Escepticismo Moderno: La Búsqueda de la Verdad y el Conocimiento
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Las razones del escepticismo moderno
El escepticismo en la era moderna se fundamenta en diversas causas que ponen en tela de juicio la posibilidad de alcanzar una verdad absoluta.
Los límites naturales del conocimiento
La experiencia cotidiana demuestra que nuestros sentidos y percepciones a menudo nos engañan. A esto se suma la gran diversidad de opiniones que existen sobre temas fundamentales, lo que evidencia que cada individuo interpreta la realidad a su manera.
El problema crítico de la filosofía
La propia filosofía investiga cómo se produce el pensamiento humano y qué método puede asegurar su rigor, lo que pone de manifiesto la complejidad de alcanzar certezas absolutas.
La mala experiencia de las guerras de religión
Los conflictos históricos motivados por diferencias dogmáticas han generado una profunda desconfianza en las verdades absolutas y en quienes pretenden imponerlas.
El prestigio del método científico
El éxito y desarrollo de las ciencias, basados en el método científico, contrastan con los intentos de los saberes humanísticos por alcanzar un consenso similar, lo que alimenta el escepticismo hacia estos últimos.
El fracaso de los proyectos ideológicos de la modernidad
El colapso de las grandes utopías políticas y sociales ha contribuido a una visión más escéptica sobre los grandes relatos y las promesas de un futuro ideal.
Lo que entendemos por verdad y sus tres planos
Para abordar el concepto de verdad, es útil distinguirla en tres niveles interconectados:
Plano de la realidad: la verdad de las cosas
Se refiere a que las cosas que existen son verdaderas en sí mismas; no son ficciones de nuestra imaginación. Esta realidad es la fuente primaria de la verdad, conocida como verdad ontológica.
Plano del conocimiento de la realidad
En este nivel, la inteligencia capta la realidad de diversas maneras y se la representa internamente a través de ideas. A partir de estas representaciones, alcanzamos síntesis y formulamos teorías para comprender el mundo.
Plano de la expresión de nuestro conocimiento
Alcanzamos una mayor claridad sobre las cosas cuando intentamos formular y expresar lo que sabemos sobre ellas. Al verbalizar lo que pensamos, no solo conseguimos aclararlo para nosotros mismos, sino que también podemos transmitir nuestro conocimiento a los demás.
El desafío de la difusión del conocimiento
Los problemas en la transmisión de la verdad
La primera gran dificultad de la verdad es conseguirla; la segunda, y no menos importante, es transmitirla. Saber algo no garantiza que podamos comunicarlo eficazmente. Para transmitirlo, es necesario expresarlo bien y, además, que el receptor lo entienda correctamente.
Existen distintos grados de dificultad según lo que queramos transmitir. Los conocimientos de las ciencias positivas, al ser objetivos y externos, se pueden comunicar con mayor facilidad. Aquello que admite una demostración empírica se transmite de manera muy directa.
Por el contrario, la sabiduría es muy difícil de transmitir, porque es una elaboración personal e intransferible. La sabiduría solo se puede ofrecer y transmitir a través de la autoridad moral; no se puede imponer.
Actitudes intelectuales para el diálogo
Los conocimientos no deben imponerse, sino proponerse. Aunque durante el periodo de aprendizaje existe un cierto desequilibrio y una autoridad del que enseña —porque el que aprende no tiene por sí mismo los medios para llegar a la verdad—, toda transmisión de conocimiento debe realizarse, en última instancia, con un espíritu de diálogo. Para ello, son fundamentales las siguientes actitudes:
La apertura mental
Es la capacidad de prestar atención a los demás y a la experiencia, manteniendo una disposición constante para seguir aprendiendo y reconsiderar las propias ideas.
La tolerancia
Como virtud social, la tolerancia implica aceptar que otras personas puedan tener ideas, creencias o costumbres distintas a las nuestras. La base para iniciar un diálogo constructivo es evitar considerar como enemigos a quienes piensan diferente.
El respeto
Toda persona merece respeto incondicional. Este debe extenderse no solo a la persona en sí, sino también a su conciencia y a sus convicciones más profundas.