La Crítica de Nietzsche a la Civilización Occidental: Moral, Metafísica y la Muerte de Dios
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La crítica de Nietzsche a la civilización occidental
La filosofía de Nietzsche es un rechazo radical de la cultura occidental.
La crítica de la metafísica
Nietzsche pensaba que, a partir de Sócrates, la percepción trágica de la vida fue sustituida por el predominio de la razón. La racionalización de lo vital supuso la traición a la vida terrenal. La razón aprisiona y detiene el torrente de la vida. Incapaz de intentar entenderla, la razón se rebela y reniega de ella.
Nietzsche sostiene que la realidad es puro devenir que desborda a la razón. Los instintos son los únicos capaces de manifestar el impulso expansivo de la vida y desvelar el verdadero fondo de la existencia.
La crítica de la moral
La crítica de Nietzsche a la metafísica tiene su raíz en la crítica que realiza a la moral, puesto que el origen de los conceptos de la metafísica es el rencor retorcido de la voluntad débil, que se venga de la vida a través de su inversión de los genuinos valores del mundo terrenal.
La transvaloración es la dinámica de la inversión de los valores: aquello que antes era bueno pasó a ser considerado malo por los «traidores de la vida». En Homero, la virtud equivalía a la excelencia: ser fuerte, rico, bello y poderoso. Bueno era ser aristócrata y triunfar en las batallas. Malo era ser humilde y pobre.
Pero a partir de Sócrates, el concepto de virtud se relacionó con la salud del alma y el comportamiento conforme a la razón. A través del cristianismo se divulgó el castigo eterno para los malvados y la salvación eterna para los buenos, pero con un significado que invierte el original; ahora los buenos son los débiles y los enfermos, y los malvados son los fuertes y poderosos.
Según Nietzsche, este cambio es una reacción vengativa del débil frente al fuerte. En cambio, la moral genuina no es reactiva; se limita a afirmarse a sí misma sin ocuparse del otro. Pero la espontánea expansión del poder del fuerte es maliciosamente interpretada desde el resentimiento del débil.
En la moral aristócrata originaria, lo malo y lo bueno eran opuestos. El bueno ignora o desprecia al malo, pero no lo odia. Sin embargo, en la moral nacida del resentimiento, el valor negativo pasa a ser «malvado» y no basta con ignorarlo, hay que aniquilarlo.
Nietzsche contrapuso la moral de esclavos a la moral de señores. La ética entendida como la defensa de la igualdad de todos se llama moral de esclavos. Su rencor proviene de la debilidad. Los poderosos, guiados por la moral de los señores, simplemente son poderosos. Así, el fuerte no se ocupa del débil, actúa con el poderío que tiene.
La muerte de Dios y el nihilismo
Nietzsche empleó el término nihilismo para referirse a la decadencia de los valores de la civilización occidental. Esta decadencia se corresponde con la «muerte de Dios», con la eliminación del fundamento de aquellos valores. Con la frase «Dios ha muerto», Nietzsche quiere decir que el ser supremo carece de sentido y que el hombre contemporáneo ha dejado de creer en Dios.
El hombre contemporáneo ha dejado de creer en Dios, que ahora es considerado una creación humana (como un juguete que deja de serlo porque el niño ya no juega). Sin embargo, la humanidad carece de coraje para aceptar las consecuencias del ateísmo.
Las doctrinas filosóficas y políticas en la Edad Contemporánea padecen de una gran inconsecuencia que manifiesta la hipocresía del «último hombre». Mientras que nadie cree ya en Dios, el humanismo ilustrado mantiene los valores que se derivan de la existencia de Dios. El nihilismo tiene dos sentidos:
Sentido negativo: La constatación de que los valores del hombre civilizado hasta el momento no valen nada. El nihilismo significa, por tanto, la decadencia de la civilización occidental.
Sentido positivo: Es la condición para crear valores nuevos, una vez reconocido, hasta sus últimas consecuencias, el vacío de los valores decadentes.