Descartes y la Demostración de la Existencia de Dios: Fundamento de la Verdad Cartesiana
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El Tema de Dios (Páginas 52-56)
Argumentos para la Demostración de la Existencia de Dios
Descartes presenta tres argumentos fundamentales para demostrar la existencia de Dios:
A) El Argumento de la Causalidad Aplicada a la Idea de Infinito
Este argumento se basa en dos pilares:
- La Teoría de la Realidad Objetiva de las Ideas: Esta teoría (aplicada a las ideas innatas) establece que la realidad objetiva de una idea es su contenido representativo o contenido objetivo, la imagen que representa algo. [Debe haber algo que sea la primera causa de todo].
- El Principio de Causalidad Proporcional: Basado en la proposición “de la nada, nada viene” (ex nihilo nihil fit), se sostiene que toda idea, como realidad objetiva o representación de una cosa, debe tener una causa real que sea proporcional a la idea.
La idea de un ser infinito no puede haber sido causada por mí mismo, puesto que yo soy un ser finito. Por lo tanto, debe haber sido causada por un ser cuya realidad formal sea proporcional a la idea, es decir, por un ser infinito: Dios.
B) El Argumento de Dios como Causa de mi Ser
Este argumento utiliza la Teoría de la Realidad Objetiva y la Realidad Formal de las ideas, aceptando que no puede haber más realidad en el efecto que en la causa. El razonamiento es el siguiente:
- En mi mente existe una idea de perfección infinita.
- Si yo fuese la causa de la realidad objetiva de la idea de perfección, mi realidad formal o en acto debería ser proporcional a esa idea.
- Dado que poseo la idea de perfección, pero no poseo la perfección que pudiera ser su causa, yo no puedo ser la causa de esa idea ni de mi propio ser.
De esto se desprende que la causa de mi idea de perfección es alguien tan perfecto como la idea que yo poseo, y que la ha puesto en mí. Este ser solo puede ser Dios.
C) El Argumento Ontológico
Formulado originalmente por San Anselmo de Canterbury en el siglo XI, fue rechazado por Santo Tomás de Aquino, retomado por Descartes, vuelto a rechazar por Kant, y defendido por Hegel.
Esta prueba de la existencia de Dios parte de la idea misma de Dios. San Anselmo lo formula así: Todos los hombres tienen una idea de Dios, entendiendo que es el mayor ser que puede pensarse. Un ser como Dios debe existir no solo en nuestro pensamiento sino también en la realidad.
Críticas al Argumento Ontológico
Este argumento fue criticado por Gaunilón (coetáneo de San Anselmo), quien afirmó que existe una separación entre el orden del pensamiento y el de la realidad. Gaunilón ejemplificó: “Alguien puede pensar en las islas más bellas que puedan pensarse y, sin embargo, esas islas no tienen por qué existir.”
San Anselmo intentó evadir esta crítica distinguiendo algunas características de Dios (inmaterialidad, necesidad, etc.), pero al hacerlo, invalidaba su pretensión inicial de partir de la idea de Dios que todos los hombres tienen.
Descartes debe recurrir a este tipo de demostraciones porque, hasta el presente, solo tiene seguridad de la existencia del yo como ser pensante (*cogito*).
Dios: Garantía de la Verdad
Una vez demostrada la existencia de Dios y reconocida su naturaleza como la suma de todas las perfecciones, puede afirmarse su bondad y veracidad, y proceder a rechazar la hipótesis del genio maligno. El deseo de engañar es una muestra de imperfección y, por consiguiente, este deseo no puede darse en Dios.
¿Por qué una idea clara y distinta es verdadera?
Dios es el autor de todo lo que está en nosotros. Es nuestro creador y, por lo tanto, la garantía de la verdad. Las ideas innatas, las verdades eternas de las matemáticas y la lógica, etc., son creaciones divinas y están en nosotros porque Él las ha puesto. Si se nos presentan con total claridad y distinción, son verdaderas. Pero esta verdad no se fundamenta en la garantía del pensamiento, que es falible, sino en Dios, que no puede errar ni engañarnos.
¿Por qué no puede engañarnos Dios?
Dios es infinito, eterno, inmutable, conocimiento y poder absoluto; es decir, un ser perfecto. Un ser perfecto no puede inducir al error porque el error es una imperfección. La perfección de Dios, pues, es el origen y la garantía de todo conocimiento verdadero.
La perfección es bondad, y el inducir al error es algo que repugna a la bondad infinita de Dios. De la perfección no puede derivarse una imperfección. Por eso, la causa del error solo podemos ser nosotros, seres imperfectos.
En suma, la primera regla del método y su criterio de verdad solo tienen validez por la existencia de Dios. En el sistema cartesiano, el criterio de verdad está garantizado por Dios. Así, todas las ideas que percibamos clara y distintamente son verdaderas.