Empirismo y racionalismo en la filosofía moderna: Hume, Descartes y los límites del conocimiento
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Empirismo y racionalismo en la filosofía moderna
Tanto el racionalismo como el empirismo son corrientes de pensamiento de la filosofía moderna que se centran en el tema del conocimiento, lo que conocemos como giro epistemológico. Se articulan alrededor de dos grandes interrogantes: el origen y los límites del conocimiento. Estas dos corrientes se basan en el subjetivismo, al afirmar que nuestro conocimiento es un conocimiento de ideas. Además, están determinadas por el surgimiento de la Nueva Ciencia: en Descartes se relaciona con Galileo, mientras que en Hume se asocia con Newton, cuya obra culmina la revolución científica.
Diferencias geográficas y de enfoque
El empirismo y el racionalismo se diferencian, en primer lugar, por su lugar de origen: el racionalismo se desarrolló principalmente en el continente europeo, mientras que el empirismo predominó en las islas británicas.
Características principales del empirismo
La primera característica del empirismo, retomada de Aristóteles, es que nuestra mente es tamquam tabula rasa, es decir, la mente es como una tabla en blanco que se va llenando de contenido procedente de la experiencia. Este es el principio fundamental del empirismo y conduce a la segunda característica: la negación de las ideas innatas que fundamentan todo el sistema racionalista. Esto quiere decir que el origen de nuestro conocimiento está en la experiencia y que, anterior a ella, no hay nada.
Si no hay ideas innatas, la ciencia progresa mediante la observación, la experimentación y la inducción; por eso el modelo de la ciencia serán las ciencias naturales, concretamente la física. Por lo tanto, nuestro conocimiento tiene un límite: la experiencia.
Otra característica es la negación de la metafísica: con ello se cuestiona la idea de sustancia, la de atributos y la de modos —conceptos sobre los que Descartes sí hablaba—. Al negar estas nociones se niega también la sustancia infinita que es Dios, por lo que se ponen en duda las pruebas demostrativas tradicionales de la existencia divina.
Todas estas características, en Hume, conducen a un fenomenismo: solo podemos conocer lo que nos viene dado por la experiencia; más allá de ella no podemos conocer, lo que remite al escepticismo.
David Hume: breve contexto biográfico
Hume siempre quiso dedicarse a la filosofía, pero lo persuaden para estudiar derecho. Pasó un tiempo en La Flèche, donde escribe su obra fundamental Tratado sobre la naturaleza humana, que él mismo consideró «nació muerto», es decir, que no tuvo ningún tipo de éxito inicial. Aun así, más tarde publica la Investigación sobre el entendimiento humano, que sí tuvo éxito. Se presentó a una cátedra de ética en Edimburgo y no la obtuvo por su escepticismo y su ateísmo. Su objetivo era hacer con las ciencias morales lo que Newton hizo con las ciencias naturales: introducir novedades metodológicas análogas en el estudio de las ciencias humanas.
Contenido del pensamiento de Hume: percepciones, impresiones e ideas
El contenido de nuestro pensamiento son las percepciones, que Hume divide en impresiones e ideas. Dentro de las impresiones distingue las de sensación y las de reflexión, lo que significa que las percepciones son dobles: pueden ser sentidas y pueden ser pensadas. Una sensación alude a los cinco sentidos externos —por ejemplo, un color—; en cambio, una reflexión remite a los sentidos internos —por ejemplo, el dolor.
Las impresiones se caracterizan por ser actuales, vivas y enérgicas: cuando hablamos de ellas hablamos de sentir. En cambio, las ideas no son actuales, son menos vivas y enérgicas y se convierten en recuerdos: al hablar de ellas hablamos de pensar. Además, Hume distingue dos tipos de ideas: las ideas simples, que proceden de forma directa de las impresiones, y las ideas complejas, que son elaboradas por nuestra mente a partir de unos mecanismos psicológicos —lo que Hume denomina psicologismo—; mediante estos mecanismos la mente combina ideas simples para formar ideas complejas.
Si no hay impresión no hay idea: todas las ideas necesitan de una impresión. Este es el principio de correspondencia: a toda idea le corresponde una impresión. La mente no crea las ideas; con las ideas simples no hay problemas, pero el problema se encuentra con las ideas complejas porque proceden de la asociación de ideas simples. Uno de los principios del empirismo es, por tanto, el psicologismo: la mente asocia las ideas mediante la imaginación; si a una idea no le corresponde una impresión, se convierte en una ficción. Para Hume, la sustancia es una colección de cualidades particulares.
Crítica a la metafísica cartesiana y al conocimiento de Dios
Toda la metafísica cartesiana se centra en la idea de sustancia, que es una idea compleja, al igual que los atributos y los modos. Dentro de la sustancia hay que distinguir entre la identidad personal, el resto de las sustancias y la sustancia de Dios; sin embargo, no tenemos ninguna impresión de ninguna de ellas, por lo que Hume sostiene que ninguna existe realmente en el sentido en que la metafísica tradicional la concebía. En consecuencia, las pruebas demostrativas de la existencia de Dios no son válidas porque, según Hume, no demuestran nada.
Dos tipos de conocimiento según Hume
Hume habla de dos tipos de conocimiento:
- Relaciones entre ideas: son el conocimiento de las matemáticas o del álgebra; son conocimientos a priori, necesarios y demostrables por el mero análisis de ideas.
- Conocimiento de los hechos: es el conocimiento de nuestras impresiones actuales (color, sabor, etc.), sintético y empírico.
Las relaciones entre ideas plantean un problema porque no hacen referencia a ningún hecho concreto. Por ejemplo, la causalidad es una relación de la que no tenemos seguridad absoluta: no tenemos una impresión de la conexión necesaria entre causa y efecto; nos basamos en la costumbre, y para Hume esta costumbre funciona como una segunda naturaleza.
Conclusión
El contraste entre empirismo y racionalismo en la filosofía moderna plantea cuestiones fundamentales sobre el origen, la validez y los límites del conocimiento. La propuesta humeana, centrada en la experiencia, la distinción entre impresiones e ideas y la crítica a la metafísica tradicional, conduce a un escepticismo metódico que influirá profundamente en la filosofía posterior.