Conflictos y Poder en la Iglesia Medieval: Cismas, Cruzadas e Inquisición

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El Cisma de Oriente

Constantino creó Constantinopla, y se estableció una rivalidad entre las dos capitales del imperio porque ambas querían tener la supremacía de la Iglesia. La desaparición del Imperio Romano de Occidente y la negativa de los partidarios de Constantinopla a aceptar la supremacía de Roma, junto con las divergencias doctrinales y las diversas costumbres de los eclesiásticos, llevaron a la ruptura de la Iglesia griega con la latina. Nació así la Iglesia Ortodoxa.

El Cisma de Occidente

Los papas fijaron su residencia en Aviñón por la presión del rey Felipe el Hermoso. Después de muchas súplicas, el papa Gregorio XI regresó a Roma. Cuando murió, eligieron a Urbano VI, pero los cardenales franceses anularon la elección y eligieron a Clemente VII, que volvió a Aviñón. En el Concilio de Pisa (1409), se eligió como papa a Alejandro V. Como ninguno de los tres renunció, la Iglesia llegó a tener tres papas simultáneamente. Finalmente, en el Concilio de Constanza, se eligió a Martín V como único papa, poniendo fin al cisma.

Herejías e Inquisición

Surgieron movimientos que se propusieron renovar la Iglesia pero que fueron considerados heréticos. Entre ellos destacaron los valdenses y los cátaros.

Movimientos heréticos principales

  • Valdenses: Seguidores de Pedro Valdo, quien fue excomulgado por sus críticas al clero y a la Iglesia.
  • Cátaros: Defendían la dualidad del bien y del mal.

La respuesta de la Iglesia: La Inquisición

La Iglesia combatió las herejías empleando inicialmente el diálogo y la predicación, pero llegó a emplear los castigos físicos para los considerados "delitos de fe". Con la creación de la Inquisición, el poder civil y el religioso se pusieron de acuerdo para acabar con los herejes. Las sanciones incluían desde castigos canónicos hasta la cárcel y la condenación a morir en la hoguera. Siglos más tarde, el papa Juan Pablo II pidió perdón por estos actos.

Los Estados Pontificios

Pipino el Breve se coronó rey en el año 751 con el consentimiento del papa. A cambio, Pipino le cedió los territorios que conformarían los Estados Pontificios, con lo que el papa se convirtió también en jefe de Estado. El día de Navidad del año 800, el papa León III coronó emperador a Carlomagno, dando origen al Sacro Imperio Romano Germánico, concebido con un jefe espiritual (el papa) y otro temporal (el emperador). Carlomagno protegió a la Iglesia y se consideró a sí mismo un "funcionario de Dios".

La Querella de las Investiduras

Los reyes y señores feudales investían a su antojo a obispos, abades y párrocos. Estos cargos eclesiásticos, a menudo, debían pagar una suma de dinero (simonía) al señor que los había investido. Se investía a personas que se adaptaban a las exigencias del poder temporal, no necesariamente a las más religiosas o adecuadas. El papa Gregorio VII se propuso independizar a la Iglesia del poder imperial y prohibió las investiduras laicas. Se enfrentó con el emperador Enrique IV y lo excomulgó por negarse a cumplir sus órdenes. El emperador se presentó vestido de penitente ante el papa para que le perdonara; aunque le levantó la excomunión, el conflicto continuó y el emperador llegó a nombrar un antipapa. La querella finalizó con el Concordato de Worms firmado por el papa Calixto II.

Las Cruzadas

Como respuesta a la expansión musulmana y turca, y con el objetivo de reconquistar los Santos Lugares, los cristianos emprendieron expediciones militares. En 1095 se inició la Primera Cruzada y en 1099 se conquistó Jerusalén. Participaron todas las naciones importantes de la cristiandad, excepto España, que estaba inmersa en su propia Reconquista. Las cruzadas se llevaron a cabo por una mezcla de motivos: religiosos, económicos y políticos. Aunque en su mayoría fueron un fracaso militar, se consiguieron algunos objetivos económicos y culturales, y dieron lugar al nacimiento de las órdenes militares (como los Templarios o los Hospitalarios).

La Iglesia en la España Visigoda

En la península ibérica, los visigodos intentaron inicialmente la unificación religiosa en torno al arrianismo, llegando el rey Leovigildo a martirizar a su propio hijo, San Hermenegildo, por su conversión al catolicismo. Sin embargo, su sucesor, el rey Recaredo, se convirtió al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589), y con él, todo el pueblo visigodo, logrando la unidad religiosa del reino.

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