La Crisis de Al-Ándalus: Reinos de Taifas e Imperios Norteafricanos

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La crisis del siglo XI: reinos de taifas e imperios norteafricanos

Los reinos de taifas

La crisis política que puso fin al califato de Córdoba se inició al morir Almanzor. Sus hijos intentaron inútilmente mantener la dictadura, pero desde 1009 se sucedieron golpes palaciegos y rebeliones. Poco a poco se independizaron territorios y, en 1031, una asamblea de notables declaró extinguido el califato. Durante sesenta años, Al-Ándalus permaneció dividido en 27 estados independientes, los reinos de taifas (entre los que destacan los de Toledo, Zaragoza, Valencia y Sevilla).

Estos reinos alcanzaron cierta prosperidad económica y cultural (construcción de palacios y alcazabas, promoción de las letras y de las ciencias…), aunque su debilidad militar les impedía resistir los ataques cristianos, por lo que muchos de sus reyes garantizaban su seguridad pagándoles tributos, las parias. Sin embargo, la política de parias no frenó la expansión cristiana, y Alfonso VI, rey de Castilla, conquistó Toledo en 1085. El impacto fue enorme, pues fue la primera gran ciudad de Al-Ándalus que caía en manos cristianas y dejaba desguarnecida la zona fronteriza media. Alarmados por el peligro, los reyes taifas llamaron en su auxilio a los almorávides, grupo bereber del norte de Marruecos que había fundado un imperio caracterizado por su integrismo religioso y su afán expansionista.

Los imperios norteafricanos: almorávides y almohades

En 1086 entraba en la Península el ejército almorávide de Yusuf, derrotaba al rey Alfonso VI en la batalla de Sagrajas y frenaba el avance cristiano. Poco después, se hacía con el control de los reinos de taifas, que quedaban integrados en el imperio almorávide (excepto Valencia, bajo la autoridad de El Cid).

A mediados del siglo XII, una rebelión palaciega en Marrakech derrocó a los almorávides y dio el poder a los almohades. La nobleza andalusí aprovechó la situación para proclamar las segundas taifas. La división territorial de Al-Ándalus facilitó la expansión de los reinos cristianos. De nuevo, los andalusíes pidieron ayuda, esta vez a los almohades. Los almohades se hicieron con el control de Al-Ándalus, disolvieron las taifas y frenaron el avance de los cristianos. La superioridad almohade determinó la formación de una alianza militar entre los reyes cristianos, cuyo resultado fue el triunfo en la batalla de Las Navas de Tolosa. Esta derrota y las luchas sucesorias en el norte de África con los benimerines marcaron el comienzo del declive almohade.

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