La dualidad de la realidad: Objetos y ámbitos en la experiencia humana
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La dualidad de la realidad: Objetos y ámbitos
Para pensar correctamente, debemos centrarnos en dos niveles de realidad: el de los objetos y el de los ámbitos. En este último, es fundamental destacar el papel de los sujetos.
1. La dimensión objetiva
El primer nivel al que atiende nuestra mirada es el objetivo, aquel que nos permite tener un conocimiento superficial de la realidad para dominarla, clasificarla o utilizarla para nuestros fines. A todas las realidades que están frente al hombre y pueden ser examinadas por este sin comprometer su propio ser, las llamamos objetos. Son realidades objetivas que poseen las siguientes características:
- Pueden ser medidas y pesadas.
- Son susceptibles de ser situadas en el espacio.
- Pueden ser dominadas y manejadas.
Afirmar la dimensión objetiva de una realidad es afirmar parte de la verdad; es necesario conocerla y profundizar en ella. Sin embargo, una mirada que atiende solo a esta dimensión, olvidando o marginando la dimensión ambital, es una mirada miope, pues reduce toda la riqueza de la realidad a la suma de sus dimensiones objetivas.
2. La naturaleza de los ámbitos
Los ámbitos se sustentan siempre en realidades objetivas —atraviesan los objetos—, pero los trascienden. Cuando los ámbitos son descubiertos por el hombre, le interpelan personalmente. Sus rasgos distintivos son:
- No se pueden medir ni pesar.
- No ocupan un espacio físico.
- Poseen una dimensión misteriosa que escapa al análisis técnico.
- Son campos de juego y espacios de posibilidades creativas.
- No pueden ser manipulados; son respetuosos y discretos.
Los ámbitos «solo se revelan al que entra en relación activa con ellos». Como señala C. S. Lewis, cuando un amigo muere, parte de nosotros muere con él: aquella parte que solo él sacaba de nosotros. Si existieran tres amigos (A, B y C), si A muriera, B no solo perdería la parte de A que hay en él, sino también la parte de A que hay en C. Esto nos lleva a cuestionar: ¿dónde empieza y acaba la persona? ¿En su realidad física? Es evidente que no.
3. El sujeto como centro de relación
Estos sujetos son las personas humanas. La inteligencia y la voluntad permiten al hombre crear los grados más altos de relación. Estas capacidades humanas responden a la necesidad intrínseca del ser humano de vincularse con el mundo y con los demás para alcanzar su propia felicidad y perfección.