El Desastre del 98: Crisis Colonial Española y sus Consecuencias

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En los últimos años del siglo XIX, España afrontó la pérdida de sus últimas colonias. El suceso impactó a gran parte de la sociedad española y produjo una grave crisis moral en los más lúcidos de sus componentes. Aunque el sistema político y social de la Restauración siguió más o menos estable durante dos décadas del siglo XX, sus fisuras, cada vez más importantes, lo harían ya definitivamente inviable.

La Paz de París (1898) puso fin a la guerra entre España, potencia colonial, y Estados Unidos, que prestaba su apoyo a los cubanos en su lucha por la independencia. Cuba y Puerto Rico eran las únicas colonias que España poseía desde que, en 1824, se hubieran emancipado el resto de sus territorios americanos. Cuba era la principal exportadora mundial de azúcar y también gran productora de café y de tabaco. España controlaba el comercio de la isla y, aunque permitía que vendiera libremente, no permitía que entraran en la isla productos que no fueran españoles sin pagar tasas arancelarias. Las primeras demandas cubanas apostaban, en un principio, por un sistema autonómico que representara los intereses de los criollos. Los criollos eran hacendados blancos descendientes de españoles, pero nacidos ya en la isla, y que poseían gran parte de los ingenios, denominación local de las explotaciones agrícolas de azúcar. Demandaban representación en las Cortes, participación en el gobierno de la isla, abolición de la esclavitud y libertad de comercio. Estos intereses se oponían a los de los grandes propietarios españoles, los negreros, el gobierno español en la colonia y los grandes comerciantes españoles.

Las posturas se fueron radicalizando: de las demandas autonómicas se pasó abiertamente a las independentistas, hasta que, con la entrada en el conflicto a favor de los cubanos de una nueva potencia colonial, los Estados Unidos, España acabó cediéndole la isla.

El Tratado de París señaló el final del conflicto, en el que pueden señalarse las siguientes fases:

  1. La Guerra de los Diez Años (1868-78)

    Los criollos demandaban autonomía, libertad de comercio y fin de la esclavitud, con lo que su protesta contó con el apoyo popular de los cubanos. No fue hasta 1878, ya en el reinado de Alfonso XII, cuando se logró militarmente el final del conflicto, con la Paz de Zanjón. Se prometió a los cubanos reformas políticas y administrativas, tener representantes en las Cortes y la abolición de la esclavitud, que no se declararía hasta 1888.

  2. La Guerra Chiquita (1879)

    El retraso o incumplimiento de los acuerdos de la Paz de Zanjón provocó de nuevo otra sublevación cubana que fue nuevamente sofocada al cabo de unos meses.

  3. La gran insurrección (1895-98)

    Desde 1890 el independentismo había ido ganando terreno al autonomismo. En 1893 José Martí había fundado el Partido Revolucionario Cubano que, declaradamente independentista, agrupó a todos los caudillos vencidos en la Paz de Zanjón al tiempo que buscó apoyos exteriores, preferentemente en Estados Unidos. Este país se mostraba muy molesto con el gobierno español, entre otras cosas porque el gobierno de Cánovas había elevado las tarifas arancelarias para los productos no españoles que se vendieran en la isla. Por estos años, Estados Unidos compraba el 88% de las exportaciones cubanas y no vendía a la isla más del 32% de sus importaciones puesto que los productos americanos no podían competir con los españoles, libres de tasas arancelarias.

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