España bajo Fernando VII: De la Restauración Absolutista a la Crisis Sucesoria

Enviado por marinatortosa27 y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 5,66 KB

Absolutismo y Liberalismo: Emancipación

Introducción

Terminada la Guerra de la Independencia, vuelve a España Fernando VII. Con su regreso, se restaura el absolutismo, lo que supuso la supresión de la revolución liberal y de la obra de las Cortes de Cádiz. La lucha entre liberalismo y absolutismo marcó este periodo, en total paralelismo con la coyuntura europea de la época de la Restauración. Tras la derrota de Napoleón, se intentó volver al Antiguo Régimen en Europa, pero este intento, a la larga, fracasó.

El Reinado de Fernando VII (1814-1833)

Primera etapa: Restauración del absolutismo (Sexenio Absolutista, 1814-1820)

El Tratado de Valençay (1813) puso fin a la guerra con Francia y devolvió la corona a Fernando VII. La restauración del absolutismo fue posible gracias a varios factores:

  • La recepción entusiasta del pueblo.
  • El apoyo de la nobleza y el clero.
  • La lealtad del ejército.
  • La acción de los diputados realistas de las Cortes, quienes elaboraron el Manifiesto de los Persas, una llamada al Rey para que implantase la monarquía absoluta.

Esta etapa se caracterizó por la inestabilidad política; el Rey gobernaba apoyado en una camarilla. La economía era mala; la Hacienda estaba agobiada por la falta de recursos americanos. Godoy, en su momento, había implantado una contribución general. Se ejerció una fuerte represión política hacia los afrancesados y liberales, muchos de los cuales se exiliaron. Los liberales protagonizaron diversos pronunciamientos militares, cuya geografía solía ser periférica (como los de Espoz y Mina).

Segunda etapa: Trienio Liberal (1820-1823)

En enero de 1820, triunfó el pronunciamiento militar de Rafael del Riego al frente de las tropas acantonadas en Cabezas de San Juan (Sevilla). Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812 y se formó un gobierno de liberales moderados. Se emprendieron reformas políticas y económicas para aplicar la Constitución, establecer un Estado liberal y acabar con el Antiguo Régimen.

El gobierno liberal estuvo sometido a una doble presión:

  • La de los liberales exaltados, que pedían reformas más rápidas y profundas.
  • La de los realistas, que contaban con el apoyo del Rey, quien alentaba su oposición y mantenía contactos con las potencias absolutistas europeas a través de las Cortes.

En abril de 1823, un ejército francés, los llamados «Cien Mil Hijos de San Luis», cruzó la frontera, según lo acordado por las potencias absolutistas en el Congreso de Verona (1822), y ayudó a Fernando VII a restablecer el absolutismo.

Tercera etapa: Década Ominosa (Absolutista, 1823-1833)

Esta fue una década ominosa para los liberales, con la restauración del absolutismo. Sin embargo, la restauración del Antiguo Régimen fue parcial. La incapacidad estructural del régimen de Fernando VII y de las instituciones legales y económicas para modernizar el país lo hicieron muy difícil. La pérdida definitiva de la mayoría de las colonias americanas agravó la crisis de la Hacienda. El ministro de Hacienda, López Ballesteros, emprendió algunas reformas fiscales y administrativas.

Los liberales sufrieron una dura represión y muchos se exiliaron (se calcula que unos 20.000, principalmente al Reino Unido y Francia). A pesar de ello, siguieron los pronunciamientos liberales. También hubo conspiraciones realistas (o «apostólicas») que buscaban una política absolutista con mayor fuerza y represión. En 1826, el manifiesto de la «Federación de Realistas Puros» criticaba la supuesta moderación del gobierno y al propio Fernando VII. En 1827, en Cataluña, tuvo lugar la sublevación de los «Agraviados» o «Malcontents», con un programa reaccionario, precursor del carlismo.

La inestabilidad política aumentó a partir de 1830 debido a la cuestión sucesoria. El Rey, tras tres matrimonios, no tenía descendencia. Tras casarse por cuarta vez con su sobrina María Cristina de Borbón, esta dio a luz a una hija, Isabel, en 1830. Fernando VII publicó la Pragmática Sanción (aprobada por su padre Carlos IV en 1789, pero no publicada), que eliminaba la Ley Sálica (que impedía reinar a las mujeres si había varones en la línea principal o lateral) y restablecía la línea sucesoria tradicional castellana. El hermano del Rey, Carlos María Isidro, consideró que esto atentaba contra sus derechos al trono.

En septiembre de 1832, durante una grave enfermedad del rey, ocurrieron los Sucesos de La Granja: los seguidores de Carlos María Isidro consiguieron que el Rey, agonizante, anulara la Pragmática Sanción. Sin embargo, una vez recuperado, Fernando VII la volvió a poner en vigor. Isabel II, al morir su padre en 1833, fue proclamada reina, iniciándose una regencia de su madre María Cristina y, simultáneamente, la Primera Guerra Carlista.

Entradas relacionadas: