Escalera de participación infantil y ciudades amigables para la infancia

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Escalera de participación: Hart

Participar es un proceso de decisiones compartidas que afectan a la vida privada y comunitaria. Es el medio para construir una democracia, así como para juzgarla. La participación infantil supone:

  1. Aportar y cooperar para el progreso comunitario.
  2. Generar confianza en sí mismos y el principio de iniciativa.
  3. Ubicarlos como sujetos sociales.

Fases

  1. Manipulación.
  2. Decoración.
  3. Participación simbólica.
  4. Asignados pero informados.
  5. Consultados e informados.
  6. Proyectos iniciados por adultos pero compartiendo decisiones con los niños.
  7. Iniciados y dirigidos por niños.
  8. Iniciados y dirigidos por niños compartiendo decisiones con los adultos.

Ciudades de los niños

Tonucci propone, a través de los mismos niños, a las administraciones urbanas que cambien el parámetro: que pasen del adulto varón, activo y automovilista al niño, y que bajen el punto de vista a la altura de la infancia para no olvidar a nadie. El supuesto en que se basa es sencillo pero revolucionario: cuanto más se adapte la ciudad a los niños, mejor viven sus habitantes. Cuando el niño expresa sus exigencias, expresa también las de personas con discapacidad y ancianos; por eso se pretende convertirlo en una nueva filosofía de gobierno. Es un proyecto de carácter transversal: se trata de cambiar la ciudad. Ejemplo: Roma.

La ciudad de los niños: ejes principales

1. Autonomía del movimiento

Devolver la ciudad a los niños y los niños a la ciudad. La pérdida de autonomía es una de las transformaciones más llamativas de los últimos años, por lo que devolverla es el mejor camino para recuperarla y tener una vida plena. Cuando puedan salir solos a la escuela, a jugar y a pasear, los grupos más vulnerables en general podrán vivir la experiencia del paseo y el encuentro. Sin un control directo de los adultos se podrán implicar en el juego que les llevará a grandes conquistas. Esto puede ayudar a ganar la batalla contra la 'TV canguro', que predispone a la pereza, a la obesidad y al consumismo. Se plantea el proyecto A la escuela, vamos solos, para que así los niños de seis años puedan ir solos sin el control del adulto; así encontrarán la libertad para crecer bien y se redescubrirán las actitudes de cuidado y responsabilidad que hoy parecen haber desaparecido.

2. Participación de los niños en el gobierno de la ciudad

En la ciudad de los niños la participación es verdadera. Los niños tienen derecho a expresar su opinión y a ser escuchados siempre que se tome una decisión que les afecte (artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño). Hay que encontrar los canales adecuados. Se propone crear el consejo de niños, sin reproducir el modelo adulto, que colabore con la administración para un gobierno más cercano a la infancia. Otra forma de participación es la planificación compartida: un grupo de niños trabaja con un técnico para proyectar una obra que dispone de un mandato expreso de la administración de la ciudad. El técnico intenta llevar a cabo las ideas y propuestas y el gobernante puede asegurar la realización gracias a las garantías que ofrece el técnico. Las obras que siguen este patrón son más atractivas y originales.

Propuestas y experiencias

Queremos que la ciudad nos deje salir; es indispensable para el juego infantil sin que los padres los acompañen. En Roma se trabajó en esto durante un año, ya que cualquier niño sabe que sus padres no le darán permiso para salir porque la ciudad no lo permite. Ha cambiado: se habilitó espacio público para jugar, para desarrollar capacidades, autonomía y competencias que brindan las nuevas experiencias y su enriquecimiento. En este tema se encontró una contradicción entre el reglamento de Roma y la Convención sobre los Derechos del Niño que el ayuntamiento arregló a favor de los niños.

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