La Constitución de Cádiz de 1812 y el Retorno del Absolutismo con Fernando VII
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La Constitución de Cádiz de 1812 y el Retorno del Absolutismo
La Constitución de 1812, conocida popularmente como «La Pepa», se basó en cuatro pilares fundamentales:
- Aplicación del concepto liberal de nación: Entendida como un conjunto de ciudadanos libres e iguales.
- Establecimiento de un Estado de Derecho: Declarando la igualdad ante la ley y los derechos legítimos del ciudadano, como la libertad de imprenta.
- Pactismo y diálogo: Base para la dirección y organización conjunta de la nación entre liberales y absolutistas (aunque este punto es más una aspiración o un intento de conciliación que una realidad constante).
- División de poderes:
- Poder Legislativo: Representado por las Cortes unicamerales, cuya función consiste en elaborar las leyes.
- Poder Ejecutivo: Representado por el monarca, que dirige el gobierno y tiene derecho a veto (prohibir o impedir alguna ley o actuación del Estado). El poder del rey estaba controlado por las Cortes.
- Poder Judicial: Representado por los tribunales de justicia.
La Constitución de 1812 también reconoció los derechos de la religión católica, reflejados en el artículo 12, y fijó el sistema electoral en el sufragio universal masculino e indirecto.
Las Cortes de Cádiz y las Reformas Liberales
Las Cortes de Cádiz aprobaron una serie de leyes y decretos destinados a eliminar las trabas del Antiguo Régimen y a ordenar el Estado como un régimen liberal. Se aprobaron:
- La abolición de la Inquisición.
- La supresión de los señoríos.
- La desamortización y la reforma agraria.
- La libertad de trabajo.
La Constitución de 1812, inspirada en la francesa de 1791 pero más avanzada y progresista, sirvió de ejemplo para otras constituciones europeas y americanas. Además, constituyó una fuente de inspiración para el futuro constitucional español del siglo XIX. Al ser elaborada en un ambiente de guerra, la Constitución presenta un gran optimismo hacia el nuevo régimen; sin embargo, no tuvo gran aplicación práctica inmediata debido a la situación bélica.
El Regreso de Fernando VII y la Restauración Absolutista
A finales de 1813, Napoleón decidió firmar la paz con España mediante el Tratado de Valençay, reconociendo a Fernando VII como monarca legítimo, permitiendo su vuelta al país y retirando sus tropas del territorio español. Su regreso planteó el problema de integrar al monarca en el nuevo régimen político. Inicialmente, Fernando VII, temeroso de enfrentarse a aquellos que durante seis años habían dirigido el país, mostró la voluntad de aceptar sus condiciones.
Sin embargo, los absolutistas sabían que la vuelta del monarca era su mejor oportunidad para volver al Antiguo Régimen. Se organizaron rápidamente para ofrecer al rey su apoyo incondicional para que restaurase el absolutismo, plasmado en el Manifiesto de los Persas.
Fernando VII, seguro de la debilidad del sector liberal, traicionó sus promesas. Al llegar a España, protagonizó un golpe de Estado declarando nulos y de ningún valor ni efecto la Constitución y los decretos de Cádiz, y anunció la vuelta al absolutismo.
Consecuencias: La Lucha entre Liberalismo y Absolutismo
A pesar de la vuelta al Antiguo Régimen, los principios liberales ya estaban arraigados en la sociedad española. A partir de este momento, la historia política española del siglo XIX estaría marcada por la alternancia y el conflicto entre liberales y absolutistas.