Educación y comunicación popular: Pedagogía del oprimido de Paulo Freire para la transformación social

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Educación y comunicación popular

Paulo Freire — Pedagogía del oprimido

Cuanto más analizamos la relación educador-educados, se presenta un carácter especial y dominante: el de ser relaciones de naturaleza fundamentalmente narrativa, discursiva, disertadora. Narración de contenidos que implica un sujeto (que narra) y objetos pacientes, que oyen (los educados). Narrar es referirse a la realidad como algo detenido, estático o, en su defecto, disertar sobre algo completamente ajeno a la experiencia existencial de los educados.

El educador aparece como agente indiscutible cuya tarea es llenar a los educados con los contenidos de su narración; un verbalismo alienado y alienante. Es por esto que una de las características de la educación disertadora es la sonoridad de la palabra y no su fuerza transformadora, y conduce a los educados a la memorización mecánica del contenido narrado. La narración los transforma en «vasijas», en recipientes que deben ser llenados por el educador. De este modo, la educación se transforma en un acto de depositar en el cual los educados son los depositarios y los educadores quienes depositan. Tal es la concepción bancaria de la educación, en la que el único margen de acción que se ofrece a los educados es el de servir: depositar, guardar y archivar.

En esta visión distorsionada de la educación no existe creatividad alguna, ni transformación ni saber auténtico. En la educación bancaria el conocimiento es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que se juzgan ignorantes. Donación que se basa en la opresión. El educador será siempre el que sabe. La rigidez de estas posiciones niega a la educación y al conocimiento como procesos de búsqueda. El educador se enfrenta a los educados como su antinomia necesaria. Reconoce la razón de su existencia en la ignorancia de los últimos. Los educandos, alienados a su vez, reconocen en su ignorancia la razón de la existencia del educador, y les resulta difícil descubrirse como educadores del educador.

La educación libertadora

La razón de ser de la educación libertadora radica en su impulso inicial conciliador y debe comenzar por la superación de la contradicción educador-educado.

En la concepción bancaria no es de extrañar que los hombres sean vistos como seres de la adaptación, del ajuste. Cuanto más se ejerciten los educandos en el archivo de los depósitos que les son hechos, tanto menos desarrollarán en sí la conciencia crítica. Cuanto más se les imponga pasividad, tanto más tenderán a adaptarse al mundo en lugar de transformarlo. En la medida en que esta visión bancaria anule el poder creador de los educados o lo minimice, más satisface los intereses de los opresores. En verdad, lo que pretenden los opresores es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime. Esta situación permite una forma más eficaz de dominación.

Características contrapuestas

  • Educación bancaria: transmisión unidireccional, memorización, pasividad, reproducción de la opresión.
  • Educación problematizadora: diálogo, pensamiento crítico, acción transformadora y reconocimiento del sujeto como agente.

El educador humanista, revolucionario, debe orientarse en el sentido de la liberación de ambos (educador y educados). Debe orientarse hacia el pensamiento auténtico y no hacia la donación o la mera transmisión de conocimientos. Su acción debe estar empapada de una profunda creencia en los hombres. La concepción bancaria esconde su marca de necrofilia, de opresión y de control aplastador (Fromm).

La educación que se impone a quienes verdaderamente se comprometen con la liberación no puede basarse en una comprensión de los hombres como seres vacíos para llenar; sería utilizar las mismas armas de la dominación. Al contrario de la concepción bancaria, la educación problematizadora niega a los comunicadores unilaterales y da existencia a la comunicación entre los hombres en sus relaciones con el mundo. La educación problematizadora antepone, desde luego, la superación de la contradicción educador-educados y hace posible la relación dialógica en torno al mismo objeto cognoscible.

De este modo, el educador ya no es solo el que educa, sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Los hombres se educan en comunión, y el mundo es el mediador. La educación problematizadora se hace así un esfuerzo permanente a través del cual los hombres van percibiendo críticamente el mundo.

De esta manera, profundizando la toma de conciencia de la situación, los hombres se apropian de ella como realidad histórica y, como tal, capaz de ser transformada por ellos, y pueden luchar por su emancipación. Esta es la razón por la cual la concepción problematizadora de la educación no puede servir al opresor. Ningún orden opresor soportaría que los oprimidos empezaran a decir: «¿Por qué?»

Palabras clave

Educación bancaria, educación problematizadora, diálogo, conciencia crítica, liberación.

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