España (1959-1975): Del Desarrollismo Económico a la Crisis Final del Franquismo

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El Final del Franquismo: Política y Oposición

Política Exterior, Descolonización y Tensiones Internas

Durante los últimos años del régimen franquista, se produjeron importantes acontecimientos en la política exterior y se agudizaron las tensiones internas. En el ámbito de la descolonización, se independizó Guinea Ecuatorial (1968) y se cedió Ifni a Marruecos en 1969. La descolonización del Sáhara Occidental fue un proceso más complejo, bloqueado inicialmente por figuras relevantes del régimen como Carrero Blanco, hasta que el rey marroquí Hassan II organizó la Marcha Verde en 1975, reclamando el territorio. En un momento en que se iniciaba la agonía de Franco, el gobierno español cedió y, contraviniendo el mandato de la ONU que instaba a la autodeterminación del pueblo saharaui, entregó la administración de su antigua colonia a Marruecos y Mauritania mediante los Acuerdos de Madrid (noviembre de 1975).

La renovación de la Iglesia Católica tras el Concilio Vaticano II (1962-1965) propició un progresivo alejamiento entre la Iglesia y el régimen franquista, que habían sido estrechos aliados. Las tensiones fueron crecientes, llegando a extremos inconcebibles unos años antes. Un ejemplo destacado fue el conflicto con Monseñor Añoveros, obispo de Bilbao, quien en 1974 publicó una pastoral defendiendo la identidad cultural y lingüística del pueblo vasco. Ante la amenaza del gobierno de expulsarlo de España, el Vaticano advirtió que tal acción significaría la ruptura del Concordato y la excomunión de quien la llevara a cabo.

En el plano internacional, se mantuvieron los acuerdos militares y de cooperación con los EE. UU. En 1962, España solicitó el ingreso en la Comunidad Económica Europea (CEE). Esta solicitud, minimizada y ridiculizada por el régimen como el Contubernio de Múnich (en referencia a una reunión de la oposición española en el exilio y del interior celebrada en dicha ciudad alemana), no prosperó debido al carácter antidemocrático del franquismo. No obstante, sí se lograron ventajosos acuerdos comerciales preferenciales con la CEE en 1970. La política represiva del régimen, con episodios como el proceso y ejecución del dirigente comunista Julián Grimau (1963) o el Proceso de Burgos (1970) contra miembros de ETA, desencadenó una oleada de protestas internacionales que aislaron aún más a la dictadura.

El Fortalecimiento de la Oposición

Los años finales de la década de los sesenta y los principios de los setenta estuvieron marcados por un fuerte crecimiento de la oposición al régimen franquista, tanto en las fábricas, donde había renacido un sindicalismo clandestino, como en las universidades.

Represión y Respuesta del Régimen

La represión fue la respuesta sistemática del régimen. La policía política, la temida Brigada Político-Social (BPS), no dudaba en aplicar la tortura en sus comisarías para obtener información y desarticular a los grupos opositores. Los disidentes políticos pasaron a ser juzgados por un tribunal de excepción creado específicamente para la represión política, el Tribunal de Orden Público (TOP), instaurado en 1963.

En este contexto de creciente conflictividad, tuvo lugar el primer asesinato de ETA (Euskadi Ta Askatasuna) en 1968, con la muerte del guardia civil José Pardines. La respuesta del régimen fue una represión indiscriminada en el País Vasco que, paradójicamente, provocó un aumento del apoyo social a la organización terrorista en algunos sectores. Un momento clave fue la celebración en 1970 del denominado Proceso de Burgos ante un tribunal militar. Nueve miembros de ETA fueron condenados a muerte, lo que desencadenó una masiva ola de protestas internacionales y en el propio país. La enorme presión internacional llevó a que Franco finalmente conmutara las penas de muerte por largas condenas de prisión. La brutalidad de la represión franquista contribuyó a que ciertos sectores de la opinión pública liberal y de izquierdas, tanto en España como en el extranjero, no percibieran inicialmente con claridad la naturaleza y las implicaciones del terrorismo nacionalista de ETA.

