Corrientes clásicas de la ética: moral, virtud y felicidad en la filosofía antigua
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Corrientes clásicas de la ética: moral, virtud y felicidad
a) Moral convencional de los sofistas (asumida)
Adoptaron posturas relativistas y escépticas. Defendían que no solo las leyes son convencionales (convenciones), sino que la moral también lo es.
La moral es convencional porque, si no, los seres humanos sabrían por naturaleza lo que es bueno y lo que es malo; además, cambia en el tiempo y según las culturas.
b) Intelectualismo moral de Sócrates
Hay que darle un uso racional a la moral.
Quien conozca el bien actuará correctamente. La moral es algo que debe conocerse y Sócrates asimila la moral a la virtud.
La virtud no es algo externo; es algo interno. Por tanto, debo dedicar toda mi vida a indagar en mi interior. Con esto podemos definir de manera universal un concepto de la moral útil para todos.
c) Éticas materiales (buscan la felicidad)
La moral se determina por sus resultados: algo es bueno si nos permite conseguir un determinado fin, que es la felicidad.
La felicidad es un bien supremo (nos llena, nos colma).
La felicidad se entiende de diferente manera; puede ser:
- por placer,
- una autorrealización,
- porque se busque el éxito,
- por dinero,
- por fama.
Para los materialistas la felicidad no puede ser universal; es hipotética e individual.
d) Eudemonismo (Aristóteles)
Presupone que el bien supremo que todos los hombres perseguimos es la felicidad.
El ser humano es feliz cuando se autorrealiza.
La única realidad del ser humano es la capacidad de pensar y razonar. (Para Aristóteles, la felicidad es vivir de la forma más racional posible).
Para Aristóteles, encontrar la felicidad se basa en el concepto de la virtud. Hay dos tipos de virtudes:
Las virtudes éticas o morales
Son el hábito de mantener nuestras emociones, sentimientos y deseos en el término medio (el punto medio justo entre dos extremos viciados).
Las virtudes dianoéticas o intelectuales
Tienen por fin la aprehensión de los principios racionales: la prudencia y la sabiduría.
e) Hedonismo (Epicuro)
Para Epicuro la felicidad consiste en el placer.
Para ser feliz hay que maximizar el placer y minimizar el dolor. Su consejo suele formularse así: No busques el placer como fin absoluto; minimiza el dolor y vendrá el placer.
Ataraxia: el estado de placer entendido como ausencia de dolor.
Epicuro distingue entre tres tipos de deseos:
- deseos naturales y necesarios,
- deseos naturales pero no necesarios,
- deseos no naturales y no necesarios (por ejemplo, egoísmo o envidia).
f) Estoicismo (Zenón)
Supone que todo está dirigido y determinado —en muchos planteamientos esto se interpreta como un orden o destino racional del cosmos—.
Debes aceptar tu destino y ser imperturbable ante él.
Nuestro objetivo es no resistirnos ante nuestro destino y, para ello, debemos autocontrolarnos y autodominarnos, eliminando las pasiones.
g) Ética utilitarista (John Stuart Mill)
Nuestra conducta debe regirse por el principio de utilidad o por el interés del mayor número.
Principio utilitarista: una acción es buena cuando produce la mayor felicidad para el mayor número de personas.
El principio básico de moralidad y de justicia es que la felicidad de los individuos debe ser compatible con la del conjunto.