Dante: la selva dantesca, Virgilio y el teatro isabelino — símbolos e imágenes literarias

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Selva

El yo —Dante, personaje— es a la vez un nosotros y la selva en cuya oscuridad es transparente (ilusión al pecado): ausencia de luz divina. Tres adjetivos caracterizan a la selva: salvaje, áspera y fuerte. Con ellos Dante configura a la vez un paisaje físico y un estado de desolación espiritual en el que el hombre, hundido en la oscuridad, es incapaz de encontrar una salida.

Ambiente y simbolismo

El ambiente desolado de los primeros términos admite con perfecta coherencia la presencia de las fieras y de las sombras, como también el estado del ánimo del personaje. La entrada a la selva es el ingreso al mundo de la fantasía de Dante, pero además el autor propone una reflexión acerca de la naturaleza y de la tentación.

La visión de la colina iluminada contrasta vivamente con la oscuridad que reina tanto en la selva como en el ánimo del personaje. La luz, símbolo de salvación, es el lenguaje poético de Dante, el vestido que cubre la colina.

Imágenes acuáticas y símiles

La metáfora de las aguas del lago se encadena dinámicamente con una nueva imagen marina que abarca los dos tercetos siguientes. Dante ahora es un náufrago que, habiendo logrado salvar su vida, mira, quieto, el peligro que acaba de dejar atrás; ese símil fue tomado de Virgilio, quien a su vez lo había tomado de Homero.

Este mundo de miedo, oscuridad y muerte anticipa eficazmente el clima del Infierno, donde las imágenes aterradoras se suceden unas a otras, con breves pausas que apenas permiten la distensión suficiente como para lograr un nuevo impacto.

Virgilio

Son numerosas las razones por las cuales Virgilio fue elegido por Dante como su guía. Las de índole estética quedan explicitadas en las palabras de admiración con que saluda Dante, personaje. La Edad Media vio en Virgilio a un profeta, a un taumaturgo y aun sabio.

Figura y funciones

Se lo considera el hombre dotado de virtudes excepcionales en el mundo pagano, por su amor a la paz y a la vida sencilla. Virgilio representa la razón humana, que basta para apartar al hombre del pecado y conducirlo a los umbrales del Paraíso.

Desde el punto de vista poético se ve a Dante sucesor de Virgilio, aparte de ser su padre y su guía. Las palabras finales del canto muestran a Dante siguiendo los pasos de Virgilio; poseen también un valor simbólico: Virgilio fue padre dulcísimo para él.

El autor ama al poeta Virgilio con toda la pasión que un poeta puede experimentar ante la belleza de una obra. Virgilio aparece, así, no solo como maestro en la poesía sino también como figura simbólica en la vida del personaje.

Teatro isabelino

El teatro isabelino es un término utilizado para distinguir la producción dramática desarrollada durante el reinado de la reina Isabel I. El periodo isabelino en el teatro abarcó desde 1558 hasta 1603 y es más conocido por las obras de William Shakespeare.

Características de los teatros

Los teatros de la época isabelina eran grandes edificios circulares al aire libre. Tenían una plataforma de escenario elevado en el centro con un área de foso rodeando el escenario. Los privilegiados pagaban más y se sentaban en la galería.

  • La galería se componía de varios niveles de asientos en un balcón.
  • Había una torre detrás de la galería para el almacenamiento.
  • También existía una torre detrás del escenario donde se colocaban trompetas que anunciaban el comienzo del espectáculo.

Estas características arquitectónicas y de puesta en escena influyeron decisivamente en la relación entre público y representación, la proyección de la voz, la visibilidad y el ritmo dramático de las obras.

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