El Despertar de la Nación: Conspiraciones Clave hacia la Independencia de México

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El Camino hacia la Independencia de México: Conspiraciones y Protagonistas

La ocasión se presentó con la abdicación de Carlos IV y Fernando VII. La Corona española dejó sin dirección a la colonia, por lo que, influenciados por la filosofía de la Ilustración, los criollos Primo de Verdad y Juan Francisco Azcárate, apoyados por el virrey José de Iturrigaray, reclamaron la soberanía en ausencia del rey legítimo. Lo siguiente fue un intento de golpe de Estado que terminó con el encarcelamiento de los cabecillas del movimiento, conocido como la Conjura del Ayuntamiento de la Ciudad de México. Esta derrota, lejos de producir desánimo, acrecentó aún más el resentimiento. En 1808, en la Ciudad de México, se iniciaron conjuras y conspiraciones contra la Península española.

La Conspiración de Valladolid (1809)

Valladolid (hoy Morelia), en 1809, fue escenario de una de las conjuras más significativas. Fue ideada por José Mariano Michelena, miembros del clero y oficiales del ejército realista. Buscaba la soberanía mientras el rey Fernando VII retomaba el poder. Algunos sostienen que no buscaban la independencia plena, sino la emancipación de España y la formación de un gobierno de ciudadanos de la colonia mexicana. Con tal de conseguir su fin, no les importaba iniciar una lucha armada; para ello, lograron convencer a un grupo de indígenas para que los apoyaran, con la promesa de eximirlos del pago de tributos. Dada su precaria situación económica y su difícil existencia, los indígenas aceptaron. Desgraciadamente, el 21 de diciembre de 1809, el movimiento fue descubierto y cada uno de sus miembros fue aprisionado. Los planes se frustraron y la clase baja no recibió lo prometido. Esta nueva derrota tampoco menguó los ánimos de los oprimidos; al contrario, las conspiraciones se multiplicaron con más fuerza.

La Conspiración de Querétaro: El Grito de Independencia

La conspiración que daría fin al gobierno español fue la de Querétaro. Tuvo como protagonista a una mujer, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, quien desempeñó un papel crucial para que el Grito de Independencia se realizara. Surgió con la idea de constituir una junta gubernativa que detentara el poder mientras regresaba Fernando VII. La junta era encabezada por el esposo de Doña Josefa, el corregidor Miguel Domínguez. Le acompañaban el capitán Ignacio Allende, partícipe de la conspiración de Valladolid, y el también capitán Juan Aldama.

Esta junta, desde un principio, estaba resuelta a lograr su cometido. Para ello, buscaron a un hombre que legitimara el movimiento en los distintos estratos sociales, pero, sobre todo, ante el pueblo, de quien dependerían llegado el momento de la lucha por la independencia. La persona idónea fue el cura Miguel Hidalgo y Costilla, reconocido por sus obras exitosas en todos los sitios en que había estado. Allende fue el encargado de invitar al cura a unirse a su «grupo de reflexión literaria».

Don Miguel Hidalgo y Costilla aceptó unirse al movimiento. Los conspiradores acordaron levantarse en armas en diciembre de 1810 en San Juan de los Lagos, Jalisco, pero fueron descubiertos en septiembre de ese mismo año. Al enterarse el corregidor Miguel Domínguez de que habían sido descubiertos, envió aviso a su esposa y la recluyó en sus habitaciones; sin embargo, Doña Josefa se las arregló para dar aviso al cura Hidalgo.

Temeroso de que sus planes una vez más se reprimieran y ellos fueran castigados, Hidalgo tomó la iniciativa de levantarse en armas la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Sus fieles, entre ellos un grupo de ochenta presos que el cura había liberado (la mayoría víctimas de las pésimas condiciones de vida y desigualdades sociales), se sumaron de inmediato al exhorto de luchar contra los gobiernos opresivos.

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