Descartes: método cartesiano, duda metódica y la prueba de la existencia de Dios
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Descartes: método, duda metódica y la prueba de la existencia de Dios
Según René Descartes, para conseguir llegar al verdadero conocimiento se necesita un pensamiento libre de prejuicios. Una mente sin juicios previos es capaz de alcanzar la razón, lo que él denominaba la luz natural, entendida como la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso y de actuar correctamente. Sin embargo, para Descartes poseer la luz natural no era suficiente; lo importante era saber aplicarla correctamente.
El método cartesiano
Por ello establece el método cartesiano, un conjunto de reglas claras y sencillas que permiten entender con orden incluso lo que parece difícil. Estas reglas son:
- Regla de evidencia: aceptar únicamente como verdadero aquello que sea claro y que no suscite ninguna duda.
- Regla de análisis: dividir cualquier dificultad en las partes necesarias para resolverla mejor.
- Regla de síntesis: organizar el pensamiento de lo más simple a lo más complejo.
- Regla de revisión: revisar todas las cuestiones del razonamiento para comprobar que no falta ningún paso y que no existen errores.
Estas reglas sirven para que las operaciones de la mente —la intuición y la deducción— se realicen adecuadamente. Para ser capaces de ello, es necesario eliminar falsas opiniones y comenzar de nuevo desde los fundamentos: es decir, la duda metódica.
Duda metódica: dos niveles
Descartes divide esta duda en dos niveles:
- Primer nivel de duda: se basa en la falibilidad de los sentidos. Descartes opinaba que los sentidos a veces engañan, por lo que todo saber que provenga únicamente de la experiencia inmediata carece de fundamento absoluto.
- Segundo nivel de duda (hiperbólica): se basa en la hipótesis de un Dios engañador. Pensaba que podría existir un ser capaz de engañar incluso en las cosas que parecen absolutamente evidentes, lo que conduce a la conclusión de que no existe ninguna verdad de la que no se pueda dudar.
Sin embargo, al llevar la duda hasta sus últimas consecuencias, Descartes advierte que, mientras duda, está pensando, y que mientras piensa, está existiendo; por ello afirmó "pienso, luego existo" (cogito ergo sum).
Ideas y principio de causalidad
Descartes decide demostrar que no existe un Dios engañador. Para ello examina la mente y encuentra representaciones o imágenes de cosas a las que denomina ideas. Las ideas pueden ser:
- Innatas: si nacemos con ellas.
- Adventicias: si proceden del exterior.
- Facticias: si son inventadas por la imaginación.
Para conocer el origen de las ideas se basa en el principio de causalidad, y presenta dos argumentos principales:
- El primero se apoya en la idea de un ser perfecto: como Descartes se considera imperfecto, no puede ser la causa de la idea de perfección que posee. Según el principio de causalidad, todo efecto perfecto debe proceder de una causa al menos igual de perfecta; esa causa es Dios.
- El segundo argumento concluye que, siendo él imperfecto, no puede existir por sí mismo sin depender de un ser perfecto, es decir, de Dios.
Como Dios es perfecto, no es engañador. La certeza de la existencia de Dios permite a Descartes aplicar universalmente un criterio de verdad: si la luz natural (la razón) nos revela algo con claridad y distinción y Dios, siendo perfecto, no nos engaña, entonces podemos confiar en esas verdades evidentes.
Conclusión
El método cartesiano combina la purificación inicial mediante la duda metódica con reglas claras de investigación y el examen de las ideas mediante el principio de causalidad. De este modo, Descartes intenta asegurar un conocimiento cierto y fundado sobre la existencia del yo pensante y sobre la garantía metafísica que ofrece la existencia de un Dios no engañador.