Actores y Estrategias de la Oposición

Los diferentes grupos políticos y sindicales se adaptaron de diversas formas a la dura represión del franquismo y a la evolución de la sociedad española. Mientras que el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), debilitado y dividido durante años entre sus dirigentes del exilio y los del interior, luchaba por reorganizarse (un hito clave fue el Congreso de Suresnes en 1974, que aupó a Felipe González a la secretaría general), el PCE (Partido Comunista de España), liderado por Santiago Carrillo desde el exilio, se consolidó como el principal partido de la oposición, con una fuerte y disciplinada estructura clandestina en el interior. Por su parte, los grupos anarquistas, así como los republicanos históricos, prácticamente habían desaparecido como fuerzas organizadas significativas en la lucha contra la dictadura.

La oposición de sectores liberales o monárquicos demócratas (como los partidarios de Don Juan de Borbón, padre del futuro rey Juan Carlos I) solo adquirió cierta visibilidad al final de la Dictadura, en torno a algunas personalidades influyentes y ciertos medios de comunicación que empezaban a abrirse paso.

En el terreno sindical, destacó el nacimiento en 1962 de las Comisiones Obreras (CC. OO.). Impulsadas inicialmente por el PCE y otros grupos de izquierda cristiana y revolucionaria, se basaron en el aprovechamiento de las fisuras legales que permitía la legislación laboral franquista (como las elecciones a enlaces sindicales y jurados de empresa) y en la infiltración en la Organización Sindical oficial (el conocido como "sindicato vertical"). Los sindicatos históricos, como la UGT (Unión General de Trabajadores), vinculada al PSOE, y la CNT (Confederación Nacional del Trabajo), de tradición anarcosindicalista, apenas tuvieron presencia organizada dentro de España durante la mayor parte de la dictadura, aunque la UGT comenzó a reorganizarse en la clandestinidad de forma más efectiva en los años 70.

Confluencia de Movimientos de Protesta

En los finales de los años 60 y durante los años 70, los profundos cambios sociales y la cada vez más evidente proximidad de la muerte del dictador facilitaron la extensión y diversificación de las actividades de oposición a la dictadura. Diversos movimientos de protesta confluyeron en el período final del franquismo:

  • El movimiento obrero, organizado esencialmente en torno a CC. OO. y alentado por el PCE y otras fuerzas de izquierda, pasó de las reivindicaciones estrictamente laborales a una creciente concienciación política antifranquista, protagonizando importantes huelgas y conflictos laborales que desafiaban al régimen.
  • Los movimientos nacionalistas se reforzaron en diversas capas sociales de Cataluña, el País Vasco y, en menor medida, Galicia. En el País Vasco, junto a un PNV (Partido Nacionalista Vasco) cada vez más influyente en la oposición moderada, ETA fue incrementando su actividad terrorista, convirtiéndose en un actor central y muy controvertido de la oposición violenta.
  • El movimiento estudiantil, en sintonía con las protestas juveniles que se extendían por el mundo (como el Mayo del 68 francés), se extendió por las universidades españolas. Sus protestas, huelgas y manifestaciones alcanzaron una importante repercusión social, desafiando la autoridad del régimen en el ámbito educativo y cultural.
  • El Concilio Vaticano II y la nueva Doctrina Social de la Iglesia favorecieron la extensión de movimientos católicos de base (como las comunidades cristianas populares, la Hermandad Obrera de Acción Católica -HOAC- o la Juventud Obrera Cristiana -JOC-) que adoptaron posturas críticas con el franquismo. Estos grupos a menudo colaboraban con los partidos de oposición de izquierda y el movimiento obrero. Incluso, sectores influyentes de la jerarquía eclesiástica española mostraron una creciente distancia crítica respecto a la dictadura.

