España en el Primer Tercio del Siglo XX: Nacionalismos, Reformas y Conflictos
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Nacionalismos Periféricos: Cataluña, País Vasco y Galicia
El nacionalismo surge en Europa en el siglo XIX, pero en España se desarrolla más tarde, coincidiendo con el período de La Restauración. Los movimientos nacionalistas y regionalistas en España, como el catalán, vasco, gallego y andaluz, comparten características como la defensa de la lengua vernácula, la historia común y los particularismos regionales, así como la reacción frente al centralismo del régimen liberal. Los factores económicos también influyen en el surgimiento de los nacionalismos periféricos, especialmente debido al desigual desarrollo industrial en España. La industrialización se concentró en Cataluña y el País Vasco, mientras que otras regiones permanecieron agrarias, lo que generó demandas políticas y económicas específicas.
A partir de la crisis de 1898, el regionalismo evoluciona hacia partidos políticos nacionalistas que buscan autonomía y descentralización del Estado. Estos partidos, junto con fuerzas republicanas y obreras, forman los llamados partidos antidinásticos, que contribuyen al derrocamiento del régimen de la Restauración.
El nacionalismo catalán tiene un carácter urbano y burgués, con sus orígenes en el movimiento cultural de la Renaixença, que defendía la lengua y cultura catalanas. El nacionalismo vasco, liderado por Sabino Arana, proclamó la identidad vasca como una nación independiente y defendió el uso del euskera. Aunque inicialmente independentista, el PNV moderó su postura hacia la autonomía.
El nacionalismo gallego, menos influyente que los anteriores, se manifestó principalmente en ámbitos rurales a partir de los años 80 del siglo XIX, con líderes como Alfredo Brañas.
Revisionismo Político: Maura y Canalejas
Tras la crisis de 1898, el sistema político canovista de la Restauración española fue cuestionado. En 1899, Francisco Silvela, líder del partido conservador, mencionó por primera vez la necesidad de regenerar dicho sistema. Sin embargo, fueron Antonio Maura y José Canalejas, sucesores de Cánovas y Sagasta respectivamente, quienes lograron temporalmente revitalizar el sistema bipartidista canovista a través de políticas reformistas conocidas como "revisionismo político".
Maura, líder del Partido Conservador, propuso una "Revolución desde arriba", un programa de reformas destinado a reactivar la nación después del desastre de 1898 y a implementar cambios sociales desde la élite para prevenir una revolución social "desde abajo". Hasta que los acontecimientos de la Semana Trágica en Barcelona provoquen su caída, emprende distintas reformas entre las que destacan:
- Medidas de corte económico con el objetivo de proteger la industria nacional.
- La creación del Instituto Nacional de Previsión (antecedente de la Seguridad Social).
- La legalización del derecho a la huelga.
- La ley de descanso dominical.
- El intento de terminar con el caciquismo a través de la Ley de Reforma Electoral.
Durante su etapa como presidente del Consejo de Ministros (1910-1912), José Canalejas realizó un importante esfuerzo para democratizar el sistema y ampliar sus bases sociales, será la segunda y última oportunidad de regeneración interna del sistema de la Restauración. Además, también desarrolló una importante política socio-laboral, donde destacan medidas como:
- Reformas laborales como la reducción de la jornada laboral, la prohibición del trabajo femenino nocturno, la ley de accidentes de trabajo.
- La supresión del impuesto de consumos.
- También debe mencionarse la llamada “Ley Candado” (1910), con la que pretendía profundizar en la secularización del Estado.
- Un proyecto de ley de administración local en el que se pretendía dotar de mayor autonomía a las corporaciones municipales. Además, en el texto se abría la puerta a la creación de mancomunidades y a la ampliación de las competencias provinciales (Cataluña se beneficiará de dicha ley).
Tras la muerte de Canalejas y el retiro político de Maura, los partidos Conservador y Liberal empezaban a desintegrarse en varios grupos políticos.
Corrientes Ideológicas del Movimiento Obrero: Anarquismo y Socialismo
El movimiento obrero español tiene sus primeras manifestaciones en la zona de Cataluña, donde asociadas fundamentalmente a la industria textil aparecen las primeras asociaciones como la Asociación Mutua de Tejedores de Barcelona que llegó a tener 15.000 miembros. Estas asociaciones protagonizan las primeras huelgas de nuestro país reclamando mejoras salariales. Pero el Movimiento obrero español sienta definitivamente sus bases durante el Sexenio Revolucionario, momento en el que llegaron a España las corrientes internacionalistas (anarquismo y marxismo), amparadas por la legislación aperturista del sexenio. Tras este periodo el movimiento obrero español tuvo que pasar a la clandestinidad y volverá a resurgir con fuerza cuando la libertad de asociación sea instaurada de nuevo por los liberales de Sagasta en la Restauración.
Anarquismo
El anarquismo llegó a España de la mano de Giuseppe Fanelli, seguidor de Bakunin, quien fundó la sección nacional de la AIT. Este movimiento tuvo gran influencia en España, especialmente entre la población rural empobrecida. En solo siete años, las federaciones anarquistas contaban con más de 40.000 afiliados, concentrándose principalmente en Cataluña y Andalucía. Mientras que los obreros industriales optaban por la vía sindicalista, en Andalucía, debido a la dispersión, la acción era más radical y descontrolada, como en el caso de "La Mano Negra", acusada de varios crímenes nunca probados. A finales del siglo XIX, el anarquismo se dividió en dos sectores: uno más inclinado a la violencia y el terrorismo, con atentados a políticos y la burguesía, y otro que optaba por la lucha a través de los sindicatos. En 1911, los partidarios de la acción sindical crearon la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores).
Socialismo
La corriente socialista, impulsada por Paul Lafargue, yerno de Marx, se materializó en la formación del PSOE en 1879, en un acto clandestino liderado por Pablo Iglesias y un grupo de madrileños, mayormente tipógrafos. Su base de apoyo se encontraba en regiones industrializadas como Madrid, Asturias, Sevilla, Vizcaya y Cataluña. El partido se consolidó gracias al periódico "El Socialista" y al sindicato UGT, fundado en 1888. Se organizó como un sindicato global con secciones por profesión en cada localidad, enfocándose en el derecho de huelga y la negociación colectiva. Inicialmente, el socialismo español optó por la participación política dentro de la Segunda Internacional, renunciando a la vía revolucionaria. No fue hasta 1910 que el PSOE logró su primer escaño parlamentario, y hasta 1921, tras la Revolución Rusa, que surgió en España el partido comunista, escindido del PSOE. Estas tres grandes corrientes —anarquismo, socialismo y comunismo— definieron el movimiento obrero en el país.
Impacto de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en España
En el inicio del siglo XX, Europa experimentó dos eventos de enorme importancia: la Primera Guerra Mundial y la Revolución Soviética. Estos eventos transformaron el panorama político, económico y social, afectando también a España y contribuyendo al colapso del sistema canovista de la Restauración. Durante la Primera Guerra Mundial, España mantuvo una posición de neutralidad, beneficiando principalmente a sectores como la burguesía industrial, naviera y bancaria, así como a la minería del carbón y a los propietarios agrarios. Sin embargo, el crecimiento económico generado no se invirtió en modernizar la industria, lo que empeoró la situación tras la guerra, con un aumento de precios y una escasez de productos básicos. La Revolución Bolchevique en Rusia y la fundación de la III Internacional influyeron en la escisión del PSOE en 1921, dando lugar al nacimiento del Partido Comunista de España (PCE). Este período se caracterizó por un aumento de la acción en las calles, con manifestaciones, huelgas y disturbios, así como por un crecimiento de la afiliación sindical. El trienio bolchevique, especialmente significativo en el campo andaluz, reflejó la esperanza y la agitación de los trabajadores por una revolución social. Estos eventos desgastaron el sistema político español y eventualmente llevaron al establecimiento de la Dictadura de Primo de Rivera.
