Crisis y Transformación del Sistema Político de la Restauración Española (1874-1902)
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El Funcionamiento y Quiebre del Sistema Político de la Restauración
El funcionamiento del sistema político de la Restauración se mantuvo estable y sin fisuras hasta finales del siglo XIX, incluida la crisis sucesoria tras la muerte de Alfonso XII en 1885 (Pacto de El Pardo). Sin embargo, los problemas suscitados en la década de los 90, que culminarán en el “Desastre del 98”, abrirán la caja de los “males de la patria” y suscitarán la demanda social de la regeneración del país.
La Oposición al Régimen Bipartidista
Durante la Restauración, los republicanos, carlistas, socialistas y nacionalistas quedaron relegados a la oposición dentro del juego político y nunca consiguieron obtener un número suficiente de diputados para formar gobierno o constituir una minoría parlamentaria influyente.
El Republicanismo
Pese al descrédito de la Primera República, la opción republicana fue la oposición parlamentaria más importante al régimen de la Restauración, con un apoyo significativo entre los sectores sociales contrarios a la monarquía y partidarios del reformismo social y político. Los republicanos se hallaban fuertemente divididos en diversas tendencias:
- Unitarios
- Federalistas
- Cantonalistas
Esta división en partidos políticos les restaba eficacia y apoyo electoral. Desde 1890 formaron alianzas electorales, como la Unión Republicana, con mejores resultados, si bien la aparición del PSOE les restó apoyos.
El Carlismo Reorganizado
El carlismo, tras la derrota militar de 1876, se reorganizó como partido político y comenzó a tomar parte en las elecciones (Juan Vázquez de Mella, Acta de Loredán, 1897) aceptando el régimen liberal, pero defendiendo:
- La unidad católica.
- El autoritarismo.
- El fuerismo.
- La oposición al sistema democrático.
Fundaron una milicia social denominada Requeté. En sus feudos territoriales tradicionales (provincias vascas, Navarra, Cataluña) sufrieron la competencia de los católicos integristas y de los nacionalistas.
El Surgimiento de los Regionalismos y Nacionalismos
La construcción del estado liberal centralista trajo, como respuesta política, la aparición de los regionalismos y nacionalismos, especialmente en Cataluña y País Vasco, y en menor medida en Galicia, Valencia, Andalucía y Aragón. Sus reivindicaciones fueron ignoradas por el gobierno central.
Cataluña
El nacionalismo catalán surge desde 1830, vinculado a la Renaixença (movimiento cultural), y su arraigo entre la burguesía catalana impulsó la evolución del catalanismo hacia reivindicaciones políticas de autogobierno a finales del siglo XIX (Bases de Manresa, 1892). La Lliga Regionalista (Prat de la Riba y Francesc Cambó, 1901) se convirtió en fuerza política hegemónica en Cataluña hasta 1923.
País Vasco
El nacionalismo vasco se vinculó a la reivindicación de los fueros (abolidos tras la Tercera Guerra Carlista en 1876) y a la defensa de la lengua y cultura vasca frente a los cambios sociales, económicos y culturales provocados por la industrialización y la llegada masiva de inmigrantes (maketos). Sabino Arana fundó en 1895 el Partido Nacionalista Vasco (PNV) bajo el lema “Dios y Ley antigua”.
El Movimiento Obrero: Socialismo y Anarquismo
El movimiento obrero se oponía frontalmente al sistema de la Restauración. Tras una etapa de clandestinidad (desde enero de 1874), el gobierno de Sagasta aprobó la Ley de Asociaciones (1881) que permitió su vuelta a la acción legal, con dos tendencias diferentes: el socialismo y el anarquismo.
El Socialismo Marxista
La difusión del socialismo marxista en España se inició en la década de 1870. Pablo Iglesias fundó en 1879 el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT). Su ideología era el marxismo revolucionario, aunque pronto desarrolló y aceptó el reformismo político aceptando las elecciones y el sistema liberal parlamentario como forma de conquistar el poder político para aplicar la dictadura del proletariado.
