Escultura Barroca Española: Imaginería, Retablos y Escuelas

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Imaginería Española: Un Legado Barroco

La escultura española del barroco se nutrió de su propia sustancia y utilizó como material predilecto la madera. El retablo barroco es una estructura arquitectónica fragmentada en pisos horizontales por entablamentos y en calles verticales por columnas de fuste liso. Es un instrumento pedagógico de la liturgia católica y tiene la misión de narrar, mediante relieves e imágenes, los principales acontecimientos del catolicismo. En Andalucía y Murcia surgen Cristos apolíneos y vírgenes adolescentes, omitiéndose la sangre porque repugna a la sensibilidad mediterránea. Los encargados de aplicar estos complementos son los vestidores y camareros: coronas de oro, mantos bordados, mascarillas del rostro.

La Escuela Castellana

Gregorio Fernández es el maestro indiscutible del barroco castellano. Se distinguen dos etapas: la fase manierista y un periodo de madurez. Sus obras de talla completa y bulto redondo están teñidas de patetismo. Son telas pesadas, que se quiebran en pliegues geométricos. La actividad de su taller y el prestigio de su estilo proyectaron su influencia por el norte y el oeste español. Trabajó para iglesias diocesanas, las cofradías penitenciales, la nobleza y el rey. Sus mejores clientes fueron las órdenes religiosas. Como creador de tipos iconográficos, dio forma definitiva en Castilla al modelo de la Inmaculada y al de la Virgen de la Piedad. Una leyenda transmitida cuenta que, una vez concluido el Cristo atado a la columna, Jesús bajó a su taller para preguntarle dónde se había inspirado. En cuanto a su famosa yacente, fue regalada por el monarca en 1614 con el propósito de que los religiosos se convirtieran en directores espirituales del real sitio. De sus célebres pasos procesionales, el más alabado es el del Descendimiento.

La Escuela Andaluza

La escuela andaluza ofrece novedades en su vertiente occidental y oriental. En Sevilla destaca el carácter clásico y el amor por la belleza, y en Granada gusta más lo pequeño y preciosista. Juan Martínez Montañés es el imaginero español que gozó de mayor fama y respeto popular entre sus contemporáneos. Los sevillanos lo denominaban "el dios de la madera" y los madrileños "el Lisipo andaluz". Se formó en Granada, en el taller de Pablo de Rojas, pasando muy joven a Sevilla, donde a los 19 años adquiere el título de "maestro escultor". Su estilo es clásico e idealizado. Construyó retablos e imágenes para España y las Indias. Tres tipos destacan en su repertorio: retablos mayores de composición rectangular, con grandes cajas para empotrar relieves e imágenes como el de San Isidoro del Campo. Juan de Mesa fue una gran aportación a la escultura andaluza de su tiempo al haber introducido el naturalismo en los ambientes clásicos donde se formó. La serie de crucificados que labró se abre con el Cristo del Amor, el más patético de su catálogo artístico. El más famoso es el Jesús del Gran Poder.

Alonso Cano: Un Genio Polifacético

Alonso Cano es un artista español, el único que se aproxima al ideal polifacético del genio universal. En 1638 viaja a Madrid. Su actividad en la corte fue esencialmente pictórica, y pintó el Niño Jesús de Pasión. En 1652 decide recibir órdenes sagradas. Son sus años gloriosos. Realiza la Inmaculada y la Virgen de Belén. De estas pequeñas imágenes, la única firmada es San Antonio de Padua con el Niño Jesús.

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