Diferencias entre el Conocimiento Cotidiano y el Científico en el Ámbito Educativo

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El Saber Cotidiano: Definición y Características

Se suele llamar “saber cotidiano” a aquel conocimiento que se basa en la percepción inmediata de los sentidos, lo que habitualmente se denomina “sentido común”. Esta percepción espontánea no supone una explicación causal verificada, sino tan solo asociaciones descriptivas.

Muchas de estas percepciones, que por siglos han formado parte del saber común, subsisten como confusas metáforas del lenguaje. Por ejemplo, cuando decimos que el sol “sale” por el este o “se oculta” por el oeste. El sentido común indica, en efecto, que el sol se asoma y se pone, aunque, como bien sabemos hoy, es la Tierra la que en realidad gira sobre sí misma a través del movimiento de rotación. En este sentido, puede sostenerse que el conocimiento cotidiano no es necesariamente “incorrecto”, aunque sí “impreciso”.

La Contraposición con el Conocimiento Científico

Así pues, el “conocimiento cotidiano” se contrapone con el “conocimiento científico”, que supone una determinación causal de los fenómenos. Ahora bien, ¿en qué sentido puede ser considerado “conocimiento” un saber intuitivo y no causal? En el sentido en que puede resultar simplemente útil al individuo desde una perspectiva práctica. Aún cuando se desconozcan las causas del fenómeno, el sujeto puede realizar predicciones cotidianas que legitiman su saber.

El Valor Epistemológico y el Debate Pedagógico

Sin duda, el valor epistemológico de ambos saberes es diferente. Es interesante señalar que esta contraposición ha dado lugar a ciertos debates pedagógicos en torno al aprendizaje escolar:

  • La escuela y el saber científico: La institución imparte conceptos derivados del saber científico que, según los ámbitos sociales, pueden contraponer “saberes cotidianos” más o menos arraigados.
  • El conflicto de saberes: Mientras que lo esperable es que el “saber cotidiano” se ajuste a la precisión causal del saber científico, suele suceder que este se impone como una realidad verbal y paralela, propia del ámbito escolar.

El desafío pedagógico es, pues, superar este conflicto de saberes para promover una interpretación más amplia de la realidad, sin que esta descuide el valor práctico del conocimiento cotidiano.

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