Conflictos Internacionales: Desafíos para la Paz y el Papel de la ONU

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Los Conflictos Internacionales

Otro de los graves problemas del mundo actual es el de los continuos conflictos y guerras entre diversos países y estados que no son capaces de resolver sus diferencias políticas por medios diplomáticos y pacíficos en el marco de la ONU.

Cuando en 1948 se creó la ONU en Nueva York, se consiguió imponer en toda la legislación internacional la idea de que el derecho y la diplomacia tenían que sustituir a las guerras y a la violencia como método para solucionar los conflictos. Para colaborar en esta tarea, se creó el Consejo de Seguridad, que es el organismo encargado de buscar soluciones pacíficas a todos los conflictos existentes en el mundo. Su función es la de tratar de pacificar el mundo y poner a disposición de los países en los que surjan conflictos una serie de instrumentos políticos, jurídicos y diplomáticos que eviten llegar a las armas.

Sin embargo, desde 1948 hasta hoy se han originado muchas guerras y conflictos violentos en numerosos lugares del mundo. El Consejo de Seguridad, a pesar de sus funciones, no es un organismo dotado de gran credibilidad política puesto que funciona de modo poco igualitario. En sus decisiones siempre pueden intervenir las grandes potencias para vetar aquellas resoluciones que no les resultan favorables a ellos o a sus aliados.

Esto se vio con suma claridad en el caso de la intervención militar de los Estados Unidos en Iraq en 2003, cuando no hubo acuerdo en el Consejo de Seguridad y el ejército norteamericano invadió Iraq acompañado también por fuerzas militares de otros países, entre ellos España. Mientras haya países que mantengan una posición de superioridad sobre el resto de los países del mundo, parece obvio que nunca se podrá actuar con ecuanimidad y con igualdad.

El mundo actual es un mundo globalizado en el que los conflictos regionales o internacionales afectan a todos. Los compromisos de España con el mantenimiento de la paz no pueden eludir sus responsabilidades con la comunidad internacional en el seno de la ONU. Por eso conviene poner de relieve el sentido ético de la intervención de la defensa en el ámbito internacional para garantizar el respeto de los derechos humanos fundamentales en situaciones en las que la vida y los demás derechos básicos son sistemáticamente violados.

El deber ético de la solidaridad debe impulsar a todos los estados democráticos a actuar bajo los principios que establece claramente la Carta de las Naciones Unidas en favor de la paz y para restablecer el respeto de los derechos humanos de las poblaciones que sufren la violencia. La realidad del mundo actual, en el que la violencia está presente tan a menudo, hace necesaria esa actitud.

Es preciso defender el valor supremo de la paz frente a la guerra y a la violencia teniendo en cuenta que solamente la ONU tiene legitimidad jurídica y política para enviar ejércitos de países diferentes a los escenarios del conflicto y para señalarles la tarea que han de realizar.

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