culminada décadas más tarde con la construcción del Canal de Panamá (1914).
2.2 Guerra entre España y los independentistas cubanos (1895-1898)
- La falta de autonomía política en Cuba propició una nueva sublevación independentista. El impulso de la zona oriental vino dado desde el Partido Revolucionario Cubano, creado por José Martí.
- Parte de las clases populares, apoyados por la burguesía criolla azucarera, formaron grupos de guerrilleros (guerrillas) que contaron con el apoyo material y financiero de EEUU.
- En una primera fase, hasta 1896, el gobierno liberal de Sagasta reaccionó intentando llevar una política de apaciguamiento. Para ello, envía a Martínez Campos, sin embargo, no obtuvo resultados.
- En una segunda fase, entre 1896-1897, España apostó por el enfrentamiento militar.
- Cánovas situó al general Valeriano Weyler al frente, en Cuba, iniciándose una guerra de desgaste frente a los insurgentes.
- Dividió la isla en sectores (trochas), tratando de controlar los movimientos y abastecimientos de los guerrilleros.
- La propagación de enfermedades fue reduciendo las tropas españolas, presas de una fuerte desmoralización.
- De este modo, en una tercera fase, tras el asesinato de Cánovas en 1897, Sagasta buscará nuevamente una solución política.
2.3 Guerra entre España y EEUU (1898)
- La intervención de EEUU contaba con el respaldo de grandes compañías norteamericanas con intereses comerciales en Cuba. Asimismo, la prensa desempeño un papel fundamental a la hora de movilizar a la opinión pública estadounidense.
- El desencadenante que propició la guerra fue la explosión del acorazado norteamericano “Maine”, anclado en la bahía de la Habana, en febrero de 1898. EEUU atribuyó a España la responsabilidad del suceso y tras un ultimátum en abril de 1898, EEUU declaraba la guerra a España.
- La guerra hispano-norteamericana duró 4 meses, sin que los españoles tuvieran ninguna opción.
- Se decidió en el mar, donde la superioridad americana era abrumadora.
- La flota española permanecía situada en la bahía de Santiago, al mando del almirante Cervera, el cual, ante la inminente caída de La Habana, intentó romper el bloqueo naval, pero la flota española fue destruida sin presentar ninguna oposición.
- Las tropas estadounidenses entraron en Puerto Rico sin dificultad, además sin ninguna lucha armada.
3. La guerra en Filipinas
- Las Filipinas nunca tuvieron para España la importancia que tenía Cuba. La presencia española era escasa.
- El movimiento independentista filipino estaba encabezado por José Rizal, fundador de la Liga Filipina.
- En 1896, partidas de guerrilleros encabezadas por Andrés Bonifacio inician la insurrección armada.
- Hacia 1898, el ejército español había logrado controlar la situación.
- No obstante, el estallido de la guerra hispano-norteamericana, en la batalla de Cavite, caería derrotada la flota española por la norteamericana, capitulando Manila más tarde.
4. El desastre del 98 y sus consecuencias
- En diciembre de 1898 tuvo lugar la firma del Tratado de Paz de París. El acuerdo fijaba la independencia de Cuba. EE.UU. obtendrá la soberanía de Puerto Rico, Cuba y Filipinas. España vendió a Alemania el resto de sus posesiones ultramarinas en el Pacífico (las islas Marianas, las Carolinas y Palaos).
- Demográficamente: las pérdidas humanas españolas se calculan en torno a las 60.000 (la inmensa mayoría resultado de las enfermedades infecciosas más que combates).
- Económicamente: la derrota supuso la pérdida del mercado colonial con el resultado de fuertes subidas de precios en la Península, que afectaran decisivamente a las clases desfavorecidas.
- Provocó además un aumento de la conflictividad social, en tanto las familias más pobres no pudieron pagar la exención de las quintas.
- Pérdida de status internacional de España, que pasaba a ser una potencia secundaria y dependiente, cuya protección exterior sólo podía ser regional, limitada al norte de África.
- Nace así el Regeneracionismo, movimiento intelectual y crítico que busca hallar las causas que explican el atraso del país, al tiempo que trata promover una profunda transformación del sistema político, sociedad, economía, educación…
- Entre los principales intelectuales regeneracionistas encontramos a Joaquín Costa, criticando a la corrupción electoral, el caciquismo o la ineficacia de los partidos políticos.
La evolución de la población y de las ciudades. De la sociedad estamental a la sociedad de clases
1. Introducción
Durante el siglo XIX se produjeron ciertos cambios demográficos en España, si bien el denominado régimen demográfico antiguo se mantuvo vigente, propiciando un modesto aumento de la población en relación a otros países europeos. Independientemente, en el XIX España conoció un aumento de la población urbana, provocando el crecimiento de las ciudades así como diferentes transformaciones de los espacios urbanos. Asimismo, España conoció en este siglo el tránsito desde una sociedad estamental, propia del Antiguo Régimen, a un nuevo tejido social, la sociedad de clases.