Evolución de las Fuerzas Políticas de Oposición: Republicanos y Nacionalistas
Durante el Sexenio Democrático, las fuerzas de oposición, como los partidos republicanos y nacionalistas, estuvieron marginadas de la vida política debido a las turbulencias y al dominio del sistema de la Restauración. Sin embargo, el desgaste del modelo restauracionista y los efectos del desastre del 98 fortalecieron a estas fuerzas opositoras.
Los republicanos, respaldados por intelectuales y sectores de clase media, abogaban por la democratización y ganaron apoyo entre los trabajadores al adoptar reformas sociales. La coalición republicana obtuvo éxito en las elecciones de 1903, aunque posteriormente se escindió, dando lugar al Partido Republicano Radical liderado por Alejandro Lerroux.
En cuanto a los nacionalismos, el catalán destacó con la Lliga Regionalista, un partido burgués que buscaba la autonomía sin prestar atención a las reformas sociales, lo que limitó su apoyo obrero. Tras obtener victorias en elecciones municipales en 1905, enfrentó la represión del gobierno central, que culminó en la Ley de Jurisdicciones.
En el País Vasco, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) experimentó divisiones entre el ala independentista y la moderada, que buscaba acuerdos con el gobierno central para lograr autonomía. La postura moderada prevaleció, extendiendo el nacionalismo vasco y consolidando su posición como la fuerza política dominante en la región.
La Intervención Española en Marruecos (1904-1927)
Entre 1885 y 1912, las potencias europeas se repartieron África, y España buscó integrarse en este imperialismo participando en el reparto y expandiendo su presencia en Marruecos y en los enclaves del golfo de Guinea y Río de Oro (más tarde conocido como Sahara español). Esto se debió a motivos defensivos frente a las potencias expansionistas europeas y para compensar el desastre colonial de 1898.
España compartió la ocupación de Marruecos con Francia, formando el Protectorado de Marruecos. Sin embargo, la resistencia de los rifeños provocó conflictos constantes entre 1909 y 1927, destacando el Desastre de Annual en 1921, donde los rifeños derrotaron al ejército español, causando más de 12.000 bajas.
Tras el desastre, hubo debates parlamentarios sobre la eficacia del ejército y la responsabilidad de los líderes militares, aunque el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 interrumpió estas investigaciones. La división en el ejército entre abandonistas y africanistas reflejó la complejidad del problema marroquí.
El error de Abd-el-Krim al atacar a Francia llevó a una acción militar conjunta hispano-francesa, culminando en el desembarco en Alhucemas en 1925 y la rendición de Abd-el-Krim. España pagó un alto costo en dinero y vidas humanas por su participación en Marruecos.
La Crisis de 1917: Militar, Política y Obrera
La crisis del verano de 1917 en España fue un periodo tumultuoso marcado por la convergencia de tres importantes crisis: la militar, la política y la obrera. Aunque estas crisis no estaban directamente relacionadas entre sí, todas compartían la aspiración de transformar el sistema político establecido.
La primera crisis surgió en el ámbito militar, donde se evidenciaba una creciente división entre los llamados militares africanistas, quienes recibían privilegios especiales debido a su servicio en Marruecos, y aquellos destinados en la Península. Este descontento dio lugar a la formación de las Juntas de Defensa, que abanderaron un programa reformista demandando mejoras salariales, igualdad de trato respecto a los militares en Marruecos y un mayor respeto hacia el ejército por parte del gobierno y la sociedad. La respuesta del gobierno fue la promulgación de la Ley del Ejército, que otorgaba aumentos salariales y regulaba los ascensos, calmando temporalmente las tensiones y consolidando el apoyo militar al gobierno.
La segunda crisis se gestó en el ámbito político, donde la burguesía buscaba transformar el sistema político vigente. El gobierno de Eduardo Dato había cerrado temporalmente las cortes en febrero de 1917, lo que generó malestar entre la clase política. Francesc Cambó, líder de la Lliga Regionalista, convocó a una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona con la intención de formar un nuevo gobierno provisional y redactar una nueva constitución que contemplara la autonomía regional. Sin embargo, la falta de apoyo de otros partidos políticos y el temor a una revolución social asociada a la huelga obrera de agosto debilitaron la iniciativa, condenándola al fracaso.
