La Construcción del Estado Liberal en España: De Cádiz (1812) al Derrocamiento de Isabel II (1868)
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Contexto Histórico: La Guerra de la Independencia y el Nacimiento del Liberalismo Español
El nacimiento del liberalismo español se sitúa durante la Guerra de la Independencia (1808–1814), en un contexto de ocupación por las tropas napoleónicas.
Tras el Motín de Aranjuez y las subsiguientes abdicaciones de Bayona, José I Bonaparte fue impuesto como monarca. Este hecho desencadenó una guerra nacional y civil que enfrentó a tres facciones principales: afrancesados, absolutistas y liberales.
Los liberales, organizados en Juntas locales y una Junta Central, convocaron Cortes en Cádiz en 1810. Estas Cortes, de carácter constituyente y marcadamente liberal, sentaron las bases del nuevo Estado.
La Obra de las Cortes de Cádiz
Las Cortes proclamaron principios fundamentales como la soberanía nacional, el sufragio universal masculino, la división de poderes y diversos derechos individuales. No obstante, mantuvieron la religión católica como única y oficial del Estado.
El proceso liberal fue truncado con el regreso de Fernando VII en 1814, quien abolió la Constitución mediante el Decreto de 4 de mayo, restaurando así el absolutismo monárquico.
La Constitución de Cádiz de 1812: Principios Fundamentales
La idea principal de la Constitución de 1812 fue dotar a España de un marco legal liberal basado en la soberanía nacional y la división de poderes.
Ideas Secundarias Destacadas por Artículos
- Art. 1: Define la nación española, incluyendo explícitamente a los territorios de ultramar.
- Art. 3: Afirma el principio de soberanía nacional.
- Art. 4: Reconoce derechos individuales esenciales, como la libertad civil y la propiedad privada, aunque no incluye la libertad de culto.
- Art. 12: Declara la confesionalidad católica del Estado, siendo la religión oficial y única.
- Art. 14: Establece que España es una monarquía hereditaria.
- Arts. 15–17: Detallan la división de poderes:
- Poder Legislativo (Cortes y Rey).
- Poder Ejecutivo (Rey).
- Poder Judicial (Tribunales).
- Art. 27: Define a las Cortes como las legítimas representantes de la voluntad nacional.
- Art. 258: Garantiza la uniformidad legal en todo el territorio español.
El Reinado de Isabel II (1843-1868): Alternancia y Crisis del Liberalismo Conservador
Durante el reinado de Isabel II, el poder se alternó entre las facciones de moderados y progresistas.
El Dominio Moderado y la Constitución de 1845
Los moderados, apoyados principalmente por la alta burguesía y la Iglesia, consolidaron un sistema basado en la Constitución de 1845. Este modelo se caracterizó por ser centralista, autoritario y con sufragio restringido.
El Manifiesto de Manzanares (1854) y el Bienio Progresista
La crisis política y económica de la década de 1850 desembocó en el alzamiento de Vicálvaro y la publicación del Manifiesto de Manzanares, dando inicio al Bienio Progresista (1854–1856).
Demandas del Manifiesto de Manzanares
El Manifiesto proclamaba el éxito del alzamiento y proponía una regeneración política en España. Aunque O’Donnell y Cánovas eran moderados, el texto reflejaba principios progresistas con intención de atraer amplio apoyo social. Defendía:
- El régimen representativo y la reforma electoral.
- La libertad de imprenta.
- Reformas económicas (reducción de impuestos).
- Autonomía local frente al centralismo.
- Reconocimiento de derechos laborales.
Reformas del Bienio
En este breve periodo se impulsaron reformas cruciales, destacando la Desamortización de Madoz y la promulgación de la Ley de Ferrocarriles. Sin embargo, las tensiones sociales y la oposición frontal de la Corona provocaron el fracaso y la caída del Bienio.
El Colapso del Sistema y la Revolución de 1868
Entre 1843 y 1868 se consolidaron las bases del Estado liberal español, aunque bajo un modelo centralista, autoritario y escasamente democrático. La rigidez del régimen moderado y el fracaso del Bienio Progresista impidieron la implementación de reformas profundas, lo que inevitablemente condujo al colapso del sistema.
El posterior regreso de los moderados y la persistente falta de libertades culminaron en la Revolución de 1868, que derrocó a Isabel II. Este evento simbolizó el fracaso del liberalismo conservador y la búsqueda de un modelo político más abierto y representativo para España.