Alianzas Opositoras Unitarias

Una de las estrategias más importantes que adoptó la oposición en los momentos finales de la dictadura fue su intento de agruparse en alianzas u organismos unitarios que presentaran un frente común contra el régimen y una alternativa democrática. El primer organismo de este tipo con implantación en toda España fue la Junta Democrática de España, presentada en París en julio de 1974 e impulsada principalmente por el PCE y personalidades independientes como Rafael Calvo Serer o Antonio García-Trevijano. Más tarde, en junio de 1975, apareció la Plataforma de Convergencia Democrática, que tuvo como principal aglutinante al PSOE y a grupos democristianos y socialdemócratas. Tras la muerte de Franco, en marzo de 1976, la unión de estas dos alianzas (junto con otros grupos) dio lugar a Coordinación Democrática, popularmente conocida como la Platajunta, que desempeñaría un papel relevante en los inicios de la Transición.

En definitiva, sin llegar a poder derrumbar por sí solos al régimen franquista, los diversos movimientos de oposición consiguieron crear una amplia y tupida red social de contestación a la dictadura. Esta red, que combinaba la resistencia política y sindical con la movilización social y cultural, afloraría con fuerza tras la muerte de Franco y sería clave para impulsar y encauzar el proceso de transición a la democracia.

Desarrollo Económico y Cambios Sociales en la España Franquista (1959-1975)

Entre 1960 y 1973 (hasta la crisis del petróleo), España experimentó un crecimiento económico sin precedentes en su historia contemporánea, solo superado a nivel mundial por Japón durante ese mismo período. Este fenómeno es conocido como el “milagro español” o, más comúnmente, el “desarrollismo”.

Contexto Internacional

Este desarrollo se enmarcó en un contexto internacional favorable de expansión económica en los países occidentales. Eran los años de la Guerra Fría y conflictos como la Guerra de Vietnam (1958-1975). En Europa, se produjo el nacimiento de la CEE (Comunidad Económica Europea) en 1957, formada inicialmente por Alemania Federal, Francia, Italia y los países del BENELUX (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo). En 1973, se incorporaron Dinamarca, Irlanda y Reino Unido. Los requisitos para la adhesión a la CEE incluían la existencia de un sistema democrático, una economía de libre mercado y el respeto a los Derechos Humanos, condiciones que la España franquista no cumplía. Aunque se iniciaron negociaciones para un posible acuerdo con la CEE, estas se vieron obstaculizadas por el carácter autoritario del régimen. No obstante, sí se logró la firma de un Acuerdo Preferencial en 1970, que supuso una importante reducción arancelaria para los productos españoles en el mercado común.

Plan de Estabilización y Factores del Crecimiento Económico

El punto de partida de esta etapa de crecimiento fue el Plan de Estabilización de 1959. Fue diseñado por un equipo de ministros conocidos como los tecnócratas, muchos de ellos vinculados al Opus Dei, que habían accedido al gobierno en 1957. Este plan económico, elaborado siguiendo las directrices del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), tenía como objetivo principal liberalizar la economía española, poniendo fin al período autárquico e intervencionista de la posguerra. Para ello, se recortó el gasto público, se disminuyó el intervencionismo del Estado, se devaluó la peseta para hacerla convertible y fomentar las exportaciones, y se liberalizaron las inversiones extranjeras y el comercio exterior.

Los capitales necesarios para este espectacular crecimiento llegaron de cuatro procedencias principales:

  • Créditos e inversiones extranjeras directas, atraídas por los bajos costes laborales y las perspectivas de beneficio.
  • Divisas enviadas por los emigrantes españoles desde países europeos como Alemania Federal, Francia o Suiza (más de un millón de personas emigraron de España entre 1959 y 1973 ante la falta de oportunidades laborales). Estas remesas fueron fundamentales para equilibrar la balanza de pagos.
  • Divisas generadas por el boom turístico, con millones de europeos (especialmente del norte y centro de Europa) atraídos por el sol, las playas y los bajos precios españoles.
  • Un notable aumento de las exportaciones de productos industriales y agrícolas, facilitado por la apertura exterior y la devaluación de la peseta.

