Escultura Gótica en Reims: De la Anunciación a la Visitación y su Evolución
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Las esculturas de la Catedral de Reims: Anunciación y Visitación
Estos grupos escultóricos están situados en la jamba derecha de la fachada occidental de la Catedral de Reims. Realizados entre 1230 y 1260, marcan el paso del último Románico al naturalismo gótico. En un primer momento, la piedra estuvo policromada.
Análisis estilístico de los grupos escultóricos
Se distinguen al menos dos autores o talleres con estilos claramente diferenciados, que reflejan la evolución artística del momento:
Grupo de la Anunciación (Transición del Románico al Gótico)
Este conjunto muestra características de una etapa temprana del gótico, con reminiscencias románicas:
- El ángel: Presenta una sonrisa expresiva y dulce, considerado un primer ensayo en la búsqueda de la expresión y el contrapposto.
- María: Se muestra inexpresiva e idealizada, con aspecto infantil. Los pliegues de su vestido son verticales y rígidos, y su pelo está oculto bajo una toca, sin una representación detallada.
Grupo de la Visitación (Pleno Gótico)
En cambio, este grupo presenta una estética diferente, ya plenamente gótica y de inspiración clásica:
- Canon estilizado: Las figuras son más alargadas y elegantes.
- Liberación del marco arquitectónico: Las figuras se convierten casi en esculturas de bulto redondo adosadas, en lugar de simples relieves.
- Tratamiento de los pliegues: Se emplean pliegues de inspiración clásica que recuerdan a la técnica de los "paños mojados", dejando entrever la anatomía (como las rodillas).
- Individualización de los rostros: Se diferencia claramente la edad de los personajes (Isabel, más anciana; María, más joven).
- Dinamismo y diálogo: Las figuras interactúan entre sí, girando sus rostros y dirigiendo sus brazos, creando una escena dialogante.
- Movimiento y contrapposto: Se rompe con la frontalidad a través del giro de la cadera, la inclinación de la cabeza y la gesticulación de las manos.
Contexto, función y significado de la escultura gótica
A partir del siglo XIII, se producen cambios significativos en Occidente. Por una parte, el poder de la monarquía se recupera paulatinamente. Por otra, reaparece el comercio, lo que impulsa el crecimiento de las ciudades o burgos. Sus habitantes, los burgueses, y los gremios de artesanos cobran una nueva importancia y buscan implicarse en el gobierno de la ciudad.
A este nuevo mundo urbano acuden nuevas órdenes mendicantes, como los franciscanos y los dominicos, para predicar y atraer a los fieles. Paralelamente, cambia la mentalidad religiosa: la naturaleza se considera digna de representación (influencia franciscana) y los personajes divinos se humanizan.
Del teocentrismo románico al humanismo gótico
Las estatuas del periodo románico eran rotundas y de actitudes estáticas, buscando transmitir al fiel el temor a la ira de Dios. No se buscaba la belleza formal, sino la expresividad a través de múltiples convencionalismos que servían para comunicar una idea. Sin embargo, en el Gótico esta concepción cambia radicalmente. En el nuevo contexto urbano, se busca atraer a los fieles mediante figuras que transmitan sentimientos y lleguen al corazón: la Virgen muestra amor y ternura por su hijo, y a Cristo ya no se le presenta como un juez terrible y justiciero. Las figuras son más naturales, dialogan y sonríen. Esta nueva concepción ya fue adelantada en el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.
La iconografía gótica es, además, más variada, abarcando retablos, sillerías de coro y una notable escultura funeraria, que a menudo es expresión de la vanidad y del deseo de perdurar a través de la imagen, llegando incluso al retrato. La función principal sigue siendo religiosa, pero cambia la forma de representar lo sagrado con la finalidad de atraer a los fieles del mundo urbano. A esta se suman la función didáctica y la decorativa.
Evolución de la escultura en los siglos XIV y XV
Durante el siglo XIV, la escultura avanza hacia un mayor naturalismo. Adquieren relevancia las imágenes de Vírgenes con Niño, que se curvan graciosamente (curva gótica) y presentan pliegues sinuosos, como se aprecia en el relicario de Jeanne d'Évreux. A finales del siglo XIV, quizás por influencia de la Peste Negra, surge una tendencia hacia el sentimiento y el dramatismo, observable sobre todo en los sepulcros, como el Sepulcro de Felipe el Atrevido, obra de Claus Sluter.
En el siglo XV, se consolida una tendencia hacia lo patético, con imágenes más voluminosas y un gusto acentuado por los detalles. Son muy frecuentes los grandes retablos y la escultura funeraria. Esta corriente fue impulsada por Claus Sluter. Su gran obra es el Pozo de Moisés (Cartuja de Champmol, Dijon), donde las figuras son robustas, individualizadas, de gran fuerza expresiva y con pliegues voluminosos y rígidos.
En Italia, al igual que en la arquitectura, la influencia clásica se fusiona con el Gótico. Un ejemplo es Nicola Pisano, quien en el Púlpito del Baptisterio de Pisa crea relieves con una clara influencia de los sarcófagos paleocristianos, introduciendo un novedoso sentido de la profundidad.