Escepticismo académico y la certeza del yo: Pirrón y San Agustín en La Ciudad de Dios

Enviado por Chuletator online y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 4,67 KB

Escepticismo académico y certeza de la propia existencia básico

Pirrón de Elis fundó la primera escuela escéptica. Su pensamiento fue recogido por la Academia nueva. El escepticismo tiene dos partes: una teórica, según la cual no hay ninguna verdad segura, y otra práctica, en la que, como consecuencia, desaparece toda inquietud; alcanzamos la serenidad de ánimo, que nos permite alcanzar la felicidad.

«Nada es más»: este es el lema del movimiento escéptico; ninguna cosa es más cierta ni más falsa, ni mejor ni peor. Los argumentos escépticos se basan en que todas nuestras percepciones tienen un valor relativo: sólo nos permiten conocer la apariencia de las cosas. Nuestras opiniones son convencionales; se basan en la costumbre, en lo que otros han repetido previamente.

Fundamentos y práctica del escepticismo

La única postura sensata es suspender el juicio. Una persona escéptica diría: «siento frío», pero no «hace frío», ya que sólo puede saber que él o ella tiene frío o calor. A esta postura de no emitir juicios —sino exclusivamente opiniones— se la llamó suspensión del juicio.

  • Parte teórica: niega verdades absolutas y pone en cuestión la certeza de las percepciones.
  • Parte práctica: conduce a la calma y a la serenidad al abandonar la ansiedad por certezas definitivas.

La suspensión del juicio no significa abandonar la crítica. El filósofo dogmático cree que posee la verdad; el filósofo escéptico se define como un buscador de la verdad, pero afirma que es imposible encontrarla. Su principal tarea es destruir los argumentos dogmáticos.

Sabiduría e iluminación básico

El cristianismo trajo una nueva forma de entender el mundo que resultaba extraña a la cultura grecorromana. Desde el principio se planteó el problema de la relación de la nueva religión con la tradición filosófica. Algunos cristianos consideraban que la sabiduría cristiana era totalmente incompatible con la sabiduría pagana. San Agustín pensaba que el cristianismo podía aprovechar los elementos positivos que se encontraban en los filósofos para elaborar una nueva sabiduría, centrada en la fe en Cristo.

La filosofía de San Agustín es una búsqueda hacia el interior y hacia arriba: «Quiero conocer a Dios y al alma». La búsqueda de la verdad debe comenzar por la evidencia de uno mismo. Así se puede superar la duda escéptica de la Academia nueva. «Somos, conocemos que somos y amamos este ser y este conocer... pues si me engaño, existo... como conozco que existo, así conozco que conozco. Y cuando amo estas dos cosas, les añado el amor mismo, algo que no es de menor valía».

Contextualización 1ª: San Agustín — La Ciudad de Dios

Su título latino original es De civitate Dei contra paganos, es decir, La Ciudad de Dios contra los paganos. Es una obra enciclopédica y, en apariencia, desordenada. Se tratan temas muy diversos, como la naturaleza de Dios, el martirio, el judaísmo, el pecado, la muerte, la ley, el tiempo, la providencia, el destino y la historia, entre muchos otros. En ella se explica el sentido de la historia desde la creación del mundo hasta el Juicio final. Es una historia lineal y no circular, en contra de la concepción griega, y está dividida en seis edades, correspondientes a los seis días bíblicos de la creación del mundo.

La obra está dividida en dos partes. Los primeros diez capítulos atacan las opiniones de quienes creen que el culto a los dioses paganos tiene utilidad en esta u otra vida. Roma no se tambalea por culpa de los cristianos, sino por las miserias del paganismo. Pero Roma no arrastrará consigo más que sus propios pecados. El triunfo de la Ciudad de Dios está asegurado.

Los últimos doce capítulos tratan del origen de las dos ciudades, de la creación y del origen del mal, de su desarrollo y de su desenlace. Al hablar Agustín, en el libro XI, de Dios, de su bondad y de la creación, compara a la Trinidad con el alma humana, y esto le lleva a las tres verdades que podemos descubrir por autoconocimiento.

Observaciones finales

La lectura conjunta del escepticismo académico y la propuesta agustiniana permite comprender dos respuestas distintas a la misma problemática: por un lado, la negación de certezas absolutas y, por otro, la búsqueda de una certeza interior que funda la relación con lo divino y con el propio yo. Ambos enfoques marcan la historia del pensamiento y presentan recursos teóricos y prácticos para abordar la duda, la verdad y la serenidad.

Entradas relacionadas: