Concepciones filosóficas sobre Dios y el ser humano: Aristóteles, Platón, Kant, Marx y Nietzsche

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Dios

Aristóteles representa una posición extrema: considera que se puede demostrar la existencia de Dios mediante el argumento del movimiento. Elabora la primera concepción no antropomórfica de Dios, estableciendo que es un ser perfecto, inmutable, acto puro y conocimiento de sí mismo. Se trataría de un ser extramundano que mueve las esferas celestes por atracción, como causa final, aunque no interviene en absoluto ni en el mundo ni en el hombre.

Platón no habla directamente de Dios, pero afirma la existencia de un demiurgo, una especie de espíritu que construye el mundo sensible tomando como modelo las esencias del mundo inteligible. También habla del Bien en sí como realidad suprema, fuente de toda realidad y verdad. Ambas concepciones se incorporarán posteriormente a la noción filosófica y religiosa de Dios.

En el otro extremo de estas concepciones estarían Marx y Nietzsche. Marx afirma que la alienación religiosa es consecuencia de la alienación económica; Nietzsche, resumido en la expresión «Dios ha muerto», niega de forma rotunda la existencia de Dios y afirma la pérdida de vigencia de todos los valores y normas basados en la noción de Dios.

Las posiciones intermedias vienen representadas por Kant. Para Kant, Dios existe, pero admite que dicha existencia solo puede ser establecida por la razón práctica como postulado, no por la razón pura.

El hombre

La discusión sobre el ser humano sigue un esquema similar de posiciones extremas e intermedias.

Posiciones extremas

Platón representa una posición extrema: para él el hombre es un ser especial, distinto de los demás seres del mundo sensible, al estar compuesto de dos sustancias de propiedades, origen y destino diferentes: un cuerpo material, mortal, y un alma inmaterial e inmortal.

En el otro extremo estaría Nietzsche, quien afirma el origen y destino natural del hombre, como el de todos los demás seres naturales.

Posición aristotélica

Aristóteles parece sostener una concepción intermedia o similar a la naturalista al considerar al hombre como uno más de los seres naturales, al que le son aplicables las mismas teorías que a los demás seres naturales: está formado por dos principios constitutivos intrínsecos, materia y forma, que en el caso del hombre se denominan cuerpo y alma, respectivamente. A lo largo de la mayor parte de su obra, Aristóteles niega la inmortalidad del alma, aunque en De Anima parece afirmar que una parte del alma, el entendimiento agente, «es imperecedera e inmortal».

Posición kantiana

Concepciones intermedias serían de nuevo las de Kant, consecuentes con sus ideas acerca de la realidad y del conocimiento. Kant cree en la existencia de un yo permanente e inmortal, pero también afirma que dicha realidad solo puede ser captada como postulado de la razón práctica, no por la razón pura.

Resumen de posturas

  • Extremos teístas: Aristóteles y Platón plantean una realidad trascendente o un principio supremo que explica el orden y el sentido.
  • Extremos ateos: Marx y Nietzsche rechazan la validez de la idea de Dios desde perspectivas socioeconómicas y culturales.
  • Posiciones intermedias: Kant plantea límites de la razón teórica y sitúa la necesidad de Dios y del alma en la esfera de la razón práctica como postulados.
Notas terminológicas

Se mantiene en este texto el uso de términos clásicos como demiurgo, alma y De Anima para facilitar la comparación entre las distintas escuelas de pensamiento y su impacto en las concepciones religiosas y antropológicas.

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