4. El desarrollo urbano
Aunque la población española del siglo XIX siguió siendo eminentemente rural, en el último tercio del siglo el proceso de urbanización conoció una notable aceleración. Este desarrollo urbano estuvo favorecido por varios factores fundamentales. En primer lugar, por el impulso que cobraron las capitales de provincia a partir de la división provincial llevada a cabo por el ministro Javier de Burgos en 1833. Las ciudades elegidas como capitales provinciales se consagraron como destacados centros urbanos. Como segundo factor, según hemos señalado, el desarrollo industrial conllevó un destacable éxodo rural en la segunda mitad del siglo. Consecuencia de estos factores, las ciudades atrajeron, a su vez, a trabajadoras del servicio doméstico procedentes de áreas rurales.
Madrid y Barcelona superaban en 1900 el medio millón de habitantes. Ciudades como Valencia, Sevilla, Málaga o Murcia superaban los 100.000. En todo caso, el peso demográfico del espacio rural continuó siendo rasgo protagonista en la demografía del siglo XIX español: el 51% de la población vivía en poblaciones de menos de 5.000 habitantes en 1900.
El crecimiento de las ciudades desembocó en procesos de transformaciones urbanas, cuyas muestras más significativas fueron el derribo de sus murallas, la aparición de grandes avenidas y anchas calles, o el desarrollo de redes de canalización de agua e iluminación. Asimismo, las estaciones de ferrocarril pasaron a convertirse en instalaciones características del paisaje urbano. Al mismo tiempo, la estructura de la ciudad preindustrial se había quedado pequeña, por lo que fueron necesarios proyectos de expansión en las ciudades. Surgen entonces nuevos espacios urbanos, diferenciados de los tradicionales cascos antiguos, concretamente los ensanches, los barrios obreros.
Los ensanches urbanos responden en buena medida a la realidad social configurada por la burguesía. Se trata de espacios planificados, configurando planos regulares en cuadrícula, con calles rectilíneas y más anchas que las de los cascos antiguos. En estas zonas se combinaba la existencia de viviendas privadas con espacios dedicados a la actividad económica y comercial. Igualmente, estaban dotados de adecuados servicios públicos (transportes, espacios verdes, alcantarillado, abastecimiento de agua). Por su dimensión, los planes de ensanche más relevantes fueron los llevados a cabo en Barcelona por Ildefonso Cerdá (1859) y en Madrid por Carlos María de Castro (1860).
Los barrios obreros respondieron a las necesidades de las clases trabajadoras que no podían permitirse viviendas en el centro de las ciudades o en los ensanches y que progresivamente aumentó su número como consecuencia del éxodo rural. Surgieron de este modo barrios marginales, situados en la periferia de las ciudades. Se trató de áreas con viviendas de baja altura, con alta densidad de ocupación y construidos con materiales de baja calidad, configurando un plano desorganizado y carente de infraestructuras y servicios.
5. De la sociedad estamental a la sociedad de clases
En el Antiguo Régimen la sociedad había sido estamental, caracterizada por los privilegios de nobleza y clero frente al mayoritario estamento no privilegiado. Las políticas liberales y las transformaciones económicas del siglo XIX fueron configurando una sociedad de clases. Surgiría una estructura social basada en la riqueza y en la igualdad jurídica. Se incrementaron paulatinamente las clases medias, aumentando el número de funcionarios, el de las llamadas profesiones liberales (abogados, técnicos, profesores…) y el de comerciantes e industriales. El XIX está considerado como el siglo de la burguesía, pues este sector protagonizó el dinamismo económico y los cambios políticos sucedidos en la centuria.
A pesar de los cambios acaecidos, la estructura social española siguió siendo extremadamente desigual con gran diferencia entre ambos polos de la sociedad y la existencia de unas mayoritarias clases populares.
5.1. Las clases superiores
A pesar de la pérdida de sus privilegios, la nobleza mantuvo sus propiedades territoriales, ampliándolas con la adquisición de tierras desamortizadas. Los aristócratas solían vivir en las ciudades, obteniendo su riqueza de los beneficios de las rentas de la tierra, en las que apenas llevaron a cabo procesos de modernización. Buena parte de esta riqueza será invertida en otros negocios, como la banca, el ferrocarril o la industria, espacios donde coincidió y emparentó con la burguesía más adinerada. El clero modificó sustancialmente su posición con la implantación del liberalismo. Debido a las desamortizaciones perdió la mayor parte de sus bienes. La jerarquía eclesiástica se mostró, por tanto, contraria a las dinámicas liberales y opuesta a la separación entre Iglesia y Estado.
