Críticas al Estado de Bienestar: Un Recorrido por los Desafíos Económicos e Ideológicos
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Evolución de las Críticas al Estado de Bienestar: Perspectivas Económicas y Políticas
La afirmación de que en la década de 1970 se cuestionó el Estado de Bienestar desde una lógica económica, y en la de 1980 desde una óptica política y de legitimación, se debe a que en estas décadas se abordaron aspectos fundamentalmente diferentes.
Cuestionamientos Económicos en la Década de 1970
Durante la década de 1970, el debate se centró en la compatibilidad entre el funcionamiento normal de la economía de mercado y el mantenimiento del gasto y la regulación inherentes al Estado de Bienestar. Esta discusión surgió a raíz de la crisis económica mundial, paralela al aumento de los precios del petróleo. Además, la globalización desempeñó un papel predominante en esta disyuntiva, afectando a los Estados en dos cuestiones principales: la creciente importancia del mercado exterior y la opción de tipos de cambio fijos o cuasi-fijos. Ambas cuestiones limitaron significativamente la capacidad de los Estados para implementar políticas fiscales y monetarias expansivas.
Cuestionamientos Políticos e Ideológicos en la Década de 1980
Sin embargo, en la década de 1980, la percepción cambió: se consideraba que el problema residía en la existencia de un sector público excesivamente grande y poderoso, que impedía el funcionamiento adecuado del mercado económico, y en particular, del mercado laboral.
Las Críticas Ideológicas al Estado de Bienestar según Claus Offe
Según Claus Offe (1991), algunos de los cuestionamientos a la eficiencia del Estado de Bienestar tienen una base profundamente ideológica. Offe identifica estas críticas según su origen:
Críticas desde la Derecha
Las que provienen de la derecha consideran que el Estado de Bienestar genera dos tipos de desincentivación: para la inversión, debido a la carga fiscal y normativa que impone a las esferas del capital; y para el trabajo, ya que las prestaciones sociales desaniman a las personas a buscar empleo. Ambos factores combinados conducen a una dinámica de disminución del crecimiento económico.
Críticas desde la Izquierda Socialista
Las que provienen de la izquierda socialista, aunque no niegan los avances logrados para la clase trabajadora, critican sus fundamentos, considerando que el Estado de Bienestar es ineficaz e ineficiente. Argumentan que no logra niveles de igualdad sustanciales entre clases sociales y no elimina las causas profundas de la desigualdad, ya que actúa más sobre las consecuencias que sobre las raíces de los problemas. Esto implica un control social del "orden moral" individual. Además, lo ven como un controlador político-ideológico, pues el Estado de Bienestar genera la falsa apariencia de dos esferas separadas en la vida de la clase trabajadora: la del trabajo y la economía, por un lado; y la del Estado y la ciudadanía, por otro. Esta dicotomía pervierte la idea global de una sociedad transformable. La interrelación de estos tres factores —ineficiencia, ineficacia y represión— convierte al Estado de Bienestar en un instrumento para la estabilidad, no para la transformación social.