Las consecuencias del Plan de Estabilización se apreciaron rápidamente. A corto plazo, el Plan supuso una dura recesión (1959-1960): contracción de la demanda, aumento del paro, congelación salarial y aumento de la emigración. Sin embargo, a medio plazo, a comienzos de los años 60, la economía española ya estaba relanzada y había sentado las bases para un crecimiento sostenido.

El Desarrollo Económico de los Años Sesenta

El período 1961-1973 vino marcado por un intenso crecimiento industrial (con tasas medias anuales superiores al 10%) y del sector servicios, mientras que la agricultura perdía peso relativo. La apertura económica al exterior provocó un verdadero aluvión de inversiones extranjeras, atraídas por los bajos salarios, la paz social impuesta por la dictadura y un mercado interior en expansión. En el terreno comercial, España logró alcanzar un superávit en su balanza de pagos durante varios años, ya que el tradicional déficit de la balanza comercial (más importaciones que exportaciones) se vio compensado con creces por los ingresos procedentes del espectacular desarrollo del turismo, las inversiones extranjeras y las remesas enviadas por los emigrantes en Europa.

Los Planes de Desarrollo (1964-1972)

Para tratar de encauzar y planificar este crecimiento económico, el gobierno aprobó los Planes de Desarrollo Económico y Social. Se implementaron tres planes cuatrienales (1964-1967, 1968-1971, 1972-1975, aunque el tercero se vio interrumpido por la crisis de 1973). Estos planes, de carácter indicativo y no imperativo para el sector privado, pretendían ser una herramienta de política económica a medio plazo, fijando objetivos de crecimiento y modernización para la industria española. Entre sus principales instrumentos estaban los incentivos fiscales y crediticios para la inversión en sectores considerados estratégicos y la creación de los denominados Polos de Promoción y Desarrollo Industrial (como los de Vigo, La Coruña, Valladolid, Zaragoza, Sevilla, Huelva, Granada, Córdoba y Burgos) y los Polos Turísticos, con el objetivo de fomentar la industrialización en áreas geográficas con escasa implantación previa y reducir los desequilibrios territoriales.

La economía española siguió creciendo a buen ritmo durante la vigencia de los Planes, pero la planificación tuvo resultados limitados y desiguales, y no logró corregir algunos de los problemas estructurales de la economía española:

  • Desarrollo sectorial desigual: Hubo un fuerte crecimiento de la industria de bienes de consumo (automóviles SEAT, electrodomésticos), la industria química, la siderurgia, la construcción naval y la industria alimentaria. El sector agrario se modernizó (mecanización, regadíos, nuevos cultivos), lo que aumentó la productividad y liberó mano de obra, pero a costa de un intenso éxodo rural y la persistencia de problemas estructurales.
  • Agudización de los desequilibrios regionales: Las áreas tradicionalmente industriales (Cataluña, País Vasco, Madrid) y algunas zonas turísticas del Mediterráneo y los archipiélagos concentraron la mayor parte del crecimiento y la riqueza. Mientras tanto, se acentuaba el declive económico y demográfico de amplias regiones del interior peninsular, como las dos Castillas, Extremadura y gran parte de Andalucía, que se convirtieron en focos de emigración.
  • Fuerte concentración empresarial y financiera: El desarrollo estuvo liderado por grandes empresas (muchas de ellas con participación de capital extranjero) y los principales bancos privados españoles, que aumentaron su control sobre la economía. La burguesía financiera se consolidó como la élite económica dominante, superando en influencia a los tradicionales terratenientes.
  • Creciente dependencia exterior: La economía española se volvió muy dependiente de las inversiones extranjeras, la tecnología importada, los ingresos por turismo y las remesas de emigrantes, así como de la coyuntura económica internacional. Esta dependencia se hizo patente cuando la crisis del petróleo de 1973, desencadenada por el aumento de los precios del crudo por parte de la OPEP, puso fin bruscamente a esta etapa de expansión e inició una profunda crisis económica que se prolongaría durante toda la Transición democrática.

