La Eficacia del Consejo Psicológico: Factores Sociales, Capacidad Intelectual y el Debate Rogers-Thorne

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Limitaciones de la Intervención Psicológica y el Contexto Socioeconómico

Healy reconoció que, sin mejores condiciones sociales y económicas, esos progresos no tienen ningún efecto práctico sobre la delincuencia. Rogers, por su parte, observa: “Una inestabilidad profundamente arraigada, agrupaciones de delincuentes, la desocupación y la falta de capacidad utilizable socialmente crean una situación en que los progresos psicológicos parciales que algunos individuos hayan podido hacer carecen de efecto.”

En suma, para que un consejo psicológico pueda tener eficacia, hace falta no solo que el sujeto sea capaz de cambiar, sino que el medio permita cierta libertad de elección entre diversas maneras de comportarse.

La Justificación de las Técnicas Directivas

Dadas las limitaciones precedentes, en todos los casos en que un consejo psicológico o una psicoterapia no son posibles, un examen psicológico con propósito de diagnóstico puede ser indicado. En ese caso, las técnicas directivas se justifican a pesar de sus insuficiencias.

Otra limitación de la actitud no directiva, adoptada plenamente, es para nosotros una experiencia cotidiana. Llevar a los sujetos a considerar que para ellos se plantea un problema de orientación y proceder de tal modo que sientan deseo o necesidad de ser orientados, es una primera etapa importante previa a toda orientación no directiva.

El Proceso de Orientación y la Generación de Inquietud

Es necesario, en efecto, interesarlos y dar prestigio al examen ante ellos. Hay que demostrarles que sus proyectos están insuficientemente estudiados; que su determinación no es más que aparente y que en el fondo están muy desorientados. El consejero de orientación erige obstáculos y provoca inquietudes; en eso puede considerarse que se mostró agresivo o muy directivo.

Sin embargo, en la medida en que el sujeto llega a concebir que el consejero trabaja para su provecho y que los obstáculos que señala son datos objetivos (características de los sujetos o de la situación exterior), su inquietud se desarrollará en una atmósfera de seguridad y objetividad. Eso es posible porque el examen de orientación puede ser el lugar y momento de la búsqueda de solución.

Inteligencia y Adaptación

Comprobamos, en cambio, que una inteligencia limitada no constituía un obstáculo para una orientación directiva. La preocupación por su propio interés y un simple buen sentido permiten a todo sujeto normalmente equilibrado rechazar proyectos que sobrepasan su capacidad.

Queremos formular finalmente dos observaciones:

1. El Papel de las Capacidades Intelectuales en la Readaptación

Hemos apuntado que Thorne reprochaba a Rogers no tener en cuenta las capacidades intelectuales, consideradas como funciones de adaptación. El reproche se dirige en contra de cierta concepción de la inadaptación que solo sería el resultado de conflictos afectivos, que dominan, de manera permanente, todo el comportamiento de ciertos neuróticos. La inteligencia aparece como obnubilada por actitudes inadecuadas. Pero, en la medida en que se concede a la conciencia y a la adquisición de conciencia algún papel en el proceso de readaptación, no se puede eliminar el papel de las capacidades intelectuales.

De todos modos, en el ámbito del tratamiento de casos no patológicos, las capacidades intelectuales, en la medida en que ejercen su actividad de control, constituyen medios de adaptación. Nos parece, pues, que la actitud no directiva no está ligada estrictamente a una concepción de la personalidad centrada en los problemas afectivos y que puede, efectivamente, desarrollarse como actitud metodológica, de manera independiente.

2. La Actitud Esencial del Entrevistador

La segunda observación se refiere a un aspecto de la actitud del entrevistador que creemos esencial. El punto de vista de Rogers parece bastante exclusivo porque está inspirado en una actitud fundamental de confianza en la capacidad de desarrollo del individuo, dado que el examen se conduce de tal modo que el sujeto experimenta verdaderamente esa confianza y el respeto que se tiene por su autonomía personal.

Las técnicas de conversación que propone solo tienen por objeto poner en acción esa actitud, que se le aparece como la única válida en el plano de la psicología. Adoptar estas técnicas y centrar las entrevistas o los exámenes en el sujeto favorece, pues, el desarrollo de la actitud no directiva; pero si esos medios son considerados por el psicólogo como “astucias” que no comprometen en nada la eficacia de su actividad, esta se verá disminuida. Inversamente, si esa confianza es real y parte integrante de su personalidad, podrá a nuestro parecer dirigir sin riesgo las entrevistas y efectuar investigaciones sistemáticas, pues lo hará con pleno conocimiento y sabrá juzgar la oportunidad de tal o cual intervención.

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