David Hume: Vida, Pensamiento y Emotivismo Moral

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David Hume: Vida y Contexto Histórico

David Hume nació en Edimburgo (1711-1776), en el seno de una familia emparentada con la aristocracia. Estudió leyes en la Universidad de Edimburgo por voluntad de su familia, pero su falta de interés determinó que abandonara la carrera. Es el autor de la obra fundamental Tratado de la naturaleza humana.

Hume vivió en la época de la Ilustración, el «siglo de las luces», periodo en el que destaca la idea de progreso de la humanidad y el desarrollo del saber. Durante este tiempo, se produjo la transición del absolutismo monárquico a la monarquía parlamentaria y tuvo lugar la Revolución Industrial, un gran cambio en Inglaterra que influiría en toda Europa.

Se le ha considerado uno de los máximos representantes del llamado empirismo inglés; su crítica del conocimiento ejerció sobre Kant una decisiva y reconocida influencia. Entre otros filósofos empiristas de la época, destacaba John Locke.

La Ética y el Emotivismo Moral

Además de su epistemología, Hume nos desvela su ética, estrechamente relacionada con el emotivismo moral, corriente de la cual es su principal representante.

Crítica al Racionalismo Moral

Su teoría ética rechaza que la razón sea el fundamento de la vida moral, argumentando que esta se ocupa exclusivamente del conocimiento. El racionalismo moral carece de base, ya que incurre en el error de confundir el ámbito de la filosofía teórica con el de la práctica; a este error se le denomina falacia naturalista:

  • Filosofía teórica: Se ocupa del «ser».
  • Filosofía práctica: Se ocupa del «deber ser».

El conocimiento, por sí solo, no nos indica si nuestras acciones son correctas o incorrectas.

El papel de las pasiones y los sentimientos

Hume expone que son las emociones las que nos guían hacia lo que es correcto y lo que no. Además, consideró que las valoraciones morales dependen del placer o del dolor que determinadas acciones despiertan en el ser humano:

  • El bien: Se asocia con una sensación placentera.
  • El mal: Se asocia con una sensación dolorosa o contraria al placer.

Las pasiones, y no la razón, conducen a formar la conciencia moral. Hume distingue entre:

  • Placeres hedonistas: Aquellos en los cuales se experimenta un placer físico (por ejemplo, un baño de agua caliente).
  • Placeres altruistas: Sentimientos experimentados al observar actos de valentía o sacrificio por los demás.
Conclusión

En conclusión, la ética de Hume expone el emotivismo moral, que fundamenta el acto moral en el sentimiento, rechazando la razón o la felicidad como fundamentos únicos de la moralidad. Lo bueno y lo malo no proceden de la razón, sino que dependen exclusivamente del sentimiento.

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