El Escenario Político de la España Isabelina: Partidos, Conflictos y Transición
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El Régimen Político Isabelino
La reina podía escoger y deponer sin límites al jefe del gobierno y sus ministros, de ahí que en muchas ocasiones se recurra al Juntismo como herramienta política. Por otro lado, la libertad de imprenta debía sujetarse al cumplimiento de las leyes y se suprimían las elecciones municipales y la Milicia Nacional, pilares del poder político de los progresistas.
Para asegurar el mantenimiento del orden público y aplicar una política centralista, elaboraron nuevos códigos Civil (1844) y Penal (1848); establecieron una reforma fiscal y crearon la Guardia Civil (1844), que se convirtió en el brazo armado de los grandes terratenientes contra el bandolerismo y las agitaciones sociales del campo español.
Partidos y Tendencias Políticas
Las principales tendencias entre los liberales siguieron siendo la moderada y la progresista; se fueron convirtiendo en partidos políticos más organizados, pero a su vez aparecieron otros, como el Partido Demócrata y la Unión Liberal.
El Partido Demócrata surgió como el ala más radical de los progresistas y fue la primera expresión política del pensamiento democrático en España, mientras que la Unión Liberal, dirigida por el general O’Donnell, aglutinó a sectores moderados y progresistas, y se propuso armonizar la libertad y el orden con la renovación del sistema político. Fue un partido moderado apoyado por importantes mandos del Ejército.
También existieron otros grupos relevantes, como los carlistas y los republicanos, estos últimos dando inicio años después a la I República en España.
Dinámicas Políticas y el Papel del Ejército
La consolidación y diversificación de las opciones políticas no supuso un mejor funcionamiento de la alternancia política. El ejército siguió sustituyendo a la mecánica electoral para asegurar el cambio político.
Así, en 1854, la división interna del moderantismo facilitó el regreso al poder de los progresistas. El pronunciamiento del general O’Donnell (la Vicalvarada), descrito en este manifiesto, así como el posterior levantamiento del pueblo madrileño contra el gobierno, obligaron a la reina a llamar de nuevo al general progresista Espartero para gobernar, dando inicio al conocido periodo Trienio Progresista.
Hacia el Fin del Reinado y Nuevos Horizontes
A finales de este siglo el escenario ideológico que muestra España es un claro reflejo de la limitada base político-social sobre la que se sustenta. Se evidencia la fragilidad que presenta la monarquía de Isabel II, quien en 1868 terminará siendo destronada.
Tras esto, daremos paso al Sexenio Democrático, periodo que se caracterizará por un intento de establecer un sistema democrático y otro republicano, pero que culminará con el retorno del sucesor de Isabel, su hijo Alfonso XII, dando inicio a la Restauración borbónica.