Crítica Nietzscheana a los Conceptos Metafísicos y la Ilusión del Lenguaje

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Los “conceptos supremos” y el concepto “Dios”

Friedrich Nietzsche resume su oposición radical a toda la filosofía occidental mediante otra de sus críticas a los conceptos metafísicos. Esta crítica se basa también en lo que nos muestran los sentidos y en la estructura del lenguaje.

La Confusión entre lo Último y lo Primero

Según Nietzsche, un rasgo importante de este error filosófico ha sido: “confundir lo último con lo primero”.

Nietzsche acusa aquí a los filósofos de creer que lo último que “descubrieron” mediante la razón —las ideas o conceptos metafísicos— eran lo primero, lo verdadero o lo real, y, por tanto, el origen o la causa de todas las cosas del mundo material. Nietzsche piensa todo lo contrario:

  • Los conceptos metafísicos son lo último que los filósofos “inventaron”.
  • Para llegar a conocer el mundo, debemos partir de nuestra experiencia sensible, de lo que nos muestran los sentidos.

De esta manera, los conceptos metafísicos de “esencia o sustancia”, “causa”, “bien”, “verdad”, “perfección”, “alma” y “Dios” son ficciones que los filósofos inventaron a partir de su conocimiento del mundo a través de los sentidos.

El Origen del Error en el Lenguaje

Nietzsche cree que el origen de todos los errores de la metafísica se encontraría en los malentendidos producidos por el lenguaje.

La Influencia de la Gramática

La mayoría de las frases de cualquier lengua están compuestas por un sujeto y un predicado, y esto hace que interpretemos el mundo como un conjunto de cosas que poseen propiedades. De acuerdo con la idea que surge con Parménides, Sócrates y Platón —de que lo real es lo eterno e inmutable y no lo que cambia—, se dice que:

  1. Las propiedades que cambian no tienen importancia.
  2. Las que permanecen en los objetos son sus características esenciales, forman parte de su esencia o de su sustancia.

Ahora bien, según Nietzsche, hemos cometido un grave error que ha consistido en confundir las estructuras gramaticales del lenguaje con la realidad misma; el error de creer que por el hecho de que podamos hablar de una cosa esa cosa tiene que existir. Lo que los sentidos nos muestran es que no hay nada que permanezca invariable en las cosas, sino que todo se transforma continuamente.

La Falsedad de los Conceptos Universales

Además, los filósofos siempre han pensado que, como el lenguaje nos sirve para hablar de cosas distintas utilizando una misma palabra o concepto, cuando creemos que esas cosas tienen algo en común, suponemos que tienen que existir realmente las cosas a las que se refieren los “conceptos universales” que Platón llamó “ideas” e incluso separó de las cosas, como si fuera posible la existencia de algo más allá de este mundo material en el que cada cosa es única.

Es el lenguaje lo que nos lleva a creer en la existencia de los conceptos metafísicos, que no son más que palabras. Pues, todo lo que existe es múltiple, diverso, diferente, y la identidad, tan solo una idea ficticia de nuestra mente a la que no le corresponde nada en el mundo.

La Crítica al Concepto de Dios

Por otro lado, Nietzsche no solo critica los conceptos metafísicos en general, sino que le interesa criticar el concepto de Dios porque lo considera el más falso de todos por ser también el más abstracto, el más alejado de la realidad, de la sensibilidad.

Tras inventar los conceptos metafísicos de “esencia”, “causa”, “bien”, etc., para explicar el mundo, los filósofos buscarían un ser que tuviese todas las perfecciones posibles, que fuese “causa de sí mismo” y, al mismo tiempo, fuera la “primera causa” o el origen de todo lo que existe.

La Causa como Proyección Humana

Nietzsche cree que el concepto de causa es producto de nuestra imaginación, puesto que consiste en entender la naturaleza como si dependiese de una voluntad. Según Nietzsche, los filósofos siguen considerando la naturaleza como un cosmos ordenado y no como un caos, como si fuese posible encontrar un responsable (causa) de todo lo que ocurre (efecto) en el mundo, e incluso de su origen. Pero esta comprensión del mundo es “humana, demasiado humana” como para que creamos que está basada en la realidad. Y, al igual que las antiguas explicaciones míticas, seguimos buscando un responsable, una causa –o un dios– que no existe detrás de todos los fenómenos.

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