El Cogito Ergo Sum: Fundamentos de la Certeza en Descartes
Enviado por Chuletator online y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 2,57 KB
Criterio de verdad
De la duda radical, Descartes extraerá la primera certeza absoluta: la existencia del sujeto que piensa, el pienso, luego existo. Esta verdad resiste toda duda, incluso ante la hipótesis del genio maligno; el propio hecho de dudar es prueba de su veracidad.
Todo lo que pienso puede ser falso, incluso las verdades matemáticas podrían ser errores de mi entendimiento. Pero de lo que no cabe duda alguna es del hecho de que yo dudo, de que yo pienso.
La intuición como luz natural
Para Descartes, el “cogito, ergo sum” es una verdad inmediata conocida por la intuición. La intuición es como una luz natural que hace transparente a la mente en su propio acto de entender; en ella se da una percepción inmediata de la verdad.
El cogito es la primera verdad porque posee dos características esenciales:
- Claridad
- Distinción
Es la primera verdad porque ha superado todos los momentos de la duda metódica, constituyéndose como el apoyo firme e inmóvil a partir del cual iniciar la reconstrucción de la filosofía como ciencia.
La naturaleza del sujeto pensante
A la pregunta “¿Qué soy?”, Descartes contesta: soy una cosa que piensa. Para nuestro autor, pensar es algo más que tener ideas; es:
- Entender
- Querer
- Imaginar
- Sentir
El modelo de toda verdad
El cogito es más que la primera verdad: es el modelo de toda verdad. Al ser percibido con total claridad y distinción, establece el criterio de certeza. Sin embargo, este criterio debe ser fundamentado.
La garantía divina
Descartes sabe que el pienso, luego existo es una proposición verdadera y considera que todo aquello que se perciba con claridad y distinción será verdadero. No obstante, esto debe probarse, pues la hipótesis del Genio maligno sigue siendo eficaz.
Para resolverlo, probará la existencia de un Dios bondadoso que, al ser todopoderoso y repudiar el engaño, elimina la hipótesis del genio maligno. Dios no puede consentir el engaño permanente; no es pensable que, existiendo Dios, permita que los seres humanos percibamos intelectualmente algo claro y distinto y que eso sea, precisamente, falso.
¿Cómo probar la existencia de Dios? La idea de Dios es, en sí misma, clara y distinta.