La educación en Platón: formación, fases y la búsqueda de la idea del Bien
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La educación según Platón: orientar la inteligencia hacia la Idea del Bien
Para Platón, la educación consiste en orientar la inteligencia hacia el verdadero objeto del conocimiento, que es la comprensión de la idea del Bien. Para despertar la inteligencia es necesario desarrollar las capacidades y controlar los deseos irracionales. Platón buscó, mediante la educación, liberar el alma del cuerpo-prisión. Su plan educativo se divide en dos partes: la educación elemental, que comprende la preparación de los y las jóvenes hasta la edad de veinte años y culmina con el comienzo del servicio militar, y
la educación superior, destinada a quienes han superado la primera fase. Esta etapa comprende desde los veinte años hasta los treinta y cinco años. Quienes no entren en esta segunda fase formarán la clase productora y artesana. La primera fase comprende gimnasia y música. La gimnasia no se limita a desarrollar el cuerpo; también tiene como objetivo la formación del carácter.
La música y la formación del carácter
La música incluye, además de la música, la formación artística o humanística: todo lo que inspira a las nueve musas. El arte posee un gran poder para la formación del carácter; permite inculcar en la psique creencias y opiniones estimulantes, maneras de pensar y actuar. Por eso, Platón introduce la censura. Los poetas y las poetisas sólo deben imitar la areté: valor, piedad, dignidad. La música tendrá que ser masculina y valiente, y no una música débil, orientada al placer. Deben descartarse todas aquellas fábulas que presentan a los dioses y a los héroes como seres dominados por pasiones, capaces de matar por venganza, de ser infieles o de mentir para aprovecharse.
Una vez superada esta primera fase del sistema educativo de Platón, los y las mejores pasarán a la etapa siguiente. Los y las futuras guardianes y gobernantes tienen que aprender varias ciencias.
Segunda etapa: ciencias y ascenso intelectual
La segunda etapa comprende las siguientes ciencias: aritmética, geometría, astronomía y dialéctica.
El mito de la caverna y los dos mundos
Las ciencias se corresponden con el conocimiento del mundo exterior en el mito de la caverna. Existen dos mundos: el mundo sensible, la caverna, y el mundo de las Ideas, el exterior. Las Ideas son únicas, inmutables, indivisibles y eternas. Son también las características de los conceptos; aunque para Platón las Ideas no son sólo realidades mentales, sino la verdadera realidad, y las cosas nos permiten imaginar su belleza y su realidad. El mito de la caverna nos muestra las dificultades que encontrará el o la estudiante para pasar de la ignorancia al conocimiento de la idea del Bien, dificultad que viene expresada con el paso de la oscuridad a la luz, hasta poder contemplar directamente el sol en el cielo.
Las matemáticas como escalones hacia la verdad
La primera de las ciencias que les ayudará a pasar de las tinieblas del mundo sensible a la luz del mundo inteligible es la aritmética, ciencia del cálculo. El matemático da por supuestas ciertas nociones, tales como el par y el impar, que no necesita demostrar (axiomas), y que son el punto de partida del proceso deductivo que permite obtener diferentes conclusiones.
La segunda es la geometría. Los matemáticos se apoyan en figuras geométricas, pero no pensando en ellas mismas, sino en aquello de lo que son imagen. Discuten sobre el cuadrado en sí, pero no sobre lo que dibujan; así ven aquello que sólo puede ser visto por el pensamiento.
La tercera ciencia que estudiarán es la astronomía. La belleza del cielo debe verse como un reflejo de la belleza del mundo inteligible. Al llegar a los treinta años se escogerá a quienes hayan demostrado mejores condiciones para el estudio y la guerra, y se los iniciará en la dialéctica.
La dialéctica: ascenso hacia la Idea del Bien
El dialéctico parte de hipótesis —por ejemplo, la idea de la justicia—, pero estas hipótesis son verdaderas hipótesis, algo provisional: trampolines o peldaños que permiten ascender hasta el principio de todo, un principio no hipotético. En esta ascensión no recurre a nada que no sean las Ideas tomadas en sí mismas. De este modo, de Idea en Idea, se consigue la Idea del Bien, idea suprema y fundamento de la inteligibilidad y del ser del mundo de las Ideas.
En principio la dialéctica es un proceso ascendente, pero también hay una dialéctica descendente, proceso inverso que reconstruye la serie de las Ideas sin recurrir a la experiencia sensible. Esto permite establecer las relaciones y jerarquías de las Ideas.