El Anarquismo
El anarquismo llegó a España durante el Sexenio. La Federación Regional Española (1870), asociada a la Iª Internacional, dio paso a la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE, 1881). Anselmo Lorenzo fue el “padre del anarquismo español”. Tuvo gran arraigo entre los campesinos. Hubo dos tendencias:
- La vía sindical y la huelga general como método de lucha (anarco-colectivistas).
- La vía de la violencia y la propaganda por el hecho —acción directa— (anarco-comunistas).
La primera vía dará lugar a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), el sindicato más importante de España en el primer tercio del siglo XX.
Factores de la Crisis de Fin de Siglo
Los problemas que marcan el cambio de siglo y la crisis del sistema son:
- La crisis económica, agraria e industrial (Cataluña, País Vasco, Valencia), que había agudizado la conflictividad social con continuos atentados terroristas de sectores anarquistas (asesinato de Cánovas del Castillo, en 1897).
- El incremento de las demandas regionalistas y separatistas, especialmente en Cataluña, que los gobiernos de la Restauración no supieron encauzar.
- La política exterior aislacionista que situó a España como una nación de segundo orden en el contexto internacional (política de alianzas de Bismarck).
- El debilitamiento de los partidos dinásticos (familias políticas, tensiones internas), que perdieron a sus grandes líderes (Cánovas en 1897, Sagasta en 1903).
El Desastre del 98 y la Pérdida Colonial
Tras las guerras de independencia hispanoamericanas (1810-1825), España perdió la mayor parte de su imperio colonial en América durante el reinado de Fernando VII (1814-1833). Tras la independencia de estos territorios los restos del imperio español quedaron limitados a las islas del Caribe (Cuba y Puerto Rico) y del Pacífico (Filipinas, Guam, Marianas, Palaos y Carolinas).
La política colonial española había derivado en un conflicto, principalmente en Cuba, dando lugar a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), primer intento independentista, que se cerró en falso con la Paz de Zanjón (1878).
La Guerra Hispano-Estadounidense
En 1895 se produce un nuevo levantamiento en el Caribe (Grito de Baire, José Martí), que dará inicio a la Guerra de Independencia de Cuba. En 1896 el movimiento independentista se extenderá a Filipinas (Andrés Bonifacio, José Rizal).
En ese contexto se inició también la Guerra Hispano-Estadounidense, un conflicto bélico que enfrentó a España y a los EE.UU. por la intervención del país americano a favor de los independentistas cubanos, y después de los filipinos. El casus belli fue la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana (15 de febrero de 1898), nunca aclarado. La agitación de la prensa americana llevó a la declaración de guerra a España.
Las victorias navales de Cavite en Filipinas (1 de mayo) y de Santiago de Cuba (3 de julio) acabaron con la flota española y llevaron a la firma de la Paz de París (10 de diciembre de 1898), por la cual Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam quedaban bajo tutela de EE.UU. Los últimos archipiélagos del Pacífico (Marianas, Palaos y Carolinas) fueron vendidos al Imperio Alemán mediante el tratado hispano-alemán de 1899.
El Impulso Regeneracionista
El desastre del 98 marcará el final de esta primera etapa de la Restauración, generando un clima de pesimismo generalizado que recogerá la Generación del 98, sentimiento plasmado en su pensamiento literario, filosófico y artístico, y que alimentará la idea de una profunda y necesaria regeneración política, económica, social y cultural de todos los ámbitos del país.
Para dar solución a esta sensación de desastre general las élites políticas e intelectuales del país intentaron dar respuesta en los años siguientes, en torno a la idea del llamado regeneracionismo. Esta palabra tenía diferentes significados según quién la pronunciase:
- Para los partidos dinásticos, esta idea significaba mejorar el funcionamiento y dar estabilidad al régimen liberal.
- Para los partidos regionalistas suponía cambiar el estado centralista por otro más descentralizado.
- Para los intelectuales y republicanos era necesario educar a hombres nuevos que lograran despertar a una nación dormida y apostar por un nuevo orden político y social.
La necesidad de profundos cambios políticos y sociales llevaría a un período de fuerte agitación política y social, que se desarrollaría durante la segunda etapa de la Restauración Borbónica, el reinado de Alfonso XIII (1902-1931).