Crisis política y social en Argentina: 1930-1943 y el ascenso del peronismo

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Crisis de distribución

Antes de 1930, el rápido crecimiento económico ocultaba la creciente diferencia de ingresos entre los distintos grupos sociales. Sin embargo, después de la crisis, los estratos más altos trasladaron las pérdidas a las clases bajas. La diferencia entre el desarrollo y la realidad argentina se reflejó en la situación económica entre ricos y pobres. Por eso, se puede considerar que los problemas de esta fase son un síntoma de la crisis de dependencia. Se pueden diferenciar dos momentos en esta crisis: primero, se forman frentes de lucha entre las clases sociales y aparece la lucha de clases, impulsada por la clase dirigente para mantener y aumentar su capital, y segundo, la ausencia de organización de la clase trabajadora genera inestabilidad social. Debido a la reducción de la venta de carne, los criadores experimentaron grandes pérdidas, mientras que los invernadores pudieron mantenerse. El Estado crea la Junta Nacional de Carnes (JNC), que puso de manifiesto los intereses del sistema político en esta fase. La JNC consideró suprimir las zonas de conflicto entre la clase media y alta para ayudar a la clase alta, que se veía debilitada. Para mantener esta alianza, la clase alta aplicó medidas políticas, pero siguió sin prestar atención a la clase baja, que era víctima de la recesión económica. Esta comenzó una lucha para protegerse a través de huelgas.

Crisis de participación

Entre 1930 y 1943, se vivió un periodo de participación limitada. Más allá de que la ley de voto universal, secreto y obligatorio se había establecido en 1912 y que hasta 1930 se eligieron gobiernos apoyados por una mayoría, a partir de este año se comenzó con métodos de falseamiento y manipulación en las elecciones, como el fraude electoral y prácticas antidemocráticas, que comenzaron cuando el gobierno militar de Uriburu desplazó al radicalismo del poder. Existía una tendencia a anteponer los intereses propios a los del pueblo en general, y las ambiciones de los grupos representados para mantener la supremacía de una minoría, una minoría que movilizó a sus aliados para conservarse en el poder con la Concordancia. Se habla también de una crisis de representación, ya que los intereses del pueblo no fueron bien representados por sus gobernantes. El pueblo observaba el accionar del gobierno con desconfianza debido a manejos turbios y negociados, no solo en lo político, sino también en sindicatos y organizaciones. La fuerza de los sindicatos creció entre 1930 y 1943 por la gran ocupación y por la tendencia de sus dirigentes a aceptar arreglos, lo que provocó una disminución en el número de afiliados y un desinterés general por parte de los trabajadores.

Crisis de legitimidad

La crisis de legitimidad afectó al sistema político en su núcleo. Se trata de la sumatoria de crisis en lo político. No se debió a un gobierno débil, sino a su unilateralidad, la aplicación errónea de sus recursos y su inactividad. En lugar de usarlos para servir a la sociedad en general, el Estado los usó para defender a una minoría, resultando en un gobierno ineficiente. Las prácticas autoritarias encontraron un fundamento ideológico en el fascismo europeo, planteando un modelo elitista también para Argentina. El éxito de estas ideas debilitaba el poder de los políticos que apoyaban el Estado de derecho. Se produjo un vacío ideológico y político. Se formó un gobierno con un solidarismo democrático que podría parecerse al gobierno provisional y que tuvo aspectos adelantados a las iniciativas peronistas. Un grupo minoritario procuraba mantenerse en el poder a través de métodos represivos contra sus opositores. La negligencia de un Estado que no daba lugar a una clase trabajadora y hechos como el asesinato de un senador en un debate llevaron al nombre de "Década Infame". Además, a pesar de la neutralización del golpe militar de 1930, se comenzó a notar la creciente influencia y poder de las Fuerzas Armadas.

El peronismo

La principal meta del modelo de gobierno peronista era cambiar la localización y la función social del sistema político, aunque difirió en la práctica. Los estratos bajos y altos comenzaron a chocar, y para que no terminara en una protesta peligrosa, era necesario corregir las estructuras. Esto era lo que proponía el modelo peronista. Además, quería liberar al Estado de su ligazón con los factores sociales de poder. Buscaba que el Estado fuera un mediador entre las clases y que estuviera por encima de ellas. Para esto, sus principios fueron: compromiso de solidaridad, idea del líder, principio de organización y principio de representación. El compromiso de solidaridad tenía que ver con unir a todos los ciudadanos y grupos, proponiendo una mayor comprensión por parte de las clases acomodadas y disposición. Así, generó nuevas responsabilidades para los grupos y el poder de reclamar de la clase baja. La idea de líder fue una variante del fascismo y del nacionalismo, pero aún se destacó por su capacidad de adaptación y asimilación. Perón adquirió conocimientos en su época en Europa y los aplicó en Argentina. Decía que el conductor tiene su predominio limitado, obligado a seguir a sus conducidos. Perón incentivó a la clase obrera a sindicalizarse para tener mayor control sobre ellos y poder apoyarlos. Esto es una respuesta a la crisis de participación. Quería captar la masa que se había establecido en la periferia. Para Perón, el Estado debía hacerse cargo de una serie de funciones generales, asegurándose superioridad sobre los sindicatos. Debía ser un árbitro entre estos y encaminarlos hacia objetivos nacionales comunes. Los poderes legislativo y judicial quedaron degradados a la categoría de auxiliares del Ejecutivo. No había lugar para los opositores al peronismo.

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