Evolución Demográfica y Transformaciones Sociales

Tras los duros años de la posguerra, en los que la sociedad española había permanecido relativamente estancada y anclada en valores tradicionales, los años sesenta y principios de los setenta presenciaron una acelerada y profunda transformación social, paralela al desarrollo económico.

Emigración Masiva

Se produjo una emigración masiva sin precedentes. El desarrollo industrial y la modernización agraria desencadenaron una intensa emigración interior (éxodo rural) desde las zonas agrarias más pobres hacia las ciudades y los centros industriales (Madrid, Barcelona, País Vasco, Valencia), y una masiva emigración exterior hacia los países más industrializados de Europa occidental (principalmente Alemania Federal, Francia y Suiza). Más de un millón de españoles emigraron entre 1959 y 1973 en busca de trabajo. A la vez que la agricultura se modernizaba, amplias zonas del interior peninsular quedaron despobladas o envejecidas.

Esta emigración tuvo consecuencias ambivalentes. Por un lado, fueron positivas: reducción del paro y la tensión social en las zonas de origen, e importantes ingresos de divisas por las remesas enviadas por los emigrantes. Por otro lado, conllevó graves costes sociales y humanos: el desarraigo, la desestructuración familiar y la agudización de las diferencias de riqueza y desarrollo entre las diversas regiones del país.

Crecimiento Demográfico y Baby Boom

Se experimentó un fuerte incremento de la población. Mientras la tasa de mortalidad (especialmente la infantil) se reducía significativamente gracias a las mejoras sanitarias y alimentarias, la tasa de natalidad se mantuvo en valores muy altos e incluso aumentó durante un tiempo, dando lugar al fenómeno conocido como el baby boom español (especialmente intenso entre 1958 y 1968). Esto supuso un rejuvenecimiento de la población y un aumento de la demanda de servicios.

Insuficiencia de Servicios Públicos y Carencias Sociales

Para atender las necesidades de esta población creciente y de una sociedad que se modernizaba rápidamente, el gobierno franquista no aumentó el gasto público de forma proporcional ni planificó adecuadamente la provisión de servicios e infraestructuras. Esto llevó a que los servicios públicos fueran claramente insuficientes y se generaran graves carencias sociales:

  • Educación: A pesar de la Ley General de Educación de 1970 (Ley Villar Palasí), que intentó modernizar y universalizar el sistema educativo, el número de escuelas, institutos y plazas universitarias fue muy inferior a las necesidades de una creciente población infantil y juvenil. La calidad de la enseñanza también era deficiente en muchos casos.
  • Sanidad: Aunque se crearon algunos grandes hospitales (las llamadas "ciudades sanitarias") y en 1963 se aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social, que extendió la cobertura sanitaria y las pensiones, esta siguió siendo limitada en sus prestaciones y de calidad desigual, muy alejada de los estándares de los países europeos más avanzados.
  • Vivienda: El rápido crecimiento urbano y el éxodo rural provocaron un enorme déficit de vivienda en las ciudades, especialmente para las clases trabajadoras. Se intentó paliar con la construcción masiva de polígonos residenciales en las periferias, a menudo con graves carencias de planificación urbanística, infraestructuras (transporte, alcantarillado, agua corriente) y equipamientos sociales básicos (escuelas, centros de salud, zonas verdes). Este urbanismo descontrolado dio lugar en algunos casos al fenómeno del "chabolismo vertical" o "barraquismo de altura".

Estos cambios económicos y sociales, unidos a la apertura al exterior (turismo, emigración, influencias culturales), contribuyeron a transformar la mentalidad y los hábitos de los españoles, generando nuevas expectativas y aspiraciones que chocaban cada vez más con la rigidez y el anacronismo de la dictadura franquista.

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