La esencia del cristianismo: Más allá del moralismo y el pelagianismo
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El cristianismo no es un moralismo
Se entiende por moralismo una exaltación desmedida de los valores morales, que conduce a una vida centrada en el “cumplimiento” de unas reglas o un código moral. Esto no es el cristianismo.
En el cristianismo, el encuentro con el amor de Dios manifestado en Jesucristo da sentido a todo.
Hay veces que se entiende el cristianismo (acontecimiento cristiano) de las siguientes maneras:
- Como una especie de sometimiento moral. Entonces se convertiría en un trato en el que Él nos recompensaría en el caso de que nos comportáramos según unas normas que Él hubiese dictado.
- Otros creen que el hombre puede cumplir, con sus solas fuerzas, parte del trato. Esto significaría que Dios estaría en deuda con el esforzado.
- Esta manera de concebir el cristianismo lo deforma y es una herejía que se llama pelagianismo. Convierte a Jesucristo en un ejemplo que el hombre, con sus fuerzas, debe imitar, pero se olvida de las limitaciones propias del ser creado y de su pecado.
La realidad es que el hombre no es bueno por amar a Dios, sino que es Dios quien, al amarnos, nos hace buenos.
El hombre, ser moral
El don más grande que Dios dio al hombre es la libertad.
El hombre es el único ser que tiene capacidad de conducirse a sí mismo. Esto no quiere decir que todo lo que hace el hombre sea una acción libre.
Distinción entre actos
Hay que distinguir entre actos del hombre y actos humanos:
- Actos del hombre: Actuamos inconsciente e involuntariamente.
El misterio de la libertad
El hombre con su libertad (signo más claro de su dignidad) puede a lo largo de su vida incrementar o atentar contra su propia humanidad. Este es el misterio de la libertad: el hombre puede utilizarla en contra de Dios (que se la entregó) y en contra de sí mismo, ya que existe el pecado.
La búsqueda de la felicidad
El hombre, con su libertad, busca y tiene la meta de encontrar la felicidad. No está claro dónde se encuentra; para unos está en el placer, para otros en los honores… La respuesta que da Jesús nos lleva directamente a los mandamientos.