La tercera crisis estalló en el ámbito obrero, manifestándose principalmente en la huelga general de agosto. A pesar de los intentos previos de la UGT y la CNT de promover una república democrática, la huelga solo logró un impacto significativo en algunos sectores industriales de Madrid, Barcelona, el País Vasco y Asturias. La intervención del ejército para reprimir los disturbios resultó en numerosas muertes y detenciones, debilitando aún más la posición de la monarquía.
La crisis de 1917 aceleró la descomposición del sistema político de la Restauración española. La inestabilidad social, los problemas en Marruecos y la incapacidad de los partidos políticos tradicionales para encontrar soluciones contribuyeron al colapso del sistema. Este periodo de agitación sentó las bases para la emergencia de una coalición de izquierdas que finalmente condujo a la proclamación de la Segunda República en 1931.
La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
Tras la crisis de 1917, Alfonso XIII intenta mantener el régimen a través de gobiernos de concentración, pero el sistema político se descompone. La agitación social aumenta, impulsada por la Revolución rusa de 1917, lo que lleva al gobierno a tomar medidas sociales como la jornada laboral de ocho horas y la creación del Ministerio de Trabajo.
El desastre de Annual provoca la caída del gobierno y la instauración de la dictadura de Primo de Rivera en 1923, apoyada por sectores conservadores preocupados por el orden público y la estabilidad económica. Primo suspende la Constitución y gobernó con éxito inicialmente, restaurando el orden público y resolviendo el problema de Marruecos con la rendición de Abd-el-Krim.
Sin embargo, Primo busca perpetuarse en el poder y establece un Directorio civil en 1925, intentando transformar la dictadura en un régimen a su medida. Aunque la economía experimenta un crecimiento durante la década de los años veinte, la represión política y la falta de libertades generan oposición en diversos sectores de la sociedad.
La dictadura se vuelve cada vez más aislada políticamente y, tras presentar su dimisión en 1930, Alfonso XIII intenta restaurar el sistema parlamentario, pero sin éxito. La oposición se fortalece, especialmente después del Pacto de San Sebastián, lo que marca el final del régimen dictatorial y el comienzo de un período de agitación política que conducirá a la proclamación de la Segunda República en 1931.
Factores de la Evolución Demográfica en el Primer Tercio del Siglo XX
En el último período de la Restauración (el primer tercio del siglo XX), la población alcanza la cifra de 24 millones en 1930, acusado crecimiento del que es responsable la disminución de la mortalidad, sobre todo la mortalidad catastrófica (si exceptuamos la devastadora gripe de 1918) y la infantil, gracias fundamentalmente a la mejora de la alimentación. La esperanza de vida llega además a los 50 años en 1935, gracias en parte al gran desarrollo experimentado en la salubridad de las viviendas (agua corriente, desagües, etc.) y el aumento de la calidad de vida de la población. En suma, España ha entrado plenamente en un régimen demográfico de “transición” hacia el moderno. En estos años del siglo XX, el éxodo rural cada vez fue más intenso, alcanzando así la expansión urbana cotas significativas, tanto por lo que se refiere al crecimiento de los barrios burgueses (se intensifican planes de ensanche en las ciudades), como de los barrios obreros (construidos de forma caótica, sin planificación). Asimismo, son importantes las migraciones internas desde regiones del interior peninsular hacia aquellas más industrializadas, es decir, hacia Cataluña, País Vasco y Asturias. La emigración exterior se acentúa, hacia América (destinos preferentes son Cuba, Argentina y México) y hacia Argelia, siendo las principales áreas emisoras Canarias, Galicia y Asturias en menor medida. Millón y medio de españoles se calcula que emigraron fuera de España en los primeros años del siglo XX.