Desastre de 1898: pérdida del imperio español y sus consecuencias sociales y económicas (1898-1930)
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El problema colonial de Cuba (siglo XIX)
El problema colonial de Cuba se remonta al siglo XIX, ligado al esclavismo y al cultivo de azúcar en grandes haciendas que enriquecían a los terratenientes. Aunque hubo levantamientos, la esclavitud se mantuvo hasta la Ley de libertad de vientres de 1870, que solo liberaba a los hijos de las esclavas, generando tensiones que desembocaron en la Guerra de los Diez Años (1868-1878).
La Paz de Zanjón prometió la abolición de la esclavitud en 1886, amnistía e instituciones autonomistas, pero su aplicación incompleta provocó frustración, visible en la Protesta de Baraguá. El descontento aumentó con el proteccionismo de 1882 y con la acción de José Martí, fundador en 1892 del Partido Revolucionario Cubano, que impulsó la independencia. El Grito de Baire (1895) inició una nueva guerra popular.
España respondió con Martínez Campos y después con Valeriano Weyler, cuya política de reconcentración causó hambrunas y epidemias. La explosión del acorazado Maine en 1898 llevó a Estados Unidos a declarar la guerra, y España fue derrotada en Cavite y Santiago de Cuba, firmando el Tratado de París (1898), por el que Cuba obtuvo la independencia y Puerto Rico y Filipinas pasaron a manos estadounidenses, marcando la pérdida definitiva del imperio ultramarino español.
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Puerto Rico: movimientos independentistas y ocupación
En Puerto Rico, el movimiento independentista comenzó con el Grito de Lares (1868), durante la llamada Revolución Gloriosa. Aunque fue reprimido, provocó reformas como su conversión en provincia, la autorización de partidos políticos y la abolición de la esclavitud en 1872. Sin embargo, en 1897 resurgió un independentismo más radical por la miseria y la desigual estructura agraria, que volvió a ser derrotado. La concesión de autonomía no evitó que, tras la guerra hispano-estadounidense de 1898, las tropas de Estados Unidos ocuparan rápidamente la isla.
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Filipinas: insurrección y pérdida del archipiélago
En Filipinas, donde la presencia española era limitada y muy ligada a órdenes religiosas, el descontento social creció en el siglo XIX. En 1892 José Rizal fundó la Liga Filipina reformista y Andrés Bonifacio el Katipunan revolucionario. La insurrección estalló en 1896 y fue reprimida por el general Camilo Polavieja, que ejecutó a Rizal.
Aunque España contuvo inicialmente la revuelta y firmó un acuerdo en 1897, la intervención estadounidense en 1898 y la derrota de Cavite supusieron la pérdida definitiva del archipiélago.
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Consecuencias del Tratado de París y del desastre del 98
Tras las derrotas de la flota española en Cuba y Filipinas, España firmó el Tratado de París (1898), por el que reconocía la independencia de Cuba y cedía a Estados Unidos Puerto Rico, Guam y Filipinas a cambio de 20 millones de dólares, mientras que en 1899 Alemania adquirió las Marianas, Palaos y Carolinas.
La pérdida del imperio, conocida como el desastre del 98, tuvo varias consecuencias:
- Política: España orientó su atención hacia el norte de África, especialmente Marruecos.
- Cultura: surgió el regeneracionismo y la Generación del 98, con autores como Joaquín Costa, Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja o Ramón María del Valle-Inclán.
- Economía: pese a la pérdida de mercados y el aumento de la deuda, la repatriación de capitales y el proteccionismo favorecieron cierto crecimiento.
- Humano: las guerras provocaron miles de muertos y cerca de 200.000 civiles fallecidos en Cuba por la reconcentración.
España a comienzos del siglo XX: demografía y sociedad
A comienzos del siglo XX, España vivió una transición demográfica marcada por el descenso de la mortalidad infantil y la mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias, lo que permitió el crecimiento de la población, pese al impacto puntual de la gripe de 1918. Al mismo tiempo, aumentaron las migraciones exteriores hacia América Latina, especialmente a Argentina y Cuba, y las migraciones interiores desde el campo hacia ciudades industriales como Barcelona, Madrid, Vizcaya o Valencia debido a la industrialización.
La sociedad continuó siendo muy desigual: una nobleza terrateniente dueña de grandes latifundios, una burguesía industrial y financiera en ascenso, unas clases medias todavía reducidas y un campesinado mayoritario, dividido entre minifundios en el norte y latifundios en el sur que generaban fuertes conflictos agrarios. El proletariado urbano sufría malas condiciones de vida y trabajo y se organizó en sindicatos como la UGT y la CNT, provocando una elevada conflictividad social.
Economía e industria (1896-1930)
En el terreno económico, entre 1896 y 1913 España se recuperó del desastre de 1898 gracias a la repatriación de capitales, inversiones europeas, creación de bancos y crecimiento industrial. La Primera Guerra Mundial, pese a la neutralidad, provocó beneficios comerciales acompañados de inflación, desigualdad y tensiones sociales.
Durante la dictadura de Primo de Rivera se aplicaron políticas proteccionistas e intervencionistas que impulsaron la industria, los monopolios estatales como CAMPSA, Telefónica e Iberia y un amplio programa de obras públicas. Tras el crack de 1929, la crisis comenzó a sentirse en los años treinta, aunque con menor intensidad que en otros países por el proteccionismo.
La agricultura creció por la ampliación de la superficie cultivada, la introducción de nuevos cultivos como el olivo, la vid y los frutales, el aumento de la ganadería y la demanda urbana y exterior, pero mantuvo problemas de escasa modernización, desigual reparto de la tierra y un excesivo peso en el PIB.
La industria avanzó de forma moderada con la siderurgia vizcaína, la persistencia del textil catalán, el desarrollo eléctrico con empresas como Hidroeléctrica Española y La Canadiense, la petrolera CAMPSA y la automovilística Hispano-Suiza, aunque con retraso tecnológico y baja productividad. El transporte mantuvo el ferrocarril como eje principal, junto al crecimiento del automóvil, los tranvías eléctricos y la navegación a vapor.
Paralelamente surgió una banca moderna con entidades como el Banco Hispano Americano, Banco de Vizcaya o Banco Urquijo, y la consolidación del Banco de España como banco central tras la Ley de Ordenación Bancaria de 1921.
Política, reformas y conflicto social (1900-1923)
En el plano político y social, los gobiernos reformistas de Antonio Maura y José Canalejas impulsaron legislación social como el Instituto Nacional de Previsión, la regulación de la huelga, la jornada laboral y la protección del trabajo femenino e infantil, pero su alcance fue limitado y el asesinato de Canalejas en 1912 frenó las reformas.
La neutralidad en la Primera Guerra Mundial enriqueció a la burguesía industrial vasca y catalana, pero redujo el poder adquisitivo obrero, desembocando en la crisis de 1917 con huelgas generales reprimidas por el ejército, detenciones de líderes como Largo Caballero y Francisco Largo Caballero (nota: se cita su liderazgo), y un clima de creciente violencia social que continuó entre 1917 y 1923.
Destacan episodios como el trienio bolchevique, la huelga de La Canadiense de 1919 que logró la jornada de ocho horas, y los asesinatos del presidente Eduardo Dato en 1921 y del anarquista Salvador Seguí en 1923. Este contexto facilitó el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, cuya dictadura combinó intervencionismo económico, corporativismo social con el Código de Trabajo de 1926 y grandes infraestructuras, pero el endeudamiento público y el impacto del crack de 1929 provocaron su dimisión y abrieron la crisis final de la monarquía de Alfonso XIII.