La Democracia como Mecanismo de Mercado: Fundamentos y Críticas del Modelo Elitista de Joseph Schumpeter

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El Modelo de Joseph Schumpeter: La Democracia como Competencia Elitista

El modelo de Joseph Schumpeter imperó desde mediados del siglo XX y sustituyó al anterior (el modelo Bentham-Mill). Se trata de una revisión actualizada del modelo Bentham-Mill y está fuertemente basado en la teoría económica.

Bases Fundamentales del Modelo Schumpeteriano

Schumpeter establece que la democracia se define por dos bases principales:

  1. La democracia no es más que un mecanismo para elegir y autorizar el gobierno.
  2. El mecanismo consiste en una competencia entre dos o más grupos autoelegidos de políticos (la élite), organizados en partidos políticos, para ver quién consigue los votos que les darán derecho a gobernar hasta las siguientes elecciones.

El Papel del Votante y la Élite Política

El papel de los votantes es elegir a los hombres que adoptarán las decisiones. Claramente, quienes compiten por ello son los políticos. La función de los ciudadanos se limita a escoger entre grupos de políticos periódicamente, en el momento de las elecciones.

Cuando los votantes eligen sus partidos, hacen constar que desean un lote de mercaderías políticas, y no otro. Los proveedores del lote que recibe más votos se convierten en los gobernantes autorizados hasta las elecciones siguientes: no pueden convertirse en tiranos porque va a haber otras elecciones.

La Eliminación del Contenido Moral

Este modelo elimina deliberadamente el contenido moral de J.S. Mill. Nada de tonterías de que la democracia es un vehículo para mejorar a la humanidad. El objeto de la democracia es tomar nota de los deseos de la gente tal y como es, no de contribuir a lo que podría ser o quizá deseara ser.

La democracia es sencillamente un mecanismo de mercado:

  • Los votantes son los consumidores.
  • Los políticos son los empresarios.

Críticas y Desafíos del Modelo Económico

Según esta visión económica, el mercado libre permite una óptima circulación de la riqueza y un buen ajuste de precios. De la democracia, en este sentido, se espera lo mismo: que los políticos, al competir por obtener el voto de los ciudadanos, ofrezcan las mejores soluciones posibles a todos los problemas.

Sin embargo, tomar el mercado como modelo de democracia puede no ser conveniente, porque el mercado libre no es necesariamente democrático. El equilibrio oferta-demanda que produce es a menudo un equilibrio de la desigualdad, y la soberanía del consumidor (cada uno compra lo que quiere) no es en absoluto algo indiscutible.

La Crisis de la Soberanía del Votante

La eficacia del modelo depende de la soberanía de los consumidores en el mercado político, es decir, de que los votantes actúen con plena libertad a la hora de votar. Esta situación, sin embargo, se fue haciendo dudosa en la medida en que se comprendió cómo la publicidad afectaba a la mente. Por otra parte, uno nunca vota lo que quiere, sino algo de lo que le ofrecen.

La capacidad que tiene el ciudadano de configurar la oferta es muy pequeña; es un asunto en manos de grandes grupos de poder. Por eso, con la crisis de la idea de soberanía del consumidor/votante, entra en crisis este último modelo de democracia.

Fomento de la Apatía Política

Pero es que, además, este modelo no solo favorece la apatía (dejadez) política, sino que la necesita para funcionar. Si los desencantados de la democracia acudieran a votar, el sistema se volvería inestable. Este modelo de democracia tiene el efecto de reducir la participación del ciudadano en política a votar cada cuatro años, dejando la política en manos de los partidos, en los que el ciudadano no tiene participación.

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