La burguesía fue un grupo muy heterogéneo siendo el origen de su riqueza de variada procedencia. En este sentido, cabe distinguir entre una burguesía terrateniente, que accede a la tierra con las desamortizaciones y cuya actitud inversora y estilo de vida se asemeja a la de la nobleza, junto con la que constituirá una oligarquía rural. Por otro lado, encontramos una burguesía industrial o comercial, una burguesía de negocios, más dinámica y típicamente capitalista, que llevó a cabo actividades de carácter emprendedor frente al espíritu rentista de los latifundistas, concentrándose en los núcleos de mayor desarrollo industrial. Se mostró partidaria de políticas proteccionistas como medio para defender sus intereses económicos.
5.2. Las clases medias
Se trata de una burguesía de menor alcance o bien de profesionales cuyo trabajo conlleva un desempeño intelectual. Residen fundamentalmente en las ciudades, y se trató de tenderos, pequeños comerciantes, dueños de imprentas o talleres, funcionarios, maestros, miembros del ejército, periodistas, médicos, abogados…
Cabe incluir en este sector a los pequeños y medianos propietarios rurales, con gran presencia en el norte y el este de España, quienes trabajan normalmente sus tierras, contratando de forma ocasional mano de obra asalariada.
5.3. Las clases populares
Se trata del sector de población más numeroso. Dentro del mismo, el grupo más nutrido lo constituyen los jornaleros o el proletariado rural, con unas difíciles condiciones de vida y un régimen laboral estacional, vinculado al ciclo agrícola. Predominaron en los latifundios del sur y su situación se mantuvo invariable, cuando no empeoró, tras las desamortizaciones. Sus nulas perspectivas y la miseria generalizada que rodeaba sus vidas propiciaron crecientes insurrecciones en el campo.
En las ciudades aparecerá asimismo un proletariado urbano, compuesto por el servicio doméstico, mayoritariamente femenino, y los trabajadores de los talleres y primeras fábricas. Este segundo grupo iría incrementándose con el proceso de industrialización, dando lugar a la aparición del movimiento obrero organizado, en demanda de mejores condiciones de trabajo, protección social y aumentos salariales.
Las desamortizaciones. La España rural del siglo XIX. Industrialización, comercio y comunicaciones
1. Introducción
Durante el reinado de Isabel II (1833-1868), el Estado impulsó procesos desamortizadores encaminados a recaudar fondos públicos. Igualmente, y a lo largo del siglo XIX existió una tímida evolución desde las estructuras económicas del Antiguo Régimen hacia un tejido productivo propio de una economía industrial. Esta transformación fue posterior y menos intensa que la experimentada en áreas económicamente pujantes de Europa y estuvo limitada a determinadas zonas del país. En la España decimonónica, el principal sector productivo continuó siendo el agrario.
7. El desarrollo del ferrocarril
Las primeras líneas ferroviarias peninsulares fueron la de Barcelona-Mataró (1848), Madrid-Aranjuez (1851) y Gijón-Langreo (1853). Desde entonces, el trazado se aceleró con la aprobación de la Ley General de Ferrocarriles (1855) y parte de los fondos obtenidos de la desamortización de Madoz.
La Ley General de Ferrocarriles propició la creación de sociedades anónimas ferroviarias, al conceder subvenciones y facilidades comerciales para la importación de material ferroviario. Esta circunstancia provocó la llegada de grupos financieros extranjeros, principalmente franceses, que obtuvieron licencias de construcción y explotación del ferrocarril por un tiempo determinado. Algunas de las compañías más importantes (Madrid-Zaragoza-Alicante, Ferrocarril del Norte o Sevilla-Jerez-Cádiz) eran de capital mayoritariamente francés. Otras también destacables fueron impulsadas por inversores españoles, especialmente las que comunicaban Cataluña. Tras la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), tuvo lugar un nuevo impulso ferroviario, coincidiendo con el desarrollo de la minería. Gran parte de los nuevos trazados conectaban las zonas mineras bien con los puertos (exportación de minerales) bien con el resto del país.
La red ferroviaria adoptó un trazado radial con centro en Madrid. Esta concepción radial propició la mala comunicación entre áreas periféricas de la geografía española, algunas de las más desarrolladas del país. Otro elemento de consideración fue el mayor ancho de vía respecto al europeo, aspecto que respondió a criterios militares y al hecho de que la orografía del país requería de locomotoras más potentes y por tanto necesitadas de una mayor base de apoyo. En este sentido, la construcción del ferrocarril fue particularmente compleja, debido a la accidentada orografía existente en España.
Otros avances en transportes y comunicaciones en España durante el siglo XIX fueron la extensión de la navegación a vapor, desde la década de 1870, la modernización del sistema de correos y el inicio de la telegrafía eléctrica a partir de la segunda mitad del siglo.