La Crisis del 98: Causas, Desarrollo de las Guerras Coloniales y el Impacto del Desastre en España
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La Crisis del 98
1. Las Guerras Coloniales
1.1. La Política Española en Cuba
Se acabó aprobando la abolición definitiva de la esclavitud (1888) y que los cubanos tuvieran representación propia en las Cortes, ya que las propuestas de dotar a Cuba de autonomía y de un proyecto de reforma del estatuto colonial de Cuba, planteado por el gabinete liberal (1893), fueron rechazadas por las Cortes. Las tensiones entre la colonia y la metrópoli aumentaron a raíz de la oposición cubana a los fuertes aranceles proteccionistas que España imponía para dificultar el comercio con Estados Unidos, principal comprador de productos cubanos.
1.2. La Guerra de Cuba y Filipinas
En el año 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, protagonista de la revuelta independentista iniciada el 24 de febrero de 1895, conocida como El Grito de Baire. El gobierno, presidido por Cánovas, respondió enviando un ejército a Cuba, al frente del cual se hallaba Martínez Campos. La falta de éxitos militares decidió el relevo de Martínez Campos por el general Valeriano Weyler, que llegó a la isla con la voluntad de emplear métodos más contundentes que acabase con la insurrección por la fuerza.
Tras el asesinato de Cánovas (agosto de 1897), un nuevo gobierno liberal intentó a la desesperada probar la estrategia de la conciliación. Relevó a Weyler del mando y concedió a Cuba autonomía (noviembre de 1897), el sufragio universal, igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y autonomía arancelaria. Pero las reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, que contaban con el apoyo estadounidense, se negaron a aceptar el fin de las hostilidades. Coincidiendo con la insurrección cubana, se produjo también la de Filipinas.
1.3. La Intervención de Estados Unidos
En 1898, Estados Unidos se decidió a declarar la guerra a España. El pretexto fue el hundimiento, tras una explosión, de uno de sus buques de guerra, el Maine, anclado en el puerto de La Habana. El 18 de abril, los americanos intervinieron en Cuba y Filipinas, desarrollando una rápida guerra que terminó con la derrota de la escuadra española. Se firmó la Paz de París, que significó el abandono, por parte de España, de:
- Cuba
- Puerto Rico
- Las Filipinas
Estos territorios quedaron a partir de ese momento bajo influencia y dominio americano.
2. Las Consecuencias del 98
La prensa extranjera presentó a España como una nación moribunda, con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y políticos incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública española, generando el concepto de «Desastre del 98».
2.1. Repercusiones Económicas y Políticas
El sistema de la Restauración sobrevivió al «desastre». Por otro lado, los movimientos nacionalistas conocieron una notable expansión, sobre todo en el País Vasco y en Cataluña, donde la burguesía industrial comenzó a tomar conciencia de la incapacidad de los dinásticos para desarrollar una política renovadora.
2.2. El Regeneracionismo
Tras el 98 surgieron una serie de movimientos regeneracionistas que propugnaban la necesidad de dejar atrás los mitos de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población. El «desastre» dio cohesión a un grupo de intelectuales, conocido como la Generación del 98, entre los que se encontraban:
- Unamuno
- Valle Inclán
- Pío Baroja
- Azorín
Todos ellos se caracterizaron por su profundo pesimismo y su crítica frente al atraso peninsular. La derrota militar supuso también un importante cambio en la mentalidad de los militares, que se inclinaron en buena parte hacia posturas más autoritarias e intransigentes. Esto provocó el retorno del ejército a la vida política española, convencido de que la derrota había sido culpa de la ineficacia y corrupción de los políticos.
2.3. El Fracaso del Gobierno Regeneracionista
En 1899, la Reina Regente entregó su confianza a un líder conservador, Francisco Silvela, quien intentó aplicar las primeras medidas de corte regeneracionista, aunque sin éxito duradero.