Edipo Rey: Caracterización, Paternalismo y la Ironía Trágica en el Prólogo de Sófocles
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El Discurso del Sacerdote: Edipo como Salvador de Tebas
Luego, el sacerdote retoma los halagos, diciéndole que nadie lo iguala a un dios, pero lo consideran el primer tebano, el más importante, pues es el rey. Lo salvó de la “inflexible cantora”, es decir, de la Esfinge, y lo hizo sin ayuda de ninguna persona, sino con ayuda de un dios, lo que indirectamente sugiere que Edipo es el regalo de los dioses a Tebas.
Vemos que no solamente Edipo tiene una actitud paternal con su pueblo, sino que su pueblo también tiene una relación de hijo con él: lo ponen en el lugar de padre y lo hacen responsable de resolver sus problemas.
La Súplica Final y el Fomento del Orgullo
Finalmente, el sacerdote termina su súplica pidiéndole que, con ayuda de quien sea, salve la ciudad nuevamente. Alterna halagos —“el más poderoso de todos”, “el más distinguido de los hombres”— con argumentos de por qué al propio Edipo también le conviene salvar la ciudad:
- No quiere ser recordado como el que salvó a la ciudad para luego, finalmente, dejarla caer.
- De nada le sirve ser rey de una ciudad sin población.
Así se cierra el discurso del sacerdote. Comprendemos que la ciudad fomenta ambos rasgos de su personalidad, tanto el paternalismo como el orgullo, pues ellos cumplen el rol de hijos y lo consideran un enviado de los dioses y su salvador.
La Respuesta de Edipo: El Rey Benevolente y Proactivo
En su respuesta, Edipo afirma que ya estaba al tanto de la peste que asolaba la ciudad, y sostiene que de todos los habitantes de Tebas es el que más sufre, por sí mismo y por el sufrimiento de todos los demás, a quienes considera sus hijos. Seguimos viendo sus rasgos de rey benevolente, preocupado y que incluso sufre al ver sufrir a su pueblo.
“No habéis despertado a un dormido” es una metáfora con la que quiere transmitir que está al tanto de todo lo que sucede. A continuación, dice que no solamente ya conoce la situación, sino que además ya ha tomado medidas para resolverla, habiendo mandado a su cuñado Creonte al templo de Apolo a encontrar la solución a la peste.
La Ironía Trágica como Recurso Dramático
La Primera Ironía Trágica de la Obra
La primera ironía trágica de la obra se plantea aquí: “cumpliré inmediatamente lo revelado por el dios o seré un malvado”. Justamente, cumplir lo revelado por el dios lo pondrá en evidencia como un malvado, el responsable de la peste de Tebas.
La ironía trágica es un recurso que se da en la tragedia griega, en la que el espectador sabe toda la verdad, pero el personaje no, y por lo tanto, este dice cosas que son contradictorias con la verdad que no logra ver.
Cambio de Tono y Agilización de la Acción
Luego de estos extensos discursos, se suceden diálogos de respuestas cortas, lo cual cambia el tono dramático. Después de los largos parlamentos que nos ubicaron en la situación, se utilizan estos diálogos para agilizar la acción y generar más dinamismo en la obra.
Creonte se acerca coronado de laureles, en símbolo de victoria, lo que anticipa que ya tiene la respuesta. Creonte le pregunta a Edipo si debe revelar la verdad frente a todo el pueblo. Edipo le dice que sí, pues no mantiene secretos de su pueblo, y además, este es un asunto que los afecta a todos.
La Revelación de Creonte y el Crimen de Layo
Creonte revela que para alejar la peste se debe “expiar una muerte con otra muerte”, es decir, dar muerte a los asesinos de Layo. En un diálogo rápido, se nos pone al tanto de que Edipo cree no saber nada de Layo ni de su muerte, y que en ese momento el pueblo no hizo nada para resolver el crimen, pues estaba asolado por la Esfinge.
El Cierre del Prólogo: El Orgullo Reafirmado
Edipo luego hace otro discurso en el que nuevamente se nos muestra su orgullo diciendo: “otra vez seré yo mismo quien aclare todo desde el principio”. Se ve que Edipo se siente sumamente cómodo en ese rol de mesías que la ciudad le ha otorgado.
Vemos otra ironía trágica cuando dice: “No es en favor de amigos lejanos sino en el mío propio que alejaré este pecado”, ya que sabemos que la resolución del crimen será su perdición. También dice inocentemente que cualquiera que haya matado a Layo, también podría matarlo a él.
El prólogo se cierra con Edipo diciendo que tomará acción e invitando a todos a levantarse y hacer lo mismo, y el sacerdote se muestra feliz, pues ha logrado su cometido.