David Hume: El Empirismo Radical y su Crítica a la Sustancia, el Yo y Dios

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La Crítica de David Hume a los Conceptos Metafísicos Fundamentales

La filosofía de David Hume, figura central del empirismo británico, desafió profundamente las nociones tradicionales sobre la realidad, el conocimiento y la existencia. A través de su rigurosa metodología empírica, Hume cuestionó conceptos fundamentales como la sustancia, el yo y Dios, argumentando que carecían de una base empírica sólida y eran, en gran medida, productos de la imaginación o la costumbre.

1. La Crítica de Hume al Concepto de Sustancia

Tradicionalmente, la filosofía había distinguido entre dos tipos de cualidades de los objetos:

  • Cualidades Secundarias: Se suponía que estas cualidades (como el color, el sabor o el sonido) no pertenecían intrínsecamente a los objetos, sino que eran subjetivas, dependientes de los sentidos del sujeto que las percibía. Por tanto, no permitían conocer las propiedades reales de los objetos.
  • Cualidades Primarias y la Sustancia: Se pensaba que debían existir unas cualidades primarias de los objetos (como la extensión, la figura o el movimiento) que servían de soporte a las secundarias. Estas cualidades primarias permanecían inalterables a pesar de los cambios experimentados por el objeto y constituían su sustancia. Eran consideradas la esencia de los objetos, las características que no podríamos eliminar sin que la cosa dejara de existir.

La Perspectiva Empírica de Hume sobre la Sustancia

Hume argumenta que si lo único que podemos conocer de los objetos son sus cualidades secundarias (es decir, nuestras impresiones sensibles), entonces al hablar de "objetos" nos referimos a la suma de estas cualidades percibidas. Cuando se introduce la idea de sustancia como algo que subyace a dichas cualidades, pero que no podemos percibir de ningún modo, estamos utilizando la palabra sin sentido. La idea de sustancia no es copia de ninguna impresión; es, en realidad, un producto de nuestra imaginación.

Según Hume, no podemos demostrar la existencia de una realidad física independiente de nuestras impresiones; tan solo podemos imaginarla o creer en ella. Nuestra experiencia se limita a las percepciones, y cualquier afirmación sobre una "sustancia" más allá de estas percepciones carece de fundamento empírico.

2. La Crítica de Hume al Concepto del Yo

Los racionalistas y muchos empiristas anteriores consideraban indudable la existencia de un yo o sustancia pensante. Su existencia parecía evidente porque, aunque podíamos dudar de todos los contenidos de nuestros pensamientos, no podíamos dudar de que pensábamos ni de que existíamos como sujetos pensantes.

El Yo como Haz de Percepciones

Hume, sin embargo, cree que el yo no existe como una entidad inmutable. Argumenta que no tenemos ninguna experiencia de algo que se mantenga invariable en nosotros mismos a lo largo de toda nuestra vida. Por el contrario, nuestras impresiones e ideas no dejan de cambiar con el paso del tiempo. Para Hume, el yo no es más que la suma de nuestras percepciones presentes y pasadas.

Aunque creemos en la existencia de un yo persistente a pesar del cambio constante de nuestras percepciones, esto se debe a que nuestra imaginación crea una conexión y una continuidad entre nuestras percepciones pasadas y presentes. No obstante, no hay ningún soporte o sustrato que se mantenga invariable subyacente a nuestras percepciones.

3. La Crítica de Hume al Concepto de Dios

Hume considera inválidas todas las demostraciones tradicionales de la existencia de Dios. Su argumento principal es que de lo único que tenemos experiencia son nuestras impresiones sensibles, y de Dios no tenemos ninguna impresión directa.

Dios: Un Producto de la Imaginación, No de la Experiencia

Así, la idea de Dios parece ser un producto de nuestra imaginación, no una copia de una impresión empírica. Ello no demuestra la existencia de ningún ser real más allá de lo que podemos imaginar o concebir. Hume concluye que no sabemos si Dios existe, pero esto no significa que no podamos creer en él, pues la creencia no se fundamenta necesariamente en la demostración racional o la experiencia sensible.

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