España: Del Reinado de Isabel II a la Revolución de 1868

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El Reinado de Isabel II y el Camino a la Revolución de 1868

Contexto Histórico

Durante el reinado de Isabel II, España experimentó periodos de estabilidad política alternados con gobiernos de O'Donnell. En este periodo, destaca la paralización de la desamortización de 1855 y el retorno a la Constitución de 1845. Por otro lado, se promulgó en 1857 la Ley de Educación, propuesta por Claudio Moyano. Sin embargo, este periodo también se caracterizó por la dura represión contra las revueltas campesinas llevada a cabo por la Guardia Civil, y el establecimiento de prácticas electorales viciosas, como la compra de votos, los pucherazos (añadir o sacar votos de las urnas) y la intervención de caciques locales, prácticas que tendrían una larga presencia en la política española.

El Gobierno Largo de O'Donnell

La mayor prosperidad coincidió con el Gobierno del general O'Donnell, conocido como "Gobierno largo" (cinco años), dentro de la Unión Liberal, un conglomerado de moderados y centro-liberales. Este gobierno se benefició de la expansión comercial en Cuba y Filipinas, y de la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861-1865). Carente de un programa político concreto, desarrolló una política exterior a imitación de las grandes potencias europeas. En este sentido, se enviaron tropas a la Conchinchina (hoy parte de Vietnam), en apoyo de los franceses, y algunas expediciones militares al norte de África. También se envió un ejército a México, dirigido por el general Prim, quien obtuvo méritos y fama por sus intervenciones.

Creciente Malestar Social y Político

Frente a la política conservadora de los moderados, aumentaban los anhelos de unos derechos civiles más amplios. Entre las capas intelectuales se implantaba el Partido Demócrata y aparecía el republicanismo, al tiempo que se creaban las primeras organizaciones obreras y se producían agitaciones entre el campesinado jornalero.

Crisis y Desestabilización Política (1866-1868)

En 1864, Narváez regresó al frente del gobierno, entregando el Ministerio de Gobernación a González Bravo. La crisis de la monarquía tuvo su origen en varios factores, como la muerte de los dirigentes Narváez y O'Donnell, y la crisis económica. Esta última, debida al fin del ciclo expansivo del ferrocarril y a las consecuencias de la Guerra de Secesión americana (1861-1865), encareció el precio del algodón, provocando una crisis industrial y financiera, con el hundimiento de casi todos los bancos. A todo ello se unió la coincidencia de una sucesión de malas cosechas y crisis de subsistencias.

En este contexto, el malestar se extendió por todo el país, arreciaron las agitaciones sociales, las conspiraciones militares y la crítica política en la prensa y en la Universidad. Tras la destitución de los profesores universitarios republicanos Castelar y Sanz del Río, y las consiguientes protestas estudiantiles, el ejército actuó duramente (Noche de San Daniel). Hubo nuevos pronunciamientos progresistas, alentados por el general Prim, que fueron reprimidos (fusilamientos de los sargentos del cuartel de San Gil). La Corte y la propia reina se desprestigiaban día a día.

El Pacto de Ostende (1866)

Como alternativa a la crisis, progresistas y demócratas hicieron retraimiento y formaron una alianza contra el gobierno en el Pacto de Ostende (1866), pretendiendo destronar a Isabel II y convocar Cortes por sufragio universal.

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