Conflicto Dinástico y Guerras Carlistas: El Nacimiento del Estado Liberal Español
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El Origen del Conflicto Dinástico y las Guerras Carlistas
El conflicto que marcó una época en España se originó por la cuestión sucesoria. La tradición castellana históricamente permitía reinar a las mujeres; sin embargo, la Ley Sálica, introducida por los Borbones en 1713, lo impedía. En 1830, el rey Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, un acto que anulaba la Ley Sálica y permitía heredar a su hija, Isabel. A la muerte del monarca, los partidarios de su hermano, Carlos María Isidro, no aceptaron esta decisión, lo que desencadenó un conflicto armado.
Los Bandos Enfrentados
Se configuraron dos bandos principales con ideologías contrapuestas:
1. Los Isabelinos o Cristinos
- Apoyaban a María Cristina como regente en nombre de Isabel II.
- Defendían el liberalismo, aunque estaban internamente divididos en dos facciones:
- Moderados: Representaban a la alta burguesía. Defendían un Estado centralizado y un sufragio muy restringido.
- Progresistas: Apoyados por las clases medias. Defendían mayores libertades, la creación de la Milicia Nacional y la elección democrática de los ayuntamientos.
2. Los Carlistas
- Defendían el absolutismo, la estricta defensa de la religión católica y la preservación de los fueros tradicionales.
- Su lema era: "Dios, Patria y Rey".
- Tuvieron especial apoyo en zonas rurales del País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia.
Desarrollo de la Primera Guerra Carlista (1833-1840)
La guerra fue un enfrentamiento fundamental entre el absolutismo y el liberalismo. En el bando carlista, destacó la figura del general Zumalacárregui, quien logró importantes éxitos iniciales en el País Vasco y Navarra.
Sin embargo, el conflicto se fue debilitando progresivamente. En 1839 se firmó el Convenio de Vergara entre el general liberal Espartero y el general carlista Maroto. Este acuerdo reconocía a Isabel II como reina y, a cambio, mantenía ciertos fueros. La guerra concluyó definitivamente en 1840 tras la derrota de Cabrera en el Maestrazgo. El resultado fue una grave crisis económica y una fuerte radicalización política en el país.
La Regencia de María Cristina (1833-1840): La Búsqueda del Equilibrio Liberal
Inicialmente, María Cristina se apoyó en los moderados. En 1834 se promulgó el Estatuto Real, una carta otorgada que establecía Cortes bicamerales, pero mantenía la soberanía en la Corona y un sufragio muy restringido. Este texto no reconocía claramente la soberanía nacional ni los derechos individuales, lo que generó un gran descontento entre los progresistas.
Avance Progresista Impulsado por la Crisis
En 1835, movimientos revolucionarios estallaron en varias ciudades debido a la guerra y la crisis económica. Ante esta presión, la regente recurrió a los progresistas y nombró a Mendizábal como ministro. Este impulsó la desamortización eclesiástica con dos objetivos principales:
- Sanear la Hacienda Real.
- Financiar el esfuerzo bélico.
Se suprimieron conventos y se vendieron bienes del clero, aunque los principales beneficiados fueron los grupos más acomodados.
La Constitución de 1837
En 1836, tras el pronunciamiento de los sargentos de La Granja, la regente se vio forzada a restablecer la Constitución de 1812. Posteriormente, se aprobó la Constitución de 1837, que supuso un avance significativo:
- Reconocía la soberanía nacional (aunque en la práctica se compartía con la Corona).
- Establecía un sistema bicameral.
- Recogía derechos individuales.
- Consolidaba principios progresistas como la Milicia Nacional y la elección de ayuntamientos.
La tensión entre moderados y progresistas continuó hasta que, en 1840, María Cristina dimitió y se exilió.
La Regencia de Espartero (1840-1843)
Espartero asumió la regencia con fuerte apoyo progresista y mantuvo la Constitución de 1837. Continuó con la política desamortizadora y reforzó el poder central. Sin embargo, su gobierno pronto se tornó autoritario y perdió apoyos políticos y militares.
Un punto de inflexión fue la dura represión en 1842 contra una revuelta en Barcelona, provocada por el rechazo al librecambismo, que culminó con el bombardeo de la ciudad desde Montjuïc. Esta actuación dañó gravemente su prestigio.
La oposición creció hasta que, en 1843, un pronunciamiento encabezado por el general Narváez lo obligó a exiliarse. Ese mismo año, las Cortes declararon mayor de edad a Isabel II con solo trece años, dando inicio a su reinado efectivo.