Crónicas de un Mundo Olvidado: Un Viaje de Fantasía y Misterio
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Hacedor, creador, dice la leyenda.
Ecos de una Leyenda: El Misterio del Príncipe
—¡Chisssst! —susurró ella.
Bum... Bum... ¡Bum... Bum!
—Ahhh, aquí está el Príncipe —dijo el Conde.
—Hummm... ahmmm... —murmuró el Conde.
—¡Chisssst! —susurró ella, mientras una sensación lacerante se extendía en lo profundo de su conciencia.
—Un día... uno de... nosotros... te... despedazará —balbuceó.
El silencio flotó entre ellos. Balar carraspeó, captando su impaciencia. Era una voz de hombre, dura e imperiosa. Se volvió, alzó una mano y señaló al lado opuesto de la depresión. Aguardó un instante, relajándose, recuperando fuerzas; luego lo siguió. Dentro de la hendidura solo vio tinieblas.
Retratos en la Sombra
Un hombre delgado, de aspecto frágil, tenía el rostro de comadreja, con ojos oscuros demasiado grandes. Sus sienes eran grises. Su exquisita figura estaba enfundada en un sencillo vestido ondeante de lino, sin ningún adorno. Sus cabellos eran sedosos y dorados. Sus ojos gris-verde le devolvieron la mirada.
Vio un rostro de elfo, unos ojos negros y profundos. Parecía moverse como una gacela, danzando entre las rocas. Una torva sonrisa apareció en su rostro.
El Viaje a la Caverna Hexagonal
El círculo plateado de la luna se dibujó en el horizonte. Retenían la marcha cuando pasaban ante los alvéolos hexagonales. Pasaron a través de otra puerta rocosa con un emparrillado hexagonal sobre ella, y la puerta se cerró a sus espaldas. Notó peldaños bajo sus pies, que se curvaban hacia la izquierda. Los peldaños terminaron y el grupo pasó a través de otra puerta. El grupo lo siguió hacia la escalera tallada en la roca. Era como si cabalgase en una ola del tiempo.
El grupo enfiló a través de la última puerta y penetró en la caverna principal. La puerta fue sellada. Las luces fueron apagadas. Estandartes ondeaban en todos los edificios. Vieron montones de inmundicias, y las paredes destilando suciedad. Falsos pilares a lo largo de las paredes, uniéndose en ángulo agudo con un techo ligeramente arqueado, daban la ilusión de un espacio más amplio. Las sombras danzantes creaban un sutil vacío alrededor. El silencio cayó como un palpable velo en la caverna.
La Depresión Iluminada por la Luna
Los Halcones del Desierto, carroñeros como la mayor parte de los seres de aquel lugar, empezaron a girar por encima de él. El sol estaba en su cenit. Se irguió, estudiando el lugar: una amplia y profunda cavidad, con un techo abovedado que estaba fuera del alcance de la mano tendida hacia arriba. La luz se difundía sobre las accidentadas rocas, tiñendo de rosa toda la depresión. Hacía frío bajo la cornisa, un frío seco y penetrante dejado tras de sí por la noche. Señales rocosas, corroídas por el viento, se destacaban a la sombra de una estrecha cornisa.
Levantaron los ojos hacia la luz de las estrellas enmarcadas por las dos paredes rocosas. Peldaño a peldaño, las paredes rocosas se juntaron hasta casi rozarle los hombros. Los peldaños se acabaron en una estrecha garganta de unos veinte metros de ancho y fondo plano que se abría a su vez sobre la depresión, poco profunda y bañada por la luz de la luna. La belleza de aquella depresión cautivó sus sentidos.
Ecos de Batalla
Legiones salvajes cargaban en las batallas, lanzando su grito de guerra: «¡Alou! ¡Alou!»
Reluctancia. Después, vio los rostros tras aquellas manos extendidas... ojos muy abiertos y maravillados. Podía distinguir aún el estandarte verde y negro de los... ondeando. «¡Dios, qué adversario!», pensó, esquivando el fulminante ataque. En formación, con guardias a los dos flancos, los pocos soldados, los últimos residuos de sus fuerzas, castañeaban los dientes. «¡Alou!»
El Umbral del Abismo
El suelo oscuro y calcinado, como una extensa guarida de dragones, se abrió ante sus ojos luminosos.