Descartes: sustancia extensa y la comunicación entre mente y cuerpo
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La sustancia extensa
La duda permite afirmar la existencia de la primera sustancia: el yo pensante. Este descubre, a su vez, la existencia de una segunda sustancia, Dios. A partir de aquí, Descartes se pregunta qué conocimiento claro y distinto podemos tener del mundo. Para responder, establece dos tipos de cualidades: las primarias, que son objetivas y pertenecen a los objetos, y las secundarias, que son subjetivas y dependen del sujeto que conoce.
Cualidades objetivas y la extensión
Por tanto, solo es posible tener conocimiento evidente de las cualidades objetivas del mundo, siendo la extensión la cualidad objetiva fundamental, entendida como la propiedad de ocupar una porción del espacio físico. El yo tiene plena conciencia de la diferencia entre la idea que posee de sí mismo como sustancia pensante y la idea que tiene del cuerpo, al que atribuye la propiedad de ser extenso.
Aunque no se puede dudar del yo pensante, todavía se puede dudar del cuerpo. Sin embargo, si se tiene una idea clara y distinta del cuerpo como algo extenso, y existe un Dios bondadoso que no permite el engaño cuando se usa correctamente la razón, entonces la existencia de las cosas extensas resulta evidente. Así, además de la sustancia pensante, existe otra sustancia finita y creada: la sustancia de los cuerpos, cuyo atributo fundamental es la extensión.
La materia o res extensa constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. Descartes concluye que el mundo real existe, aunque esto no implica que todo lo captado por los sentidos sea evidente, ya que los sentidos pueden engañar. Sin embargo, cuando el funcionamiento del mundo físico se explica mediante las matemáticas, se tiene la garantía de que ese conocimiento es verdadero.
Comunicación entre sustancias
El dualismo antropológico de Descartes afirma la existencia independiente de la sustancia pensante, o alma, y de la sustancia extensa, o cuerpo. Surge entonces el problema de explicar cómo se comunican entre sí y cómo es posible que una decisión del yo pensante provoque una acción corporal. Descartes responde que existe un punto en el centro del cerebro, la glándula pineal, a través del cual el alma y el cuerpo se hallan conectados; por ese conducto se transfiere información y el alma puede ordenar movimientos al cuerpo.
Libertad, determinismo y mecanismo
El cuerpo, como toda cosa extensa y material, está determinado por leyes mecánicas, del mismo modo que una máquina o un reloj. Si el yo pensante no fuera una sustancia distinta del cuerpo, no habría lugar para la libertad y el comportamiento humano sería puramente mecánico, algo que Descartes rechaza. La libertad es un bien cuya existencia defiende, ya que solo siendo libre puede dudar de todo. El alma, por tanto, es una sustancia que no puede someterse a las leyes mecánicas y deterministas que rigen el cuerpo.
Implicaciones del mecanicismo
El mecanicismo derivado del dualismo antropológico tuvo diversas implicaciones. Entre las positivas, estimuló la investigación biológica, fisiológica y médica, ya que, si el cuerpo es una máquina, puede ser desmontado y analizado. Esto favoreció el avance de la medicina mediante la práctica de disecciones en cuerpos humanos.
Puntos clave
- Distinción ontológica: hay una sustancia pensante y una sustancia extensa.
- Extensión como atributo: la extensión es la cualidad objetiva fundamental de los cuerpos.
- Comunicación alma-cuerpo: propuesta de la glándula pineal como punto de interacción.
- Mecanicismo: el cuerpo entendido como máquina impulsó las ciencias naturales y la medicina.
Observación final: la propuesta cartesiana mantiene la prioridad del conocimiento claro y distinto, sobre todo cuando se apoya en la razón y en las matemáticas, aunque reconoce los límites de los sentidos y las dificultades de explicar plenamente la interacción entre dos sustancias tan distintas.