Conflicto Bélico Español: Orígenes, Desarrollo y Desenlace (1936-1939)
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La Guerra Civil Española: Causas, Desarrollo y Consecuencias (1936-1939)
Contexto Histórico y Causas del Conflicto
Desde la proclamación de la Segunda República, España experimentó un proceso de revolución democrática que amenazaba los intereses de las fuerzas dominantes: la oligarquía agraria y financiera, la Iglesia y el ejército. Para impedir este proceso, se propiciaron varias insurrecciones con el objetivo de derrocar el régimen legalmente constituido. El 18 de julio de 1936, un sector del ejército llevó a cabo un golpe militar que, al fracasar debido a la movilización popular, se convirtió en una Guerra Civil que dividió España en dos zonas enfrentadas hasta 1939.
División Territorial y Fuerzas en Conflicto
Entre el 17 y el 20 de julio de 1936, se hizo evidente el fracaso del pronunciamiento militar, evidenciando la división del ejército, el territorio y los recursos económicos. Se distinguieron dos bandos: el bando leal a la República, conocidos como "rojos", y el bando sublevado, autodenominado "nacional". Los rebeldes controlaron las zonas rurales y conservadoras como Castilla, León, Galicia, Baleares (excepto Menorca) y Navarra. La franja Cantábrica, el País Vasco (excepto Álava) y desde Cataluña hasta Málaga fueron fieles a la República. El territorio republicano contaba con los núcleos industriales y urbanos más relevantes, mientras que el bando sublevado, aunque con menos recursos industriales, controló la principal zona cerealista. Militarmente, los sublevados contaban con la mayoría de los oficiales y la mitad de los miembros del ejército.
Intervención Extranjera
En agosto de 1936, se creó en Londres el Comité de No Intervención, en el que 27 países se comprometían a no vender ni dejar pasar armas ni material bélico a España. Sin embargo, Italia, Alemania y Portugal continuaron ayudando a los rebeldes. La República se vio obligada a cerrar fronteras y embargar armas. Estados Unidos aprobó la Ley de Embargo, que impedía la exportación de material bélico a la España Republicana, pero permitía el suministro a la España sublevada, como el petróleo.
Ambos bandos solicitaron ayuda extranjera. Hitler se ofreció voluntariamente y su ayuda fue constante a lo largo de la contienda, enviada como envíos comerciales para evitar problemas políticos. La aviación alemana bloqueó los puertos republicanos. La participación italiana fue más numerosa, pero de menor importancia técnica y estratégica. A los efectivos humanos, agrupados en el Corpo di Truppe Volontarie, se sumó el soporte aéreo, naval y de equipamiento bélico.
El régimen profascista portugués también prestó ayuda logística a los sublevados, permitiéndoles comunicarse por su territorio y el desembarque de suministros en sus puertos. La Unión Soviética fue el único país que ayudó a la República con armas y alimentos, enviando material bélico, aviones, pilotos y técnicos. Esta ayuda permitió al gobierno republicano salvar Madrid y lanzar las grandes ofensivas de Teruel y del Ebro. El cierre de la frontera francesa inmovilizó gran parte de estos efectivos, que solo llegaron de forma discontinua.
Revolución Social en la Zona Republicana
En la zona republicana se desencadenó un proceso revolucionario. El poder se repartió en múltiples juntas, comités y milicias revolucionarias que suplantaron al gobierno central. En algunas zonas, el poder popular estuvo dirigido por la CNT-FAI, como en Cataluña, donde el Comité de Milicias Antifascistas relegó a la Generalitat durante unos meses. Estas organizaciones dirigieron el esfuerzo bélico a través de milicias armadas y organizaron la vida ciudadana de la retaguardia: transportes, abastecimiento y orden público. También se encargaron de la represión contra la población de derechas o católica, efectuando detenciones, registros y sentencias. Se cometieron irregularidades y excesos, destacando el anticlericalismo contra sacerdotes y edificios religiosos. Paralelamente, se llevó a cabo una revolución socioeconómica que provocó un cambio en las relaciones de producción, plasmándose en la ocupación y reparto de tierras. La colectivización del campo varió según la región. Las industrias más importantes fueron las de Valencia, Madrid, Asturias y, sobre todo, Cataluña, donde los sindicatos obreros tomaron el control de las empresas y organizaron la producción.
Gobierno de Largo Caballero y Tensiones Internas
Desbordado por el proceso revolucionario y bélico, el gobierno de Giral dimitió. Se creó un gobierno de coalición presidido por Francisco Largo Caballero, formado por socialistas, comunistas, republicanos, nacionalistas y la CNT. Sus objetivos eran acabar con la dispersión de poderes y reconstruir el Estado, manteniendo las conquistas revolucionarias para unificar y centralizar las acciones bélicas. Se suprimieron los poderes de los organismos revolucionarios y se crearon consejos provinciales y municipales, presididos por autoridades que representaban al Estado.
En el plano militar, se reorganizó el Estado Mayor del Ejército y se unificaron las milicias, constituyéndose el núcleo del Ejército Popular. Sin embargo, las diferencias entre las distintas tendencias afloraron en el seno del gobierno. Había dos concepciones divergentes sobre el proceso revolucionario: comunistas, socialistas, republicanos y nacionalistas defendían ganar primero la guerra y postergar la revolución; la CNT-FAI, los comunistas del POUM y los seguidores de Largo Caballero querían compaginar guerra y revolución con su pluralidad de poderes, convencidos de que no se podía ganar la guerra sin llevar a cabo la revolución.
Ofensiva en el Norte y Batallas Clave
Después del fracaso en el frente de Madrid, Franco optó por abandonar la zona centro y concentrar el esfuerzo bélico en el norte. En la primavera de 1937, los sublevados lanzaron una gran ofensiva sobre el País Vasco, utilizando nuevas tácticas como bombardeos de poblaciones civiles indefensas en Durango y Gernika. Tras la muerte de Mola, el general Sancho Dávila inició el ataque a Bilbao y tomó la ciudad el 19 de junio. En agosto, tropas italianas y navarras tomaron Santander. De allí pasaron a Asturias, después de una resistencia protagonizada por las milicias sindicales y obreras. Con la caída del norte, la zona republicana perdía una importante zona minera y metalúrgica para el abastecimiento de materias primas. En el verano de 1937, los republicanos lanzaron sendas ofensivas que fracasaron: la batalla de Brunete, en el centro, y la de Belchite, en Aragón.
Caída de Cataluña y Fin de la Guerra
Después de ganar la batalla del Ebro, los sublevados aumentaron los bombardeos en las principales ciudades catalanas mediante la aviación italiana. Estos bombardeos prepararon la ocupación de Cataluña, que no tuvo casi resistencia. El 15 de enero de 1939 cayó Tarragona y el 26 de enero, Barcelona. Negrín y los comunistas intentaron resistir por todos los medios en Madrid y la zona centro. Pero en febrero de 1939, Francia y el Reino Unido reconocieron al gobierno de Franco, y en Madrid estallaron enfrentamientos internos. El coronel Segismundo Casado, al mando del ejército del centro y apoyado por sectores republicanos, dio un golpe de Estado y creó una Junta de Defensa que pretendía una paz honrosa, benevolente y sin represalias, que Franco no aceptó. La Junta de Defensa ordenó finalmente el abandono de los frentes sin resistencia, y el 28 de marzo el coronel Casado entregó Madrid. El 1 de abril, Franco hizo público el comunicado del fin de la guerra sin condiciones. La Segunda República había llegado a su fin.